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Doña Lágrimas en abril para José Revueltas, un teatro por descubrir

En 1941, el autor escribió este texto dramático marcado por la muerte, la memoria y la vida después de la ausencia. Aún inédito, el guion ofrece claves para entender esta faceta de Revueltas

José Revueltas, en su etapa juvenil, después de su primera reclusión de 1929, cuando tenía quince años y participó en un mitin en el Zócalo de la Ciudad de México. Crédito: Cortesía Memórica-AGN
19/04/2026 |01:08Juan Luis Loza León |
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¡Enero, febrero, marzo, abril…! Abril. Cantó para sí: “Una mañana de abril, perfumada de jazmín…” leemos en el El quebranto publicado en Dios en la tierra. Abril en la obra de José Revueltas está cargado de vida primaveral, de alegría casi mítica, de colores y de luz. En Los días terrenales Julia -la madre de la difunta niña llamada Bandera-, recuerda momentos felices de su vida anterior, la voz narrativa de la novela describe el momento señalando: “el extraordinario cielo de aquel abril, luminoso como nunca.”





Puede ser una coincidencia, pero lo cierto es que Revueltas quizá no imaginó con antelación que su partida de este mundo sería un catorce de abril, justo en semana santa al final de la cuaresma, y podemos suponer que tampoco hubiera imaginado que su obra dramática escrita en 1956, Nos esperan en abril, haría alguna conexión con la fecha de su muerte, abril de 1976. Acaso esto último debería ser un signo casi cósmico para pensar que el teatro -la dramaturgia en particular- acompañó la vida de Revueltas de manera especial.

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José Revueltas junto a Diego Rivera, figuras de una izquierda cultural que hicieron del arte un campo de batalla ideológico. Crédito: Foto tomada del libro José Revueltas Obra reunida

Porque abril era aquello: una mañana perfumada de jazmín, una joven maestra enamorada, unos chiquillos abriendo la boca rítmica y ausente [El quebranto]

Hay momentos, recuerdos o proyecciones felices que encontramos en la obra revueltiana, aunque no estén situados en abril todo el tiempo, sí aparecen cargados de tipos de luces y colores, una estrategia o técnica que puede bien datar de su afición por el cine desde la infancia cuando iba al mercado El volador a comprar pedacería de películas que luego correría en su proyector con lámpara de alcohol, pero también del trabajo de sus hermanos Silvestre y Fermín influyeron en la cosmovisión plasmada en la narrativa, los guiones y desde luego la dramaturgia, donde destaca su comprensión de la escena como ambiente habitado por personajes que orgánicamente pertenecen al ambiente que habitan.

El parches: ¿Ya amaneció?

Piedad: No. Las puertas están cerradas. Y detrás de las puertas los hombres están muertos. No hay refugio ni abrigo. No amanecerá nunca.

FIN DE LA OBRA [manuscrito inédito sobre final de El cuadrante de la soledad]

El cine y también el teatro

Las posibilidades de la estética singular del cine, teatro y la literatura, no estuvieron nunca fuera de la comprensión de Revueltas, nos damos cuenta en la manera con que realizó el traslado de elementos del cine a la literatura mediante la narración de la luz y la oscuridad, un proceso técnico que hemos llamado fotoplasticidad narrativa. Queda por estudiar la cuestión teatral en su narrativa, aunque habrá que esperar un tiempo más. Y es que la recuperación del trabajo para el cine de nuestro autor aún está en proceso y los mismo puede decirse de su trabajo para la escena teatral. Quedaron atrás las descalificaciones. La historia puede contarse de otra manera y podemos acercarnos al teatro de José Revueltas con nuevos bríos recordando el logro nada menor de El cuadrante de la soledad como la primera obra de autor mexicano que alcanzó las cien representaciones dejando huella en la historia nacional de teatro. Y no, el teatro no fue tampoco marginal en la vida de Revueltas, aunque el número de páginas que le dedicó hubiera sido considerablemente menor a las dedicadas al cine o a la literatura, su brevedad refleja una intensidad estética que es política y existencial. En el teatro de Revueltas lo que se discute es la vida, son textos pensados para encarnar cuestiones vitales, asuntos dramáticos que sólo el supuesto teatral de los cuerpos en escena podría llevar a su justa experimentación.

Doña Lágrimas

No deja de ser interesante que sea en un abril, justo ahora, cuando volvamos al tema de un texto dramático que no ha sido estudiado y que ha permanecido inédito, Doña Lágrimas, al que según la data al final de los documentos fue escrita entre marzo y abril de 1941. Se trata de dos versiones de una obra corta, una en cuatro escenas y otra en tres actos. Ambas trabajadas de manera cuidadosa al grado tal que parecen ser dos obras por el diferente tratamiento del asunto dramático, con diferencias en los finales y la estructura.

La obra fue escrita si atendemos a la data entre Los muros de agua (1940) y El luto humano (1941-1943), recordemos que justo recién terminada aquella novela ocurrió la dolorosa muerte de su hermano Silvestre un ocho de octubre de 1940; a partir de ese día y hasta marzo de 1941 escribe algunos cuentos donde las mujeres son centrales y ocurren nacimientos frustrados. La idea de la muerte no abandona a José por esos meses y decide escribir para responder preguntas existenciales profundas que atraviesan el dolor por su hermano, llevado a cuestiones de sumo interés histórico y político en el que figuras como Benita Galeana, Emiliano Zapata o Ricardo Flores Magón funcionan como referentes.

Lo central en estas primeras versiones de textos performáticos para teatro no sólo es que su construcción muestra una claridad importante en cuanto al desarrollo escénico y escenográfico de la obra, también destaca el tema de la vida después de la muerte, de la sobrevida más allá del cuerpo propio, que se expande y prolonga en todos y en todo. Estamos ante lo que parece ser el arranque de un tema que seguirá en Los muertos vivirán y luego en Nos esperan en abril: el asunto de la vida después de la muerte o, dicho de otra manera, una elaboración para escena sobre lo que significa vivir después de haber desaparecido del plano terrestre.

Por la tierra no se muere, por la tierra se vive. [Doña Lágrimas, versión de abril]

Las dos versiones

La primera versión de Doña Lágrimas, la versión de marzo, comienza con la escena del trabajo de parto prolongado que llena de sufrimiento a Brígida, pareja de Marcial Fuentes quien se encuentra escondido en el monte. Durante esta escena hay más mujeres que acompañan en este proceso, entre ellas está la Comadrona, Lágrimas, Angustias y Asunción que sostienen el dolor de Brígida y dialogan con ella acompañando su tránsito para dar a luz. Un sargento y cinco soldados rurales llegan a buscar a Marcial, las mujeres lo encaran.

DOÑA ANGUSTIAS: Haremos resistencia…

MUJERES: Nadie traspone el umbral de esta casa…

Los rurales acusan a Marcial Fuentes de un asesinato, las mujeres alegan que fue en defensa de las tierras del pueblo. Pero la injusticia tiene fuerza y aquellos deciden tomar a la recién nacida como rehén obligando al padre y defensor de la tierra a volver de donde está resguardado.

SARGENTO: Nos llevaremos a la criatura, cuando nazca…

Las tres escenas siguientes cambian de escenografía. Ya no volveremos a la habitación ni a la cama donde está Brígida visible de medio cuerpo con la Comadrona trabajando para que el parto se logre. Nos movemos al campo con Marcial y sus acompañantes que luchan por la justicia y que ahora son perseguidos, en “una llanura sin vegetación ligeramente ondulada”. Los componentes de la escenografía cambian, no dejan de ser dinámicos, suben o bajan, entran o salen, hay movimiento en las nubes.

Para la tercera escena ha pasado la Revolución y tenemos como ambiente colores, un kiosco, un mercado, música. Se carga de vida como si renaciera. Aparecen nuevamente las mujeres, Asunción y Lágrimas para recordar los sucesos que terminaron con la vida de Marcial, asesinado cruelmente por los Rurales a cargo del Sargento. La niña recién nacida tomada como rehén, tuvo otra suerte trágica, vive, pero la madre Brígida ha perdido la razón ante tanta desgracia. Asunción está con Lágrimas quien intenta hacerla recordar a pesar de su manifiesto interés por otras cuestiones como las canciones y los pájaros.

En esta primera versión podemos notar una serie de efectos, tanto en la escenografía como en el vestuario, que podemos llamar estetizantes y simbólicos que recaen sobre diferentes elementos, por ejemplo, el color “verde chillante” del vestido de Brígida en la escena final, un intento de llenar con ese símbolo en la escena la cuestión de la esperanza, retirándolo del discurso hablado para colocarlo en elementos escénicos visuales, es decir, colocarlo en la performatividad del cuerpo vestido. Hay que recordar la importancia del color verde para José Revueltas, pensemos en esa frase suya: “Verde es el árbol de oro de la vida” que nos recordó Philipe Cheron, y que el color verde también aparece en los cuentos que escribe durante ese periodo, como Verde es el color de la esperanza, El corazón verde, Preferencias, Barra de navidad, etc. El color verde no es casual y no lo es tampoco que aparezca como vestido en una mujer cuyos discursos sólo alcanzan a articular imaginarios de naturaleza, pájaros y canciones. Lágrimas y Angustias intentan convencerla de que su hija vive, aunque parece imposible. Brígida de inmediato piensa en un Jilguero “¡Se me ha perdido un jilguerito...! ¡Color de oro!”. Lágrimas, con una insistencia esperanzada exclama: “¡Intentemos algo, no es por demás!”, pero Brígida ahora vive en un mundo lleno de flores, aves y colores. Lo que Lágrimas intenta es hacerla volver a la razón para que recuerde a su hija sobreviviente al intento de asesinato. Apenas un mínimo recuerdo surge en Brígida expresado como gestos corporales y en algunos asomos del lenguaje hablado. En la última escena, dialogando con los cristeros que asesinan maestros y médicos acusándolos de ser enemigos de la fe, se entera de que su hija era una maestra a la que le dieron muerte. Ella, Brígida, sabe y manifiesta que a pesar de todo no está “completamente sola”, “tengo mis recuerdos”, dice.

La versión de abril

La segunda versión o segundo tratamiento del asunto dramático fue escrito un mes después de la anterior, en abril de 1941, debido quizá a que no estuvo conforme con el de marzo --o quizá simplemente buscó realizar otra aproximación al drama--. Lo cierto es que Revueltas vuelve a la obra, rehace y afina la primera parte y mantiene el parto y la muerte de Marcial y el neonato, elimina una escena reduciéndola a tres actos, cambia la parte intermedia completamente y hace un cuadro final diferente. En cuanto a su ubicación histórica queda un tanto por descifrar si seguimos “Antes y después de la revolución”, como en la primera versión, o si ya estamos ante un drama durante la Revolución, toda vez que ya no aparecen los Cristeros y siguen apareciendo los Rurales hasta el final. Aquí, ya no será Brígida la pareja de Marcial sino la misma Lágrimas que se mantendrá en lucha militante por la sobrevivencia de quienes mueren, a pesar de la incredulidad de sus compañeras. El segundo acto es una confrontación que avanza, donde Lágrimas se dirige a sus compañeras:

LÁGRIMAS: Yo sé de fijo que no; que no han muerto. Ni Celso, ni Segundo, ni Marcial, ni mi hijo. Sé que viven aunque seamos viudas. Por la tierra no se muere, sino se vive, porque la tierra es inmortal y es eterna. Quien sirve a la tierra es inmortal y eterno como ella.

Luego increpa a los Rurales:

LÁGRIMAS: ¡A perseguirlos! ¡Marchen, hombres, marchen! (con voz solemne y profética) ¡Podrán perseguirlos por toda la tierra; desbrozar, árbol por árbol, cizaña por cizaña, planta por planta el monte entero! ¡Viven tanto que ya no podrán encontrarlos! ¡Es tan potente su muerte que su vida está regada, profunda, en todo el pueblo! ¡Nada podrán contra los muertos!

SARGENTO: ¡No importa! (a su tropa) ¡Guardia, firmes! ¡Contra los muertos! ¡Contra ellos! ¡Contra la tierra! ¡Contra los muertos! (da un poco la impresión de estar un tanto trastornado del juicio)

Sus compañeras la consideran loca:

ASUNCIÓN: (consternada) ¡Pero qué han hecho, Dios mío!

BRÍGIDA: ¡Lágrimas, pero qué locura..!

ASUNCIÓN: (consternada) ¿Pero te has vuelto loca?

Finalmente, no queda más que volver a la coincidencia respecto a que abril sea un mes lleno de luz, colores y vida en la narrativa de José Revueltas, y que también lo sea en las escenografías de su dramaturgia escrita un abril de 1941 como Doña Lágrimas, donde la vida de quienes se fueron de este mundo vuelve a brotar como en primavera, semillas que renacen después de la muerte en las personas que los siguen y recuerdan. Por todo esto, es buen tiempo para decir que, cincuenta años después, otra vez es abril para José Revueltas.