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De una isla y su buenaventura: reseña de Jardines en el cielo de Armando González Torres

Jardines en el cielo, nuevo libro de ensayos del poeta mexicano Armando González Torres en el que plantea a la utopía como una idea seductora y, al mismo tiempo, peligrosa

Armando González Torres, poeta y ensayista mexicano nacido en Ciudad de México en 1964, ha escrito una obra muy premiada, teniendo en su haber galardones como el Alfonso Reyes, el Gilberto Owen, el José Revueltas y el Malcolm Lowry. Crédito: Archivo de El Universal.
05/04/2026 |01:04Mariana Bernárdez |
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Jardines en el cielo no es meramente un compendio, o un breviario tras una luz fugitiva que anida en el cielo. El ensayo como género prueba en el libro de Armando González Torres su ductilidad y su capacidad de mutación resaltando la cualidad del corte a profundidad, la cala que no agota la cuestión, pero que proporciona un panorama, mientras se sostiene un diálogo amplio con una tradición de numerosos referentes.





Con un lenguaje sencillo pone sobre la mesa de discusión un tema que a través del tiempo ha sido referido con diversos nombres y cuyo viaje ha discurrido por los continentes conocidos; asunto que es descrito en cinco capítulos con el fin de que el recorrido permita comprender su genealogía. Utopía, esta isla de buenaventura que termina perdiendo en la andanza su pureza, continúa siendo un axioma seminal que delata la metáfora del ejercicio del poder cuyo máxima regulatoria se cumple a raja tabla, y que se resume en que toda disidencia y transgresión siempre será extirpada y/o engullida por el sistema.

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Crédito: Archivo de El Universal

Fascinante es comprenderla como un ejercicio de fabulación y de reflexión que inaugura un género revulsivo a fin de provocar cambios en las estructuras sociales. Pareciera arriesgado señalarlo como literario por sí mismo; pero si se considera que enuncia el pensamiento en la acción de su pensarse, y que pensar se dice de muchas maneras,1 convendría aceptar que es una forma de tratar con el otro, y lo otro, y que ha navegado por la historia de las ideas audazmente llevando consigo la concepción imaginaria de una república inalcanzable.

Utopía será más que una isla o un paisaje construido a través de la biografía de hombres;2 será una promesa para aliviar una larga fatiga3; su ir y venir trazará un mosaico de visiones diversas basado en un imaginario fabuloso que pretende domesticar el acecho de lo monstruoso,4 ese arcano cuya condición de impenetrabilidad se manifiesta en el tejido social y cuya pulsión sorprende por su capacidad de metamorfosis; sólo cuando el lenguaje es capaz de dislocarse puede dar testimonio de su sintomatología dando inicio a la comprensión de dicho padecimiento. Entonces aparecen “[…] estas narrativas que inicialmente eran consideradas meros divertimentos, pero que con el tiempo se transformaron en proyectos sociales concretos e, incluso, en el siglo XX, en peligrosas religiones políticas totalitarias. Jardines en el cielo advierte la doble naturaleza de la utopía: su capacidad para inspirar ideales nobles y su propensión a la planificación absoluta y al fanatismo.”5

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¿De dónde lo monstruoso?, ¿de la disparidad primaria entre el hombre y lo divino aparentemente disuelta a través de los procesos de secularización y trasladada en los mecanismos de poder? En tal caso, será el pathos de rostro multiplicador que deviene vendaval, historia sacrificial, mancha que contamina, enfermedad que se reflejara en las perversiones del ejercicio del poder, en el malestar social, en la imposible anulación de la normativa que regula la vinculación comunitaria.

¿Utopía será el tragos contra el miasma? Quizá su permanencia obedezca a que es un oficio de piedad que acerca la filosofía a la literatura, y viceversa, a través de una razón sentiente, poética y respirante,6 que permite dar nombre a esa fractura que declara el insólito vínculo entre la carencia y la esperanza. Ante la acción dramática del descubrimiento, ¿será capaz de liberar de la mácula y encontrar la mesura?, o en este imaginario irrealizable ¿podrán sus mecanismos salvar la distancia del hombre y su ser en el mundo? Lo cierto es que a través de su heterodoxia se han mejorado las condiciones relativas a la igualdad y derechos humanos, la abolición de la esclavitud, el trabajo infantil, el reconocimiento de los derechos humanos, entre otros.

Llama la atención cómo los planteamientos varios que concurren en el archipiélago de la utopía, que a veces resultan extremos, lindan con lo fantástico al proponer la disipación de las estructuras de opresión. Los nuevos modelos alternativos terminarán, contrariamente a lo pretendido, agudizando la enfermedad al desembocar en totalitarismos variopintos, violencias inimaginables, fanatismos, y represiones inigualables, sólo por mencionar algunos de sus tantos síntomas.

Ante los horizontes apocalípticos de catástrofes irreversibles, de constante sufrimiento, abandono y condición doliente, la utopía en sus diversas expresiones, como ha sido la de Platón, Moro, Campanella, Saint-Simone, Fourier por referir ciertos nombres, levanta sus murallas a suerte de un imposible paraíso terrenal para salvaguardar un corazón que busca escaparse del reduccionismo coercitivo y que cree encontrar en su huida una nueva inventiva que lo acompase, a la par que ensanche los límites de su acción. No hay que olvidar que un corazón que ha perdido su marcha, y su espacio, es incapaz de pensar. Y sin un corazón pensante reconocer al semejante en el extremo de su quebranto hace de la imposibilidad un principio de certeza.

¿Qué mira Armando para haber traído a colación esta discusión antigua y de larga vida después de haber oteado las vertientes del perdón7 en un libro anterior?, ¿cuáles son los lazos que los acercan?, ¿será el perdón una utopía?, ¿qué cuestiones lo inquietan para buscar en ella una eficacia simbólica que subsane la ruptura del orden social y los conflictos que se generan?, ¿podrá ello implicar la reinvención de conceptos como cohesión política, identificación, comunión, pertenencia?, ¿será a final de cuentas un pensamiento que restaure el equilibrio perdido más allá de un divertimiento fantasioso?

Y en el deambular por el libro, a veces queda la impresión que dista de ser un género literario, porque su inventiva es un antídoto a modo de un tratado de consolación, una guía contra las tribulaciones que nos hacen zozobrar.

1.- Aludo al concepto heracliteano del logos.

2.- Carlos García Gual, La deriva de los héroes en la literatura griega, dice “La historia es la biografía de los grandes hombres”

3.- María Zambrano escribe: “Una isla es para la imaginación de siempre una promesa. Una promesa que se cumple y que es como un premio de una larga fatiga.”, en “Isla de Puerto Rico”, en Obras Completas, vol.II. Libros (1940-1950), España: Galaxia Gutenberg, 2016, p. 33. Leído en Sandra Lorenzano. Herida fecunda. España: Páginas de Espuma, Ayuntamiento de Málaga y Colofón, 2024, p. 125.

4.- Recuérdese que lo monstruoso nace de mezclar la disparidad para dar lugar aun nuevo ser que paradójicamente mantiene dicha disparidad.

5.- Parafraseo la nota periodísticahttps://www.elautomata.mx/nota/armando-gonzlez-torres-explora-poder-las-utopas-nuevo-libro-jardines-cielo/2726239

6.- Hago alusión a las concepciones de Xavier Zubiri“razón sentiente”, María Zambrano “razón poética” y Antonio Colinas “razón respirante /pensamiento respirante”.

7.- Armando González Torres, Sobre perdonar. México: Libros Magenta, 2011.