La historia que se recuerda sobre Fernando Sampietro (1951-1984) en los circuitos del arte es casi siempre trágica y poco cómoda de escuchar. Aquel muchacho que se hizo llamar Marcelo del Campo por su admiración al arte de Marcel Duchamp decidió acabar con su vida en el Desierto de los Leones. “No es culpa de nadie”, escribió en una nota.
Fernando Sampietro fue hijo de exiliados españoles. Estaba obsesionado con grandes figuras del rock, como Bob Dylan y los Rolling Stones. Al momento de escribir estas líneas, otro de los tesoros de Fernando Sampietro, la canción Mr. Tambourine Man, de The Byrds, suena en la bocina. “No tengo un sueño y no hay lugar a donde vaya”, recita esa canción, frase que recuerda a la forma en que Fernando Sampietro desarrolló su obra artística al margen de la producción cultural de los años 70.
Lee también: Laberinto de sonidos en el Bahidorá

Fernando Sampietro solía visitar el Parque México de forma recurrente. Ahí tomaba clases particulares de matemáticas. Estudió el bachillerato en la Vocacional 7, donde participó en las manifestaciones por el Movimiento Estudiantil del 68. Un año después, ingresa al Instituto Politécnico Nacional a estudiar Ingeniería Textil.
Más tarde, en el inicio de los años 70, Fernando Sampietro comienza a pintar al óleo. Y cinco años antes, en 1965, acudía todos los domingos con sus hermanos al cine debate en el Auditorio Justo Sierra de la Facultad de Filosofía y Letras, y más tarde al cineclúb del Centro Universitario Cultural, espacios donde se aproximó a las obras de grandes cineastas como Buñuel, Bergman, Godard y Polanski.
Lee también: “Quería estar entre los mejores escultores de México”: José Ortiz
Es quizá en la unión de la pintura y el cine que Fernando Sampietro halló el corazón de su obra, uno marcado también por el collage y la poesía.
En 1974 Fernando Sampietro recibió el diagnóstico de esquizofrenia. Pasó 10 días en el Sanatorio Español, donde fue tratado con medicinas y tomó sesiones continuas con su psiquiatra.
El fotógrafo Rubén Ortiz Torres declaró en un escrito que Fernando recibió terapia de electrochoques, y que su esquizofrenia fue provocada, tal vez, por un amor fallido. Este 2026, Sampietro habría cumplido 75 años.
¿Quién es Fernando Sampietro? “Fue un artista autodidacta, que, si bien no estudió artes plásticas, emprendió con la pintura y el collage desde muy joven. Formó parte de la primera generación de estudiantes del Centro de Capacitación Cinematográfica, ahí desarrolló profundamente una práctica pictórica vanguardista, fue un artista conceptual influenciado principalmente por Marcel Duchamp y Andy Warhol”, responde Ana Sampietro, historiadora del arte y sobrina de Fernando.
Tras la muerte del artista, su familia guardó toda su producción en una bodega en una casa familiar. “Fernando muere a punto de cumplir los 33 por un suicidio. Él sí sufría esquizofrenia, lo que era muy duro para el ámbito familiar. Entonces sus padres y sus hermanos guardan la obra, todo su trabajo, desde los súper ochos que tenía del CCC, filmes sumamente experimentales, así como sus pinturas, como la serie de antenas, todo quedó en resguardo en una bodega”, narra Ana Sampietro.
El valor y la razón para rescatar la producción de Fernando Sampietro son, en palabras cortas, porque fue un artista que trabajó con la apropiación. “Lo relevante de su obra y las aportaciones que podemos considerar a la historia del arte de los 70 es, justamente, su forma de trabajar con la apropiación, la relación que tiene con el archivo y el cruce que establece con la cultura popular, o la ‘alta cultura’”, explica la sobrina del artista.
De ese trabajo apropiativo nacieron algunas obras representativas de Fernando Sampietro, como la Guernica de Tlatelolco, inspirada en la obra de Picasso, pero que aborda el contexto sociopolítico de 1968.
La serie de pinturas Vacas, que retoman la portada del álbum Atom Heart Mother de Pink Floyd, o la introducción de la famosa Sopa Campbell’s al cuadro de la Monalisa son algunos de los cruces que Sampietro propuso en su época.
Fernando Sampietro o Marcelo del Campo
¿Eran la misma persona? Ana Sampietro sostiene que más que una declaración estética, cambiarse el nombre responde, primero, a la profunda influencia de Marcel Duchamp, además de demostrar una postura personal frente al mundo del arte.
“Su obra también se puede leer desde un lugar de humor o de mucha ironía, principalmente por estas apropiaciones de las que ya hemos hablado, pero Fernando se describe asimismo como un artista duchampiano, no solo por el uso de la apropiación para sus obras o para seguir cuestionando los asuntos de autoría, sino que también dejaba clara su postura frente al arte, siempre era como un juego, como una transgresión”, detalla.
Un dato curioso es que la primera portada del libro Apariencia desnuda (1973) de Octavio Paz nació de una fotografía tomada por Fernando Sampietro en el Museo de Arte de Filadelfia.
“Fernando viaja a Filadelfia y ahí observa este cuadro de Duchamp llamado Étant donnés, en ese momento estaba prohibido tomarle fotografías al cuadro, que presenta una pared con un hoyo donde se aprecia una mujer desnuda, la portada del libro de Paz tal cual, pues Fernando, como buen duchampiano, le tomó fotografía a ese cuadro, que luego presenta en este libro que, precisamente, habla de Duchamp”, cuenta Ana Sampietro.
Rescate de la obra
Desde 2020 Ana Sampietro se ha dedicado a desempolvar el archivo de su tío Fernando, y hay resultados tangibles, ya que se logró publicar el libro Fernando Sampietro. Un verdadero duchampiano que se hacía llamar Marcelo del Campo (2023, Fauna Libros), y se han realizado dos exposiciones con las obras más representativas del artista, una en el Museo del Chopo y otra en el Museo Cabañas.
La historiadora del arte concibe a su tío como una ficha de ajedrez que no estuvo en el tablero en su momento. “Fue mi tío, no pude conocerlo, y soy historiadora del arte y curadora, entonces tuve este interés de rescatar y dar a conocer la obra de Fernando al público, puedo decir que lo conoció un círculo muy pequeño, uno cercano al exilio español, entonces el resto de la comunidad artística de la Ciudad de México no lo conoció”, explica.
El primer paso, cuenta Ana Sampietro, fue la elaboración del libro, en el que participan figuras importantes del arte como Cuauhtémoc Medina, Vicente Rojo, Rubén Ortiz Torres, Augusto Monterroso y Jessie Lerner.
Otras figuras del arte escribieron su testimonio o historia de Fernando para el libro. Por ejemplo, Marcial Fernández cuenta que la última imagen que tiene del duchampiano es en una exposición suya en el Centro Asturiano de México, en la colonia El Reloj, Coyoacán.
También narra que Fernando Sampietro se suicidó de un balazo en la cabeza el 6 de febrero de 1984. “Nunca quiso llegar a la edad de Cristo”, escribió Marcial Fernández.
Acerca de su historia española, Ana Sampietro sostiene que Fernando fue, ante todo, un artista mexicano. “Fernando es un artista mexicano. Sí tuvo mucha influencia de venir de unos padres que vivieron una guerra y un periodo difícil, pero le tocó un México diferente, donde tuvo oportunidad de estudiar, de tener una vida libre y nueva”, señala.
Es quizá la serie de cuadros Las antenas el cuerpo de obra que muestra a Fernando Sampietro como un artista del México moderno.
“Basta con ver la serie de Las antenas, una serie de paisajes urbanos que hablan un poco de ese México moderno que le tocó ver, esas antenas sirvieron también para darle nombre a la exposición que se presentó en el Museo del Chopo en 2024”.
Acerca de Las antenas, Ana Sampietro cuenta que fueron pintadas por Fernando desde la azotea de su casa, retratando “tal cual” el paisaje que observó en aquel momento.
“Deben ser como 40 antenas que van cambiando de tamaño y de colores, se mantienen en la gama de los grises, podemos ver también que es un ejercicio en donde va pasando de lo pictórico a lo más conceptual. Hay paisajes urbanos donde se abarca más edificios y acaba con cables, con solamente un fondo gris con un cable negro. Hace de estos objetos cotidianos, de esas presencias silenciosas, su obra propia, de lo poco significativo, le da totalmente un sentido, creo que es la obra más icónica de Fernando”, abundó.
Antes de morir, Fernando Sampietro publicó el libro Marilyn Monroe y yo, un hibrido entre poesía y escritura experimental. Ana Sampietro explica que encontraron en el archivo una serie de filmes no terminados, que refuerzan la idea de que Fernando trabajaba en un proyecto fílmico antes de morir.
La influencia, 40 años después
Para Ana Sampietro, recuperar la historia de su tío es una forma de replantear la historia del arte mexicano del siglo XX.
“Nos obliga a pensar en aquellos artistas que quedaron fuera de las narrativas, saber qué o cuáles prácticas artísticas no fueron leídas en su momento, incluso reflexionar si estas ideas llegaron antes de tiempo”, explica.
Por esa revisión de las prácticas que pasaron desapercibidas en su momento, es que la obra de Fernando Sampietro toma vigencia actualmente. “Revisitarlo es una activación contemporánea de una obra que hoy por fin podemos ver, entender y leer”, finaliza Ana Sampietro, quien adelantó que es probable que se trabaje en algún momento con el archivo cinematográfico de Fernando.
¿Cómo definirías tu pintura?, se le preguntó alguna vez a Fernando Sampietro, quien respondió que "conceptual". “No doy la primera pincelada sino tengo bien clara la idea que quiero expresar. Estoy interesado en ideas, no meramente en productos visuales; quiero poner la pintura al servicio de la mente. La pintura es cosa mental”, dijo alguna vez.