Confabulario

La noche más oscura: reseña de la novela Termush de Sven Holm

Reseña de la novela Termush del danés Sven Holm, una distopía breve y punzante que tiene como escenario un hotel-búnker para millonarios

Sven Holm, fallecido en 2019, es un narrador y dramaturgo danés. Recibió el Grand Prize of the Danish Academy (1974), la Medalla Holberg (1991) y el Danish Critics Prize for Literature (2001). Crédito: Babelio.com
21/06/2026 |01:05Benjamín Barajas |
Colaboradores Confabulario
Colaboradores Confabulario Ver perfil

Las profecías del fin del mundo son parte del imaginario colectivo en diversas culturas antiguas y modernas. En la legendaria Epopeya de Gilgamesh se cuenta la trama de un diluvio que aniquilaría a la humanidad, menos a quienes se pusieran a salvo en una embarcación; esta historia fue retomada por la Biblia (Génesis 6-9), donde aparece Noé construyendo su arca para preservar a la especie humana y la diversidad de la fauna. Siglos más tarde, Juan de Patmos, desterrado en esa isla del mar Egeo, compuso el Apocalipsis, un relato de terror que vaticina el fin de los tiempos mediante el fuego.





Sirva el contexto anterior para ocuparnos de la novela Termush (Impedimenta Narrativa, trad. Daniel Sancosmed Masiá, 2024), del autor danés Sven Holm (Copenhague, 1940-2019), narrador adscrito al “modernismo de tono kafkiano, con un estilo que refleja la inquietud existencial, la soledad y la fragilidad humana”. La obra fue publicada por primera vez en 1967, en plena Guerra Fría y después del bombardeo atómico a Hiroshima y Nagasaki, el 6 y 9 de agosto de 1945, respectivamente. De modo que las amenazas de la extinción de la vida en el planeta eran cuestiones realmente serias, acaso como lo son ahora, debido a las rivalidades de las potencias militares del orbe.

Lee también:

Club El Universal
Sven Holm. Crédito: Impedimenta

El título de la novela, Termush, es producto de un juego de palabras con términos como “Hiroshima”, “terminal”, “termo”, “termitero” (nido de termitas) y “mushroom” (hongo/nube de hongo nuclear), los cuales nos remiten a las altas temperaturas, la radiación y la creencia de que solo en los refugios subterráneos, a la manera de las termitas, algunos seres humanos podrían sobrevivir. Termush, en este sentido, se refiere al hotel-búnker, situado en una costa del Atlántico, donde se resguarda un grupo de personas adineradas, con la solvencia suficiente para disfrutar de comodidades, en un nicho exclusivo y a prueba del Armagedón circundante.

Sin embargo, muy pronto se genera un conflicto ético en el enclave, debido a que la salvación de unos pocos destruye el principio de fraternidad de la especie y socava la estructura física y moral del paraíso artificial que han comprado a una compañía de seguros. En principio, el médico de guardia ofrece apoyo a los forasteros que piden auxilio, víctimas de feroces quemaduras; luego alimenta a otros que están al borde de la inanición y es, a fin de cuentas, responsable de la contaminación radiactiva del recinto. De esta manera, la utopía se convierte en distopía, y los huéspedes millonarios, acosados por los supervivientes, huyen del santuario, protegidos por guardias armados.

Termush es una obra minimalista, breve y contundente. Está contada por un narrador testigo, anónimo, con una visión reducida de los hechos que ocurren en el interior del drama. Los huéspedes carecen de identidad propia, se mueven como un actante compacto, según la terminología de Greimas, ajenos a los sentimientos del individuo y movidos por una sola ambición colectiva.

En la obra, las polaridades son evidentes. El contrapunto se advierte entre los espacios del interior y el exterior; en las dualidades del orden y la seguridad frente al caos y la destrucción imperantes; en el gueto de los privilegiados y su enfrentamiento con la masa desvalida. Todo ello genera una atmósfera kafkiana que se evidencia en la frialdad administrativa, semejante a las burocracias de El proceso y El castillo. En este escenario, pareciera evidente que el fracaso de la élite de Termush se debe al egoísmo de un proyecto personalista, contrario a la solidaridad como medio de salvación colectiva.