¿Cómo hablar del arte virreinal en el siglo XXI?

Símbolo y reino abre hoy al público en el Museo Nacional de Arte, con obras de ese museo así como del Nacional de Historia y del Soumaya

¿Cómo hablar del arte virreinal en el siglo XXI?
Las 60 obras podrán apreciarse en seis salas del Munal hasta noviembre; figuran obras de Andrés de Concha, Baltasar de Echave Orio, Luis Juárez, Antonio Rodríguez, Juan Rodríguez Juárez, entre otros. Fotos: Germán Espinosa. EL UNIVERSAL
Cultura 21/07/2021 02:41 Sonia Sierra Actualizada 12:26
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No está en las escuelas ni en los artistas ni en los estilos el eje de la exposición "Símbolo y reino. Tres grandes colecciones novohispanas", que desde este miércoles se  podrá visitar en el Museo Nacional de Arte, y que coincide con los 500 años de la caída de Tenochtitlán. Son cerca de 300 años el periodo que abarcan las 60 obras que provienen de los museos Soumaya. Fundación Carlos Slim, Nacional de Arte (Munal) y Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec.

Sin detenerse tampoco en el sentido conmemorativo ni en discursos políticos los curadores buscan enfatizar símbolos del periodo novohispano y apostar por un diálogo entre esos símbolos y los espectadores del siglo XXI.

La exposición fue curada por Francesca Conti, del Museo Soumaya; Héctor Palhares, del Munal, y Erandi Rubio, del Nacional de Historia. Está distribuida en seis salas del Munal; se podrá visitar –con todas las medidas sanitarias- hasta noviembre, y después iniciará una itinerancia popor museos de Zacatecas, Monterrey, Chihuahua y Torreón.

Héctor Palhares, en entrevista telefónica, dice que esta muestra quiere construir una resignificación del arte virreinal, ser atractiva sobre para el público joven y que está lejos de hacer una lectura tradicional.

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Además de las obras -20 de cada uno de los tres museos-, contiene recursos como un micrositio, un catálogo virtual (no impreso), actividades académicas todos los jueves y, a partir de una beca de arte de la Fundación BBVA, que ganó el Munal,  dos salas con desarrollos tecnológicos: un video wall con 10 obras animadas, e instalación inmersiva  que a partir  del movimiento lleva a los símbolos civiles y religiosos destacados en la muestra.

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Coronas, espadas, ángeles, demonios, libros y vestimenta son parte de los núcleos de la muestra. 

- ¿Cuáles son esos símbolos predominantes?

-Lo que hemos privilegiado en la curaduría han sido quizás los más notorios y significativos dentro de la cultura civil y la religiosa. Hemos destacado, por ejemplo, el papel de las espadas para las vidas de los mártires o para la impartición de justicia; la corona, con una lectura de victoria en la tradición religiosa o como poder político en la tradición civil; el papel de los libros como lugar de conocimiento; el papel de  los textiles -nos seguimos presentando ante el mundo a partir de lo que usamos y así sucedía con la indumentaria religiosa o civil en la época virreinal, por el estatus, la orden religiosa, la casta-; los temas del bien y del mal, una constante en el imaginario novohispano son  las referencias al cielo y al infierno: ángeles, demonios que hoy son parte de la vida popular. La intención es traer estos símbolos a nuestra realidad, ver cuánto siguen vivos.

El curador explica que son con formatos muy diversos; por ejemplo, un biombo del Museo Soumaya; pintura sobre vidrios del Nacional de Historia que presenta dos pasajes dominicos, enconchados.

-Coincide con aniversarios como los 500 años de  la caída de Tenochtitlán, ¿qué periodo eligieron para la exhibición?

-“Símbolo y reino” forma parte de este contexto de efemérides: 500 años de la caída de Tenochtitlan, 200 años de la conclusión de la Independencia… Estas obras refieren qué implica y cómo resignificamos el papel de la Nueva España. Abarca desde la segunda mitad del siglo XVI, hasta inicios del siglo XIX en el contexto previo a la guerra de Independencia. No podemos olvidar que el siglo XIX, en este carácter criollo que desdeñó la herencia española y tuvo un arraigo con la tierra americana, dejó de lado la pintura virreinal. Será hasta fines del siglo XIX o principios del XX cuando vuelven a mirarse estas obras religiosas y civiles con la importancia de su contexto. Son obras que pertenecen a 300 años de vida novohispana, donde la fe católica, la Inquisición, la devoción y las procesiones populares convivieron con el ámbito de la vida doméstica, las fiestas civiles, el universo de las castas y tipología social. Vistas desde hoy nos permiten hacer una lectura panorámica de una reconciliación histórica. No es estigmatizar al indígena o al español, sino desde el siglo XXI qué  implican estos 300 años con su nutrido contenido simbólico. Las obras hablan por sí mismas a partir de estos ejes simbólicos.

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-Ha habido desde el actual gobierno un discurso de que España debe pedir perdón, ¿determinó algo en la exposición ese discurso?

-En realidad no. El sesgo que tiene esta exposición va más allá de cualquier discurso político, la intención es poner en valor las grandes colecciones plásticas, los aciertos de los pintores, los talleres, las grandes cualidades en técnica, composición, forma, color; que estas obras sean portavoces de un sentido de conciliación, de mirada compartida, mirada de  inclusión. Las obras hablan desde distintas perspectivas, algunas fueron creadas por encargo religioso, otras son testimonio de la variopinta sociedad virreinal; es cómo las vemos hoy, cuando somos México, resultado de un enorme mosaico de voces, culturas, credos, herencias. La coordenada de efemérides marca un periodo clave, pero sobre todo es preguntarnos qué implica desde el siglo XXI una exposición de arte virreinal. Es una lectura fundamentalmente artística y de vida cotidiana que nos ofrecen estas grandes obras. 

- ¿Qué hallazgos, entrecruzamientos en las obras de los tres museos, hubo? Arte indígena, presencia de la mujer…

-Fue un trabajo en paralelo y permitió entrecruzamientos, visitar bodegas, sacar a la luz obras inéditas o de tiempo sin exhibirse. Esta herencia de voces nos llevó, por ejemplo,  a una pieza señera del Castillo de Chapultepec, que es el retrato de doña Juana Cortés y Chimalpopoca, una cacica indígena, que aparece representada en un retrato de aparato –muy propio de la sociedad virreinal, para nobles--, con un huipil indígena bordado con hilos de oro y plata, ella se hizo monja; no sabemos el autor… la muestra no solo es de grandes nombres: Echave, Villalpando, Juárez, grandes dinastías, también a muchos anónimos… La exposición no privilegia la lectura tradicional de escuelas, estilos, pintores. A través de  guiños, como una mujer que transita de lo civil a lo religioso, nos dice algo distinto. Queremos con “Símbolo y reino” mirarnos, ver esa percepción del mundo que tuvieron hombres y mujeres que nos antecedieron.

La exposición, que realizan los tres museos, los Institutos Nacional de Bellas Artes y de Antropología e Historia, contó también con apoyo del Patronato del Munal. Incluye obras de artistas anónimos y de reconocidos pintores como Andrés de Concha, Baltasar de Echave Orio, Luis Juárez, Antonio Rodríguez, Juan Rodríguez Juárez, Cristóbal de Villalpando y Miguel Cabrera, entre otros.

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El dato

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Se ofrecen desarrollos tecnológicos como un video wall con 10 obras animadas y una instalación inmersiva

Frase

“El sesgo que tiene esta exposición va más allá de cualquier discurso político, la intención es poner en valor las grandes colecciones plásticas”Héctor Palhares. Cocurador de la exposición.
 

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