Cervantino, un tímido retorno a la fiesta

El primer fin de semana el festival recibió a visitantes nacionales y extranjeros pero la cifra aún está lejos de la de otros años; lentamente, Cuba y Coahuila jalan público con su arte y cultura

Cervantino, un tímido retorno a la fiesta
La ciudad volvió a tener actividades artísticas y exposiciones en espacios públicos, y público en los teatros; Cuba, país invitado, ofrece su cultura e historia. Fotos: Juan Boites/ EL UNIVERSAL.
Cultura 18/10/2021 02:40 Alida Piñón Actualizada 10:09
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Guanajuato, Gto. —El bullicio cervantino rompió la cotidianidad pandémica de la ciudad de Guanajuato. Las calles, poco a poco, empiezan a llenarse de hombres y mujeres, de jóvenes que se reencuentran para recuperar el espacio público, para cantar, reír, bailar, esconderse en la oscuridad de un callejón y besarse sin final, o amanecer con una cerveza en mano contando las historias que recuerdan que estuvo muy cabrón el último año y medio. Y pese a todo, la fiesta ¿continua?

30% DE AFORO en las funciones es una de las medidas para evitar contagios de Covid-19

No hay júbilo que pueda echar a patadas de la memoria que el virus SARS-CoV-2 sigue aquí, habitando cuerpos y espacios. La disciplina del uso de cubrebocas y el gel antibacterial es notable en la capital del estado que ocupa el 4° lugar en tasa de incidencia de casos activos, con el 12.2% (4, 487) del total nacional y con el 61% de la población que ha recibido alguna dosis de los biológicos.

Hasta ayer, el estado huésped de la fiesta del espíritu estuvo en semáforo amarillo con alerta. Hoy, tras dos meses, se quitará la alerta, pero permanece el mismo color. En el fin de semana, con el arranque de la 49 edición del Festival Internacional Cervantino (FIC), con las actividades en distintos espacios, con la llegada de miles de turistas de México y el extranjero, con la vida nocturna, la audacia del aquí y el ahora se impone.

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En 2020, los organizadores del FIC decidieron un par de semanas antes de que iniciara la edición 48, que no había condiciones para que fuera presencial y, por primera vez en su historia, se ofreció una edición virtual de cinco días. Las cifras, como siempre, se ofrecieron con ese tono triunfador institucional: 2 millones de personas observaron la programación a través de redes sociales y 300 mil a través de la página oficial. Se presumía el éxito frente al pánico del sector restaurantero, turístico y hotelero que intentaba sobrevivir al año más difícil de la historia reciente.

Dolores y María, recamareras de un hotel cercano a la Alhóndiga, recuerdan los meses aciagos. “El dueño tiene cinco hoteles, cerró tres durante prácticamente todo el 2020, nosotras nos fuimos a nuestras casas, a hacer trabajos de limpieza en hogares que nos dejaban, a vender cosas, nos enfermamos, fue horrible”, dicen casi a coro. Hace un par de semanas los tres hoteles reabrieron y volvieron a su trabajo. “Ya se nota que hay Cervantino, tenemos más habitaciones llenas, pero no tantas como antes, quizá es por la pandemia”, recalca Dolores.

Como ellas, meseros, taxistas, vendedores ambulantes, mariachis, estudiantinas, vendedores de círculos turísticos, artistas urbanos, tríos, comerciantes, choferes, gerentes de hoteles y restaurantes, coinciden en que el Cervantino ha venido a dar un poco de color a la ciudad, pero no son los mismos colores brillantes de años atrás. “Hace un par de años que el FIC dejó de promocionarse como antes, apenas hay afiches en las calles, a duras penas te enteras de los eventos, pero sí es cierto que gracias al FIC hay más gente desde el viernes, pero pocos nos están contratando”, dice Manuel, mariachi en uno de los parques más famosos de la ciudad. ¿Y el Covid? “Hay que cuidarnos lo más que se pueda”.

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La Alhóndiga de Granaditas volvió a ser espacio más concurrido del FIC. El viernes, el Septeto Santiaguero, ganador del Grammy Latino, invitó a bailar guaracha, changüí, danzón y guaguancó-son, llenos de energía pedían baile y manos arriba; pero enla noche inusualmente calurosa de octubre no terminaba de encender el ánimo. Hasta que sonó “Chan Chan”, el clásico de Compay Segundo, un himno casi nacional de la isla que transporta a los pocos más de mil visitantes a las calles de La Habana. Entre el público ondean banderas de Cuba, país invitado de honor, grupos pequeños bailan coreografiados y de pronto algunos gritos incomodan: “¡Viva Cuba libre!”. Una voz intenta acallar a la disidencia: “asere, respete”.

Aquí nadie habla de Cuba y menos de las últimas semanas que han puesto a la isla en el ojo del huracán tras las históricas manifestaciones de artistas disidentes y de la sociedad, ni de los señalamientos de organismos internacionales y varias naciones que acusan al gobierno de Miguel Díez-Canel de no respetar los derechos humanos de los cubanos. No, aquí, en la Casa de Cuba, se oye en una de las calles principales son y danzón, se venden habanos, artesanías, guayaberas y libros sobre el Che, Fidel e historia de la Revolución. Y nada más.

EL DATO:
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Un toque de música

Es sábado y en la ExHacienda San Gabriel, The Fara Fara Boys una agrupación de música norteña “fara fara”, de Coahuila, el estado invitado de honor, no necesita del ánimo nocturno para conseguir que el centro y el norte del país se unan un mediodía para cantar con el corazón temas que se volvieron clásicos del género como “No hay novedad”, original de los Cadetes de Linares. Quién se resiste a “quisiera que me hicieras mucha falta y gritarte que regreses, pero aquí no hay novedad”. Ay, ay. Una pareja junta sus cuerpos, baila, brazo sobre un hombro y el otro en la cintura. La piel se enchina porque sí que ha habido novedad.

Mientras las calles se recorren, en los teatros y espacios está esa otra forma de recuperar lo arrebatado. En el Teatro Principal se presenta Juguetes rotos de Producciones Rokamboleskas, sobre la identidad sexual y la brutal represión de la España franquista de los 60 y 70. El dolor de una generación entera, la imposibilidad del amor, la condena de muerte por sólo ser, lleva al público a ponerse de pie. Una ovación a los actores, a la producción, y a nosotros por atrevernos al reencuentro.

Sí es cierto que gracias al FIC hay más gente desde el viernes, pero pocos nos están contratando. (Del Covid) hay que cuidarnos lo más que se pueda”: Manuel, músico de un mariachi de Guanajuato.

Cae la noche y mientras Triciclo Circus Band provoca a la gente en la Alhóndiga, con su fusión de música gitana, polka, jazz y ska, y dedica una canción a los que fallecieron a causa del Covid-19; en el corazón de Guanajuato se desafía a la pandemia. Los antros están a reventar, las filas crecen aquí y allá. El cubrebocas se guarda como el miedo. La multitud en las calles principales, en donde se vende comida y convergen las callejoneadas, provoca también la dispersión hacia otras calles para huir de la aglomeración y de nuevo baja la marea. Hay hoteles que aseguran tener mayores reservas para el tercer fin de semana del FIC. Los comerciantes se persignan porque el ambiente tibio parece ser el preámbulo de un cierre encendido. ¿Y el Covid? Sigue aquí, entre nosotros, tan presente como la necesidad de la recuperación económica. El 31 de octubre, el último día del FIC, se sabrán datos de visitantes y derrama económica; las cifras diarias de casos activos en el estado podrán ser indicadores sobre si las medidas sanitarias funcionaron o no, o si hay mucho que aprender sobre el primer año de la fiesta del espíritu en medio de la pandemia del siglo.

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 El Septeto Santiaguero se presentó en la Alhóndiga de Granaditas; las calles de noche aún no están llenas. 

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