Un libro de poesía es como un regreso a casa, dice José Luís Peixoto. Un poema es como una casa habitada por el presente, afirma. Con estos textos escritos durante la pandemia comprendemos que el tiempo existirá con la loca arrogancia del futuro, que siempre podremos enviarles postales a nuestros muertos, que la rutina doméstica es poco valorada, que todos somos Ulises y tenemos nuestra propia Ítaca. Ya nos esperan y llegaremos en el momento indicado: los poemas de Peixoto son el retorno al hogar y con ellos volvemos, siempre, a los caminos andados.
¿Qué tiene la poesía que suele sentírsela como hogar, casa, refugio? (“Un libro de poesía, otra vez. / Una pequeña casa, habitada / por nuestro tiempo…”).
Yo creo que en muchos aspectos la poesía es un género que concentra o condensa aspectos del acto humano de comunicación a través de la escritura. Eso tiene que ver con la economía de palabras, con la exigencia que existe en la elección de cada palabra y con ese pasado de la poesía que, aun cuando estamos delante de una poesía contemporánea y con un lenguaje de hoy día, siempre tiene ecos de esa gran tradición humana, de esa búsqueda de llegar a lo más hondo del ser humano. Creo que otro aspecto muy importante de la poesía como género es su carácter humano en un nivel amplio, que congrega a hombres, mujeres, jóvenes, ancianos, gente con distintas experiencias de vida. Por eso también creo que la poesía siempre es muy personal, incluso cuando existe una dosis de ficción, porque la ficción también está presente en todo, en nuestra comunicación, en ese acto en el que una persona —el autor— está hablando con otra —el lector—; como lectores nos sentimos como una parte de ese hilo. En toda mi escritura, poesía y prosa, la dimensión personal y autobiográfica de la experiencia siempre está muy presente, pero en la poesía lo está de una manera muy abierta y clara, y hay muchos elementos aquí que sugieren que estos textos son muy personales.
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Unido a eso también hay una idea del poema como un lugar para estar y habitar (usted habla de la posibilidad de entrar al poema, ser bienvenido en él, estar en él como dentro de un lugar físico, un cuerpo, un pequeño mundo).
.. y para que sea realmente habitado depende de la generosidad de las personas que pueden o están dispuestas a vivir en él, a buscar y encontrar lugares. Es que el poema puede ser un lugar de algún modo siempre nuevo, porque depende siempre de quién lo lee, de quién se dispone a entrar en esas palabras. Eso es muy contemporáneo y, de algún modo, un acto de resistencia, considerando que vivimos en un tiempo en el que las palabras son muy rápidas y descartables. Ante eso, la poesía es la valoración de cada palabra, mirar hacia cada palabra, cuestionarla, pensar por qué esa y no otra. Al mismo tiempo, a veces hay que buscar el sentido porque este no te asalta, sino que hay que perseguirlo. Leer poesía no es del todo pasivo; es activo y hay que poner las manos. Leer poesía es algo muy orgánico y un poco primitivo.
Hay unos cuantos poemas en los que usted habla de Ulises. ¿Por qué volvemos tanto a él y a Ítaca?
Porque son modelos universales de toda esta experiencia de la literatura y siguen teniendo sentido. Hay diversos textos literarios que los trabajan de distintas maneras e incluso las grandes narrativas populares de la cultura de masas, las películas de Hollywood también tienen comunicación con esos modelos de Ulises, de Ítaca, de ir, volver, el miedo de ir, la espera. En Regreso a casa me pareció una metáfora muy directa porque todos nos identificamos en diferentes dimensiones, más literal o más metafóricamente, con la idea de volver a casa. Ulises también es la gran metáfora de ese regreso, literal o simbólico.
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En algunos poemas, cuando usted mira hacia atrás y recuerda todo el asunto de la pandemia, define el tiempo como uno que no existe (y un futuro que "se perdió en el calendario").
Yo empecé a escribir este libro en la pandemia y ese es un aspecto muy importante para su identidad. En un momento me pareció que todo lo que estábamos viviendo era como Ulises, de cierto modo, una gran metáfora, y que la cuarentena, todos los detalles de ese tiempo podrían significar otras cosas con el pasar los años, más allá de lo que nos significaban directamente. Hoy en día me parece que esos poemas hablan de la pandemia pero también de algo más grande, más general, más presente. La manera como vivimos ese tiempo fue muy marcante; se quedará en nuestra memoria y en nuestra experiencia, y todos tenemos la esperanza de no volver a pasar por algo así.
También fue un periodo que nos hizo reflexionar…
Así es. Pero también es cierto que muchas de las promesas que se hicieron en esa época ya se olvidaron porque vivimos en un tiempo de poca memoria y eso de algún modo también es una marca de la pandemia misma. La pandemia trajo una gran cantidad de temas y de problemas sobre los que creo que, en cuanto sociedad y comunidad, no tenemos todavía una visión muy depurada ni una dimensión de cómo transcurrió nuestra vida entonces. Creo que la pandemia fue un tiempo que a todos nos pareció muy excepcional, y supongo que sí lo fue, pero al mismo tiempo en mi libro yo llamo la atención sobre los cambios enormes que están ocurriendo en nuestra vida a una velocidad supersónica que no tenemos la capacidad de aprender, de procesar. Escribí sobre eso y lo traje a la literatura, que es un tiempo completamente distinto de reflexión. Es un aporte para un poco de sanidad en esa locura en medio de la cual intentamos sobrevivir.
Me parece que pocas veces reparamos en la forma de la escritura y usted lo hace en varios poemas, hablando de los puntos y las comas que moldean un respiro, la lejanía en la letra a, la tímida tilde, y es lindo porque también le da importancia a esa forma sin la cual no existiría el fondo.
Son aspectos que a veces separamos por un poco de pereza analítica y porque la realidad del mundo no se puede separar de la forma y el contenido, que son el mismo objeto. Hay un significado en la forma y el significado tiene una forma también. Por eso estos textos se presentan delante de quien los lea como personales; sin embargo, está esto de Ulises y de la intertextualidad, porque esas dimensiones que muchas veces se pueden considerar como paradojales —o sea, una sinceridad directa y personal, y referencias intertextuales de otros libros con respecto a la forma, o lo que sea— no lo son, porque no se excluyen, hacen parte de la misma realidad, que es increíblemente compleja. Yo creo que la poesía, incluso cuando intenta ser clara, muchas veces tiene casi la obligación de afirmar que el mundo es complejo, que no es sólo de un color, sino que es múltiple.
Otra idea que atraviesa su poesía es la memoria ("un cristal entre el ahora y otro tiempo") y el recuerdo (uno que se erosiona, que lleva en pequeños sorbos y que a veces pesa como responsabilidad).
La memoria es casi todo. Incluso cuando percibimos el futuro, lo cargamos de memoria, que es nuestro entendimiento del mundo; es lo que logramos alcanzar de nuestra identidad. Lo que creemos que somos es la memoria que tenemos. Y la memoria tiene todos los elementos de un texto literario o, mejor, el texto literario tiene todos los elementos de la memoria, incluso desde un punto de vista concreto. Pienso que las cuestiones de la narrativa se aplican a la memoria: la construcción de los personajes, la creación de las atmósferas, todos los elementos de la teoría literaria son compatibles con la memoria. De algún modo todos los seres son escritores, son poetas, porque tienen memoria, porque el trabajo de esta es el mismo trabajo de la escritura y de la lectura. Por eso también creo que la memoria de toda persona, sea de quien sea, siempre es literatura que no está todavía concretada; es literatura por escribir.
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