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La creación de la Secretaría de Cultura: el terco anhelo de Rafael Tovar

La reconstrucción del origen de la Secretaría de Cultura a finales de 2015: la obsesión de Rafael Tovar y de Teresa y el impulso presidencial que la hizo posible

Rafael Tovar y de Teresa fue el fundador de la Secretaría de Cultura. En la foto, de 2015, se le ve tomando protesta ante el presidente en turno, Enrique Peña Nieto. Crédito: Presidencia/ Cuarto Oscuro
08/02/2026 |01:07Judith Amador Tello |
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A lo largo de su trayectoria como funcionario cultural, Rafael Tovar y de Teresa (1954-2016) fundó varias instituciones, pero tardó 27 años en crear la Secretaría de Cultura, sin duda el proyecto más importante de su vida.





Trabas administrativas, cambios sexenales, resistencia de trabajadores y sindicatos, opiniones en contra de estudiosos de la cultura y una lucha de poderes en las esferas políticas, fueron algunos de los obstáculos que el diplomático, abogado y escritor tuvo que librar para alcanzar ese sueño, aprobado en la Cámara de Diputados el 10 de diciembre de 2015.

No obstante que contaba con el respaldo del presidente Enrique Peña Nieto, el primer secretario de Educación Pública de ese sexenio, Emilio Chuayffet se opuso terminantemente a la idea de dar autonomía al subsector Cultura, que había estado adscrito a la SEP desde 1958, cuando Jaime Torres Bodet creó la Subsecretaría de Cultura.

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Crédito: El Universal/ GERMAN ESPINOSA

Tras una larga entrevista (publicada en Proceso el 20 de marzo de 2016), la primera y única que alcanzó a dar como fundador de la SC antes de que su salud se agravara, el también miembro del Servicio Exterior Mexicano, historiador y escritor, aprovechó que la grabadora estaba apagada y guardada, y cuando el reportero Armando Ponce y yo nos despedíamos en el umbral de la puerta de una oficina en el Auditorio Nacional, nos detuvo y reveló que el exgobernador del Estado de México nunca lo apoyó, y fue hasta la llegada de Aurelio Nuño a la SEP cuando se destrabó el asunto.

Momentos antes, durante la conversación, había defendido a capa y espada a Nuño, quien para cabildear la SC ante los diputados esgrimió que no tenía tiempo para dedicarle a la cultura. Fue así como entonces se le cuestionó que uno no se imaginaría semejante afirmación en Torres Bodet o José Vasconcelos -fundador de la SEP-, quienes dieron a la cultura un primerísimo lugar.

Para él, los tiempos eran distintos, sencillamente no había la misma población por atender, la cantidad de museos en el país, la Red Nacional de Bibliotecas, y otras instituciones como el Fondo Nacional de las Artes. En suma, el sector cultural había crecido en más del 60%.

Con apenas 34 años, Tovar y de Teresa comenzó a construir el andamiaje jurídico y administrativo que daría sustento a la Secretaría de Cultura. Era 1988 y recién se había fundado el desaparecido Consejo Nacional para la Cultura y las Arte (Conaculta), con el embajador Víctor Flores Olea como su presidente, en el cual asumió la Coordinación de Modernización de la Cultura y su Legislación, que prepararía los fundamentos requeridos.

Colaboraba con él desde entonces el abogado egresado de la Escuela Libre de Derecho, Luis Cacho, quien a la postre ocuparía el cargo de director Jurídico de la SC.

Cacho recuerda ahora, en entrevista, que efectivamente Nuño respaldó

la SC pues consideró necesario separar la cultura de la educación para que la SEP se concentrara en ésta. En cambio, Chuayffet “siempre se opuso por razones políticas y personales, ni siquiera eran razones históricas. Decía: ‘No, me van a restringir poder. ¿Cómo me van a quitar Cultura? Tantas instituciones, tanta gente, tanto presupuesto’. Él lo venía desde ese punto de vista”.

Cuando Tovar estuvo en la Coordinación de Modernización, dice el abogado, se trabajó durante un año para sentar las bases de lo que sería la SC, pero “por circunstancias políticas y presupuestales se abandonó la idea”. Casi de manera natural, Flores Olea se perfilaba como su primer titular. De hecho, se comentaba, en círculos cercanos a él, que recibía trato de secretario de Estado por parte del entonces presidente Carlos Salinas de Gortari, con quien solía acordar directamente los asuntos.

Pero no le tocó a Flores Olea ser secretario de Cultura; incluso, cuando se debatía el proyecto en 2015, le solicité una entrevista para conocer su opinión. Amable, me citó en su departamento de Insurgentes Sur, en San Ángel. Y expresó informalmente y sin grabadora de por medio, que era mejor conservar el Conaculta como desconcentrado de la SEP, pero no quiso dar la entrevista. Esgrimió que estaba ocupado en asuntos “de mayor trascendencia para el conjunto del país”. Y es que, por entonces, trabajaba en el Proyecto de Nación de Andrés Manuel López Obrador.

En 1992, el primer presidente del Conaculta fue removido precipitadamente del cargo a consecuencia de la renuncia del poeta, director y fundador de la revista Vuelta, Octavio Paz, al jurado del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, en desacuerdo con la organización del Coloquio de Invierno, a cargo de Nexos, la UNAM y el propio Consejo. Así se abrió la oportunidad a Tovar y de Teresa, hasta entonces director general del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), quien se apuntaló como el hombre fuerte de la cultura en México hasta el fin del sexenio de Ernesto Zedillo.

La confrontación entre Vuelta y Nexos venía de tiempo atrás. Hay mucha literatura en torno al asunto, y en la prensa se recogían los debates e incluso pleitos entre los integrantes de uno y otro grupo. En opinión de Cacho, Flores Olea “no supo mediar” entre ambos grupos. Tovar, por su parte, “fue muy conciliador con todos los intelectuales mexicanos, eso le valió ser titular del Consejo en tres ocasiones”. No obstante, tras su primer nombramiento, Salinas ya no apoyó la creación de la secretaría, y tampoco Zedillo.

Confrontaciones

De ascendencia aristocrática, Tovar fue un hombre de trato refinado, culto, era un melómano, disfrutaba de los conciertos e incluso se escapaba, cuando podía, a presenciar los ensayos de la Orquesta Sinfónica Nacional, pues tenía una oficina en el Palacio de Bellas Artes, y tocaba el piano. Tenía pasión por la historia y la lectura, y su gusto por las bellas artes le trajo algunas críticas ya como responsable de la política cultural del país, pues en no pocas ocasiones se dijo que las colocaba por encima de la promoción de las tradiciones y culturas comunitarias y populares, a las cuales -ciertamente- se otorgaba menor presupuesto. No obstante, ya en su tercera gestión en Conaculta inició el primer programa cultural de atención a Michoacán, Cultura en Armonía, dirigido a las comunidades más precarias, con el fin de contribuir a la disminución de la violencia.

Los gobiernos de la llamada alternancia, con los panistas Vicente Fox y Felipe Calderón, reasignaron a Rafael Tovar al Servicio Exterior de Carrera como embajador en Italia, hasta que Calderón lo llamó para encabezar los festejos del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución, en sustitución de Cuauhtémoc Cárdenas. La relación fracasó. Y renunció por estar en desacuerdo con algunos aspectos de la organización.

Su temporal retiro como funcionario cultural lo llevó a la escritura de su segunda novela, El último brindis de Don Porfirio (la primera, Paraíso es tu memoria, fue publicada cuando dejó por primera vez la presidencia del Conaculta, pues siempre afirmó que esa tarea demandaba tiempo completo).

Cuando se vislumbraba el retorno del PRI, con Peña Nieto como candidato a la presidencia de la República, Tovar reapareció púbicamente en mesas de debate sobre política cultural y comenzó a perfilarse como el seguro titular del Conaculta, por tercera ocasión, no obstante que también estaban en la pasarela María Cristina García Cepeda, quien lo sucedería tras su muerte, y Gerardo Estrada, exdirector del INBA.

Su nombramiento se confirmó apenas asumida la presidencia el 1 de diciembre de 2012. Luego de los traspiés de sus antecesoras, Sari Bermúdez y Consuelo Sáizar, buena parte de la comunidad cultural se congratuló por su retorno. Entonces, aunque no lo expresó de inmediato pues hacia el exterior siempre afirmó que el Conaculta funcionaba y no requería modificaciones jurídicas, retomó el proyecto para crear la Secretaría de Cultura.

En ese sentido, Cacho añade que los argumentos que aseguraban que el Consejo carecía de fundamentos legales para coordinar los institutos INBA y Nacional de Antropología e Historia (INAH), no se sostenían, pues la creación por decreto presidencial es un mecanismo previsto en la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal.

Las objeciones, afirma, venían sobre todo de los sindicatos del INAH e INBA, pero “si no hubiera tenido fundamento legal, no habría funcionado 30 años, ni política ni jurídicamente. Cualquiera que hubiera querido atacar la creación del Conaculta pudo meter un amparo, pero no lo hacían porque sabían que no lo ganarían, se trataba de cuestiones políticas de los sindicatos”.

A decir del abogado, al igual que Flores Olea su sucesor Tovar y de Teresa recibía trato de secretario de Estado. Asistía a los encuentros internacionales de ministros de Cultura. Le faltaba, pues, que el sector tuviera el rango de una secretaría. Y en cuanto recibió la aprobación de Peña Nieto, comenzaron a elaborar el decreto.

No se trató de sacar del cajón y desempolvar el trabajo de los primeros años; la propuesta nueva, según Cacho, contempló modificaciones necesarias a 20 leyes, entre ellas la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal. Además, se le dotó de una ley de creación y requería de un reglamento interno, que se retrasó hasta este 2025.

Crear una nueva secretaría dependía fundamentalmente de una decisión política y sólo podría provenir del presidente, relata Cacho. Así que “Tovar se lo propuso al presidente Peña, él aceptó y dio la instrucción para hacer lo necesario”. El PRI contaba con mayoría en la Cámara de Diputados, y aunque requirieron de un cabildeo, realizado personalmente por el director del Jurídico, el camino para la aprobación estaba allanado, con el respaldo panista de Santiago Taboada como presidente de la Comisión de Cultura en la Cámara de Diputados, y Javier Lozano en la de Senadores.

Los premisas que la oficialidad enarbolaba para justificar el plan databan de tiempos primigenios: dar orden a todo el entramado de dependencias e instituciones que durante su existencia el Conaculta había ido sumando con algunas con duplicidades; no se gastaría más en burocracia, sino en programas sustantivos; se tendría una institución más fuerte políticamente, no supeditada a los vaivenes sexenales; y, sobre todo, podría negociar su propio presupuesto ante la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, sin la mediación de la SEP.

En contra también hubo argumentos: la discusión del proyecto no se abrió al medio cultural, a trabajadores y a especialistas, sólo a las élites políticas; la iniciativa se presentó a medio sexenio y con prisas; una secretaría no garantizaba per se la solución de los problemas de la cultura y era mejor fortalecer a las instituciones culturales ya existentes, como había ofrecido Tovar al inicio de su gestión; y, se dijo asimismo, que los principios del derecho positivo establecían como primer paso, hacer una ley y después el instrumento con la cual se ejecutaría, en este caso, la secretaría, no al revés, como se hizo.

En el centro del debate estuvieron dos ideas opuestas: la defendida por los trabajadores, que consideraba indisoluble el vínculo histórico entre cultura y educación, iniciado por Vasconcelos al establecer la SEP, y abogaba por mantener el subsector Cultura dentro de ésta, y la de quienes veían una urgencia en independizarla del sector educativo.

Trabajadores, sindicalizados o no, del INAH, INBA, Centro Nacional de las Artes, y otras dependencias del Conaculta, como la Dirección General de Bibliotecas y Radio Educación, salieron a manifestar su oposición con plantones frente a espacios como el Palacio de Bellas Artes, así como a las afueras de las cámaras de Diputados y Senadores.

Se le pregunta a Cacho cómo vivió Rafael Tovar todas esas polémicas. Responde que siempre estuvo convencido de la creación de la SC, “porque era el siguiente paso en la evolución política y administrativa de la institución encargada de la cultura nacional, y por la importancia de la propia cultura en la vida mexicana, era necesario darle el rango de una dependencia federal, de una secretaría de Estado”.

El 10 de diciembre de 2015, con 426 votos en favor, ninguno en contra y una abstención, se aprobó la Secretaría de Cultura. Seis días después, el 16 del mismo mes, el Senado hizo lo propio con 83 votos en favor, dos en contra y dos abstenciones. El decreto se publicó al día siguiente en el Diario Oficial de la Federación y enseguida el presidente dio posesión a Tovar como secretario.

Con ello, cerraba un ciclo en su vida e iniciaba nuevos proyectos. Planteó una reingeniería de la estructura administrativa para eliminar duplicidades; un conjunto de más de 50 acciones de educación artística en escuelas de nivel básico, en coordinación con la SEP; y varias ideas más que la enfermedad y finalmente la muerte, le impidieron realizar.

Sus sucesoras, empezando por María Cristina García Cepeda, aunque había sido miembro de su equipo por años, no retomaron sus pendientes.

Sea como sea, Tovar y de Teresa -como Vasconcelos al fundar la SEP- se colocó en los anales de la historia como el creador y primer titular de la debatida Secretaría de Cultura, aunque estuviera pocos meses en el cargo, antes de fallecer el 10 de diciembre de 2016, justo a un año de la aprobación por los diputados.

“Fue el proyecto de su vida personal, de su vida profesional y de su vida política”, concluye Cacho.

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