¿Cómo ha reaccionado la fotografía a la violencia del narcotráfico?

“Peep Show” es un libro de ensayos de Iván Ruiz, director del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, sobre las imágenes que registraron la violencia tras la declaratoria de guerra contra el narcotráfico de Felipe Calderón

¿Cómo ha reaccionado la fotografía a la violencia del narcotráfico?
Iván Ruiz, director del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM. Foto: Especial.
Cultura 01/07/2021 02:41 Sonia Sierra Actualizada 17:11
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En “Peep Show”, Iván Ruiz, director del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, se pregunta cómo ha reaccionado la fotografía frente a la ola avasalladora de violencia que se exacerbó con la declaratoria de guerra contra el narcotráfico del expresidente Felipe Calderón.

“Peep Show” y “Docufricción. Prácticas artísticas en un México convulso”, del mismo autor, son parte de un capítulo de investigación que define como Imagen y Violencia, donde construye una serie de reflexiones sobre trabajos específicos de fotógrafos, documentalistas, artistas y fotoperiodistas. El autor trabaja en el tercer libro de la serie.

Ruiz analiza fotografías de Fernando Brito, Adela Goldbard, Mauricio Palos, Guillermo Arias, así como trabajos más antiguos: desde el “Obrero en huelga asesinado”, de Manuel Álvarez Bravo, pasando por los retratos del cadáver de Emiliano Zapata, del Archivo Casasola, hasta la imagen “Adela Legarreta Rivas atropellada por un Datsun en Avenida Chapultepec”, de Enrique Metinides.

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Ésta última es una pieza donde Iván Ruiz reflexiona de manera particular sobre el acto de mirar desde los espectadores. Su libro “Peep Show” se refiere a dos formas de ver, la del mirón y la del vouyuer; el primero, desde el asombro; el segundo, con un interés de índole sexual.

De acuerdo con Iván Ruiz, su libro propone reflexionar cómo, particularmente, los fotoperiodistas, artistas y documentalistas capturan y procesan las imágenes cotidianas de colgados, cercenados, encobijados, encajuelados (en lo que llama “fotogramática del horror”), de una manera distinta a la que circula constantemente en los medios.

Su trabajo analiza 40 fotografías; se trata de imágenes seleccionadas porque, de acuerdo con el investigador, provocan un disentir, que son complejas y necesitan ser vistas con atención, y entrecruzan registros del arte, la estética, la política y el narcotráfico.

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Portada del libro. 

“En estas fotografías pobladas con cadáveres subyace una trama perversa que entrecruza registros del arte, la estética, la política y el narcotráfico. En esa medida son imágenes complejas que reclaman, aún con su carácter repulsivo, una reflexión más atenta sobre su discurrir en nuestro tiempo”.

Las imágenes seleccionadas por Ruiz para su análisis e investigación no solo comparten el registro de un instante ante un cadáver sino el hecho de que fueron tomadas para llegar a un medio, un diario, una revista, un documental, una agencia. Pero también han ido más allá: han sido ganadoras de concursos como es el caso de las imágenes de Fernando Brito de la serie “Tus pasos se perdieron con el paisaje”, que ganó un premio en el World Press Photo; han llegado a colecciones y museos internacionales, como es el caso de las fotos de Enrique Metinides. Pero sobre todo son una memoria, una forma de ver diferente, más allá del horror. Esa secuencia que continúan las fotografías es parte de los análisis que construye el autor.

El libro fue publicado en la colección Transfiguraciones de la Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial de la UNAM. En él, Ruiz utiliza varias formas de escritura. En la última parte, toma algunos ejemplos de fotografías, cuenta la historia de esa imagen, el hecho en sí, y analiza los detalles, desde la mirada del que la tomó, hasta las condiciones como fue ultimada la persona.

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En torno de la incidencia del narcotráfico sobre la fotografía escribe que “ha remodelado las condiciones de visibilidad de un entorno vehemente que demanda ser registrado bajo códigos alternativos de representación, distintos de los que han hecho del primerísimo plano del cadáver una posición cotidiana para narrar la crónica de la desgracia ajena”.

El investigador trabaja en torno de las obras de fotógrafos que se han desviado de la manera de documentar oficial, se desligan del horror, y buscan producir  otra documentación
 

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