Confabulario

De por qué García Lorca no vino a México

En abril de 1936, El Universal Gráfico anunció la visita por primera vez al país del poeta. Aquel viaje pudo salvarle la vida, pero sus intrincados romances, sobre todo con Juan Ramírez de Lucas, lo retuvieron en España, antes de su trágica muerte hace 90 años

En la imagen, el escritor en su casa de Granada en 1925. Archivo El Universal- Foto Catálogo de la muestra Federico García Lorca 1898-1936.

Salvador Novo cuenta en su crónica de viaje a Sudamérica, Continente vacío (1935), que cuando se encontró con Federico García Lorca en Buenos Aires, donde era el ídolo del momento por los montajes de sus obras de teatro, el poeta granadino “hablaba, cantaba, me refería su estancia de La Habana, cuando estuvo más cerca de México” pero se lamentaba de que en ese momento “nadie lo invitó a llegar”. En efecto, tres años antes, en 1930, luego de su paso por Nueva York, el poeta estuvo unos meses en la capital cubana y fue lo más cerca que pudo estar de México. En las páginas de Barandal, la revista que hizo Octavio Paz siendo todavía estudiante de la Preparatoria, encuentro una curiosidad: en las “Notas” finales del número 2 (septiembre de 1931), se anuncia:





“Barbusse –ciudadano de la Rusia roja– y García Lorca –habitante de las Soledades de Góngora– anuncian su viaje a América”.

Club El Universal

¿Dónde se habrá anunciado ese viaje que los muchachos de Barandal confirman en su revista? ¿Quién le habrá hecho esa invitación a García Lorca? ¿Qué habrá pasado después que la visita no se realizó? El anuncio es muy escueto y en los siguientes números no se vuelve a informar nada al respecto de un posible viaje del poeta. En ese momento, entonces, se le habrá hecho una invitación que no se concretó, aunque es un antecedente que muestra el interés que ya había para que viniera… habría otra invitación unos años después y fue entonces cuando estuvo a punto de pisar tierras mexicanas de no haber sido porque se le atravesó la muerte, trágica y funesta. La fama que ya precedía a García Lorca hizo que su presencia fuera requerida en México, como antes se le solicitó en La Habana, Buenos Aires y Montevideo. Y como en esas otras ciudades, fue invitado para que impartiera algunas conferencias, según una sucinta nota de El Universal Gráfico: “Será invitado a venir a México el poeta García Lorca” (16 de abril de 1936). Según esta nota, la invitación fue hecha por el Instituto Hispano Mexicano de Extensión Universitaria de la UNAM, es por eso que el rector, que era el abogado Luis Chico Goerne, “invitará al eminente poeta español Federico García Lorca para que venga a esta ciudad a sustentar algunas conferencias sobre poesía y teatro moderno”. Y remataba diciendo que la invitación “será hecha antes de que termine esta semana, por la vía cablegráfica”.

El Universal Gráfico anunció el 16 de abril de 1936: “Será invitado a venir a México el poeta García Lorca”. Hemeroteca El Universal.

También, al parecer, él vendría a reunirse con la compañía teatral de la actriz Margarita Xirgu, cuyos montajes eran dirigidos por Cipriano Rivas Cherif. Dicha compañía hizo una escala en La Habana para ofrecer algunas funciones y desde allí la Xirgu le envió al poeta varios telegramas para confirmar su encuentro en México. La nota de El Universal Gráfico agregaba: “La Universidad ha pensado en invitar al autor del Romancero Gitano, teniendo en cuenta que dentro de breves días serán dadas a conocer a nuestro público algunas de las producciones teatrales de García Lorca, por la compañía de Margarita Xirgu, que actuará en el Palacio de Bellas Artes”. De hecho, las funciones de la compañía ya estaban anunciadas, pues iniciarían el 18 de abril en el Palacio de Bellas Artes, que había sido inaugurado apenas dos años antes. El repertorio que presentaron fue completamente de García Lorca: Yerma, Doña Rosita la soltera o El lenguaje de las flores, Bodas de sangre y La zapatera prodigiosa. Las funciones se extendieron hasta el 31 de agosto en el Teatro Arbeu, recinto desaparecido en el centro de la ciudad.

Cuenta Rivas Cherif que ya estaban con los preparativos del viaje a México cuando la Xirgu le pidió que contrataran a Rafael Rodríguez Rapún, el joven amante de García Lorca, pues con Rafael dentro de la compañía, pensaba la Xirgu, Federico haría el viaje sin que nada lo retuviera en España y quizá con más entusiasmo (en Palabra de Lorca. Declaraciones y entrevistas completas, Malpaso, 2017, p. 573). Xirgu intuía que “Federico no vendría con nosotros si no nos acompañaba R[afael]. y ella quería que Federico viniese con nosotros, como nos lo tenía prometido”. Pero he aquí que Federico no sólo no contestaba los telegramas de la Xirgu, sino que tampoco partía a tomar el barco que lo trajera a México, continúa Rivas Cherif, “pretextando que tenía que terminar, precisamente para Margarita, la Bernarda Alba y que apenas la terminase se vendría con nosotros, a reunírsenos en México”. Ya en México la actriz siguió enviándole mensajes insistiendo para que se apresurara a llegar, mientras la compañía seguía con sus funciones, que tuvieron un gran éxito de público. En el Teatro Arbeu la Xirgu interpretaba Bodas de sangre la noche del 18 de agosto sin saber todavía que hacía unas horas, por la diferencia de horarios, ya habían fusilado a Federico.

El viaje era tan inminente que él mismo se encargó de confirmarlo y todo apuntaba a que sí viajaría a América por tercera ocasión. Al periodista de La Voz le dijo que su viaje estaba próximo, que esperaba un cable de la Xirgu para embarcarse, ¡pero si ella le enviaba varios y con tanta insistencia! Agregó que vía Nueva York vendría por tren: “Desde Nueva York voy directamente a Méjico [sic]. Cinco días de tren. ¡Qué felicidad!” (Palabra de Lorca, p. 460). En su recuerdo del último día que pasó al lado de García Lorca, Rafael Martínez Nadal confirma que el poeta estaba en vísperas de venir a México y que le entusiasmaba la idea de volver a pisar tierras de América: “hablaba de su próximo viaje a México, de lo que le atraía ese país y sus gentes, de los poetas y escritores que esperaba conocer personalmente y repitió lo que ya le había oído en otras ocasiones: ‘Sólo en los pueblos de Hispanoamérica se adquiere verdadera conciencia de la potencialidad del idioma y de la responsabilidad de ser escritor español’”. En las décadas de 1920 a 1940, México fue el paso obligado de numerosos escritores, pintores, cineastas y artistas en general que vinieron a crear sus obras y que con su presencia contribuyeron a un efervescente ambiente cultural y propiciaron un clima de cosmopolitismo. García Lorca estaba destinado a figurar en esa pléyade de artistas que visitaron México aquellos años, es por eso que los mexicanos, sobre todo, lamentamos que ese viaje haya quedado truncado, como su vida.

¿Qué pasó realmente? ¿Por qué García Lorca nunca respondió a los innumerables telegramas de la Xirgu? ¿Por qué no se embarcó? ¿Qué lo retuvo en España todas esas semanas si, como documenta su biógrafo, Ian Gibson, desde principios de junio había terminado La casa de Bernarda Alba? Rivas Cherif, la Xirgu, Gibson y otros pensaban que no había cruzado el Atlántico porque no venía con él Rafael Rodríguez Rapún (“Tres Erres”, le llamaba Federico), su secretario en La Barraca, su amante y muso inspirador de los Sonetos del amor oscuro, y éste tampoco venía porque, cuenta Rivas Cheriff, el padre del muchacho no le dio permiso de viajar a México con el poeta. Pero en mayo de 2012 se dio a conocer una carta hasta entonces inédita de García Lorca que da un vuelco a esa historia.

La carta está dirigida a Juan Ramírez de Lucas y fue fechada el 17 de julio de 1936, en vísperas del viaje a México y, dato curioso, un mes antes del fusilamiento de Federico. En esta carta tierna y comprensiva, llena de consejos, le escribe: “debes llevar con talento el enojoso asunto de tu padre. Tu padre no es de tu generación y es lo más natural, no solo el que no te entienda, sino que piense todo lo contrario que tú […] Juan: yo te pido por Dios que sobrelleves a tu padre y le hagas comprender con dulzura y silencio que está equivocado contigo”. Y enseguida viene el consejo: “Si algún canalla o inconsciente le ha contado calumnias tuyas, tú debes hacerle comprender que son calumnias, pero no adoptes actitudes airadas en contra suya. Adopta un aire de gran dignidad hasta que él salga de su ofuscación”. Vuelve a insistir en el tema del padre porque es claro que es la preocupación de ambos: “para contrarrestar la actitud equivocada de tu padre que tú tienes que encauzar con talento y hombría y respeto”. Casi para terminar le escribe un mensaje amoroso típico de Federico a sus novios: “Yo pienso mucho en ti y esto lo sabes tú sin necesidad de decírtelo pero con silencio y entre líneas tú debes leer todo el cariño que te tengo y toda la ternura que almacena mi corazón”.*

Retrato de Federico García Lorca en 1920. Foto de leemage / Bridgeman Images, vía AFP.

De manera que al muchacho a quien el padre le negó el permiso para viajar con Federico a México no fue Rafael como se creyó hasta ahora, sino Juan Ramírez de Lucas. Este muchacho de Albacete, que entonces tenía 17 años, necesitaba del permiso de sus padres para sacar el pasaporte (Rafael tenía 24 y quizá ya no necesitaba ningún permiso). Federico y Juan se conocieron al regreso de Sudamérica, cuando la compañía teatral Anfistora, de Pura Ucelay, buscaba un actor para la obra Así que pasen cinco años: Ucelay había elegido a un joven guapo que Federico rechazó justo por ser demasiado guapo, luego hicieron el casting varios candidatos más hasta que el elegido fue Juan Ramírez de Lucas. Con los ensayos la relación se estrechó más y Federico quedó tan prendado del joven actor que le prometió ayudarlo en su carrera actoral y también por eso lo invitó a México.

Pero en la carta se puede adivinar, además, que había algo hostil detrás, pues García Lorca le escribe con un tufillo homofóbico: “si algún canalla o inconsciente le ha contado calumnias tuyas…”, así que tal vez hayan llegado a oídos del padre rumores sobre la relación entre su hijo y el poeta, lo cual probablemente habría sido otro motivo para negarle el permiso de viajar. En algunos medios que publicaron la noticia y que aún pueden consultarse en línea se dice que, por esta carta, Juan fue “el último amor” de García Lorca pero la carta tampoco fue “la última” y al cotejar varias fuentes y enlazar las historias esto no parece tan acertado.

Juan se convirtió en periodista y crítico de arte y tal parece que a nadie, o a muy pocas personas, habló de su relación con el poeta. Sin decirle nada tampoco, Ramírez de Lucas le pidió al poeta Juan de Luxa, exdirector de la casa natal de Lorca, que se reunieran para conversar sobre el granadino. Juan Ramírez de Lucas se presentó como un ferviente lector de la obra lorquiana pero tuvo particular interés en cuestionar a Luxa sobre la relación de Federico con otro muchacho llamado Eduardo Rodríguez Valdivieso, sobre la cual Luxa le contó a grandes rasgos lo que sabía. Cuando se publicó la carta y ya muerto Ramírez de Lucas, Luxa llamó al investigador lorquiano Víctor Fernández para contarle lo anterior y concluyó: “Víctor, creo que él quería saber si Federico lo engañaba con Rodríguez Valdivieso. ¿No te parece? Por eso se reunió conmigo y no me dio ni un detalle de su historia [con García Lorca]” (La Razón, 13 de octubre de 2021). Estaba en lo cierto, muchos años después Juan Ramírez de Lucas quería saber si Federico se veía con los dos al mismo tiempo… y seguramente para entonces ya sabía que también estuvo por ahí Rafael Rodríguez Rapún, de manera que Federico “los engañaba” a los tres.

Así es como aparece en el entramado de esta historia de amores Eduardo Rodríguez Valdivieso, que en realidad fue el primero de los tres, pues Federico lo conoció antes de irse a Sudamérica, a principios de 1932, durante el carnaval en Granada, existen seis cartas dirigidas a él entre finales de ese año y principios 1933. Eduardo era alto, apuesto, de ojos oscuros, trabajaba en un banco y llevaba una vida más bien aburrida y solitaria, se refugiaba en la poesía que escribía en secreto, pero le hacía falta un poco de la vitalidad del arte y la cultura, esa vitalidad llegó cuando apareció Federico en su vida: “creo que estás muy solo y necesitas que yo te dé un poco de optimismo”, le escribe el poeta. Aunque las cartas son de esos años atrás, para 1936 seguían frecuentándose en Granada las veces que Federico iba a visitar a su familia. Eduardo y Federico, cuenta Gibson, se vieron los días previos a la captura y fusilamiento del poeta, cuando el ambiente hostil tenía a Lorca tenso y quizá arrepentido de haber ido a Granada, en lugar de estar viajando a México, pues hasta entonces cayó en la cuenta de que se había ido a meter a una ratonera.

Acción performática Saca Nocturna para recordar a Federico García Lorca, celebrada la noche del 17 al 18 de agosto pasado en Madrid. Kiko Huesca/EFE

Enlazando las historias se puede concluir que para julio de 1936 el enamoradizo de Federico tenía tres amores, sus “Tres Erres”, aunque nada formal con ninguno: Eduardo Rodríguez Valdivieso, Rafael Rodríguez Rapún y ahora también a Juan Ramírez de Lucas. Rafael murió en una batalla en Santander el 18 de agosto de 1937, justo un año después que Lorca, a los 25 años; Eduardo sobrevivió hasta 1997 y poco antes había dado a conocer las cartas del poeta, que donó a la Fundación García Lorca; Juan murió en 2010 a los 93 años y un par de años después se publicó la carta por la que ahora sabemos que el padre le negó el permiso. Si García Lorca no vino a México en parte fue porque no quería separarse de Rafael, seguía viendo a Eduardo y porque a Juan no vendría con él. En varias de sus obras de teatro el tema central son las consecuencias trágicas del amor o, mejor dicho, el amor y las tragedias que trae consigo. Al quedarse en España por sus tres amores, Federico protagonizó así su propia tragedia lorquiana.

*A punto de terminar este texto me entero que próximamente se publicará Recuerdos, las memorias de Juan Ramírez de Lucas, en Seix Barral, que seguramente aclarará más esta historia.