CDMX: más allá de divisiones de poniente y oriente

Expertos coinciden en que por encima de conclusiones clasistas tras las elecciones, existen en la ciudad otras fronteras: geográficas, sociales; y que la marginalidad en muchas zonas está asociada a la carencia de infraestructura de servicios

Arquitectos analizan divisiones de la CDMX más allá de la política
El barrio popular Izcali Chamapa, en Naucalpan; y al fondo, edificios de lujo en el mismo municipio. Foto: Valente Rosas/El Universal.
Cultura 24/06/2021 02:40 Sonia Sierra Actualizada 09:10
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La Ciudad de México no es “Berlín oriental y Berlín occidental; esa es una mentira” y el resultado de las elecciones del 6 de junio corresponde a múltiples causas y cuestiones: “Verlo así es esquematizar, es no tomar en cuenta la historia y la geografía de la ciudad. Hay muchas luchas y sombras en esta ciudad; hay cruzamientos y los intercambios son permanentes”, opina el arquitecto Felipe Leal

“Sí hay una división, pero es a nivel de las posibilidades y la infraestructura.. Pero no existe esa división clasista que se planteó (tras) las elecciones”; Felipe Leal, Arquitecto.

Respecto a la división entre poniente y oriente tras las elecciones, EL UNIVERSAL habló con varios arquitectos sobre las fronteras y divisiones que existen en la sociedad de la Ciudad de México, qué de eso refleja la arquitectura, y la convivencia diversa que tiene lugar en esta ciudad.  Felipe Leal, Miquel Adrià y Saúl Alcántara Onofre ofrecen interpretaciones amplias del tema; van a la historia de las muchas ciudades que ha sido ésta, a la concepción compleja que encierra una ciudad,  y destacan la riqueza social de la capital.

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 La Ciudad de México es mucho más que una división entre poniente y oriente: tiene un centro —que va más allá de la ciudad histórica— con mayores accesos y desarrollo, frente a periferias con problemas de agua, espacio público y transporte; un norte industrial frente a un sur con infraestructura cultural y educativa; un norte y oriente áridos, en contraste con el sur y el poniente con mayor vegetación; luego están la ciudad urbana frente a la ciudad rural, o pueblos originarios en medio de grandes polos de desarrollo. Algunos de esos contrastes son el pueblo de Xoco y su vecina, la torre Mitikah; otro es Santa Fe y el antiguo pueblo; Reforma mismo tiene zonas opuestas socialmente.

“Clavarnos en la exclusión no hará más que exacerbar una cerrazón que no ayuda a enriquecer una metrópolis tan rica como la CDMX” ; Miquel Adrià, Director y fundador de Arquine. 

 Los arquitectos coinciden en que una gran división tiene que ver con la falta de servicios e infraestructura; que ahí sí puede hablarse de exclusión. Esa diferencia es algo que no sólo es problema del oriente; la ciudad se fue construyendo desde el centro hacia periferias, en algunas de las cuales se deben atender temas de vialidad, mercados, agua, educación. En el pueblo de Santa Fe, en las laderas de la Magdalena Contreras —ambos casos en el poniente— hay marginalidad. Miquel Adrià, director y fundador de  Arquine, y director de las Maestrías de Arquitectura de Centro, asegura: “Clavarnos en la exclusión, en la diferencia entre oriente y poniente, no hará más que exacerbar una cerrazón que no ayuda a enriquecer una metrópolis tan rica y potencialmente tan importante como la Ciudad de México”.

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Vista de la parroquia de San Sebastián en el pueblo de Xoco, cercado por edificios como la Torre Mitikah. Foto: Berenice Fregoso/ El Universal. 

Felipe Leal considera que la división que se hace tan radical, con un eje poniente y oriente, es muy reduccionista: “El oriente de la Ciudad sí carece de infraestructura frente a una parte de la ciudad que está más consolidada (poniente y ciudad histórica). Sí hay una división, pero es a nivel de las posibilidades y la infraestructura: la del agua, la de las vialidades, la de las comunicaciones. Pero no existe esa división clasista que se planteó con relación a las elecciones”. 

“¿Qué sucede después de los años 50? Que es más barato ir a construir a esas zonas de mayores riesgos, la zona oriente”; Saúl Alcántara, Arquitecto paisajista.

El espacio público, el verde, la carencia de infraestructura cultural y de parques son otras nociones que abren grandes brechas, advierte el también arquitecto e investigador de la UAM, Saúl Alcántara Onofre. La ciudad es una elección Vivir en una ciudad es una elección. De ahí parte Miquel Adrià: “La ciudad es el lugar plural, complejo, también el lugar de los conflictos y donde hay que resolverlos. 

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El caso de la Ciudad de México, donde hoy, por estas elecciones, se ve tan claramente dividida entre un poniente y un oriente, denota obviamente el rechazo a un cierto tipo de política que no ha ayudado a atender las necesidades de una mitad de la población, cuando anteriormente tenía una mayoría absoluta. Sí se da una señal para los gobernantes actuales, pero no hay que olvidar que el objetivo de la ciudad es pensarla como un lugar para todos, con esa complejidad. 

No puede haber una ciudad excluyente por definición; cuando en una ciudad ha habido guetos ha sido el principio del fin. La ciudad que queremos es la que va a poder mantener esa complejidad, esa diversidad, y esa capacidad de aceptar las diferencias de todos sus ciudadanos.

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Zonas altas de la alcaldía Magdalena Contreras, frente a áreas de mayor desarrollo económico. Foto: Germán Espinosa/ El Universal.

 Una sociedad infraequipada expulsa grupos a periferias, tiene mucha dificultad de accesibilidad y los perpetúa a una situación de marginalidad. Empujar hacia esas periferias remotas no hace más que seguir en la marginalización y eso no da oportunidades de mejor futuro a esas poblaciones”. Simplificar  no ayuda “Hay una terrible falta de infraestructura en el oriente sí, pero la división de la sociedad es más compleja. 

Lo que hay que analizar es cuál es la percepción de la sociedad, de los que habitamos la ciudad de México, con las políticas actuales. Cómo han afectado decisiones sobre el aeropuerto o la desviación de las rutas aéreas; son acciones, descuidos, medidas y quien más lo sufre es la clase media, maestros, alumnos, que han visto impedida la realización de su trabajo”, dice Felipe Leal, exdirector de la Facultad de Arquitectura de la UNAM y miembro de El Colegio Nacional. Considera que hay un esquema absurdo en la idea de que en el poniente todos son fifís y que no hay marginación: “Álvaro Obregón, Tlalpan, arriba en Cuajimalpa o en Miguel Hidalgo hay carencias y zonas de marginación; la parte superior de Magdalena  Contreras tiene graves problemas de marginación y el acceso a la vivienda implica unas escalinatas enormes, una vivienda sin drenaje y violencia. En el oriente hay graves carencias pero también encontramos que en torno del Aeropuerto hay unidades habitacionales de muy buen nivel,  como en la Jardín Balbuena; en torno de la Central de Abastos hay fraccionamientos muy buenos; la ciudad histórica creció hacia el poniente, pero también alrededor del Centro hay marginación: Peralvillo, Tepito, y esa no es clase media acomodada, fifí. 

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El Ajusco, una zona rural, cada vez está más cercado por el crecimiento urbano. Foto: Germán Espinosa/ El Universal.

De modo que esa división de clases está llena de luces y sombras. “Hay muchos ángulos por donde ver las divisiones. Por la topografía, desde la parte fundacional se fue desarrollando esta  especie de crin norte-sur, y a partir de ella creció hacia poniente-oriente. Entonces hay una división centro-periferia. Hay marginación en zonas de montaña al igual que en todas las llanuras de Iztacalco, Iztapapala. 

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Y hay otra división que es la rural: Xochimilco, Milpa Alta, Tlalpan, Tláhuac y parte de Iztapalapa; las divisiones tienen que ver con los recursos naturales, también. Por eso es que es muy esquemática esta idea, es clasista, es no conocer la historia y la composición social, antropológica, de la ciudad”. Las ciudades de México Saúl Alcántara, arquitecto paisajista, miembro del Seminario de Cultura Mexicana e investigador de la UAM Azcapotzalco, construye una memoria de la Ciudad de México; recapitula que han sido cuatro ciudades en el tiempo: la prehispánica —de la que destacada, sobre todo, la relación muy estrecha con la naturaleza: “era sagrada”—; la segunda fue la de los españoles que se asentaron en el centro, y que se basó en el Tratado de Arquitectura de León Batistta Alberti y que inició una de  las mayores tragedias de esta ciudad: desecar los lagos; luego fue la ciudad barroca y finalmente la neoclásica. En la segunda mitad del siglo XX se produjo la  mayor transformación con el crecimiento demográfico: “Tenemos la ciudad del centro, y se mantienen los pueblos originarios que a la fecha se conservan. ¿Qué sucede después de los años 50? Que es más barato ir a construir a esas zonas de mayores riesgos, la zona oriente, la de los lagos, ya desecados prácticamente, con problemas de inundaciones, de salinidad, de hundimientos diferenciales. La ciudad se consolida prácticamente en el XIX, pero no en el oriente que crece sin espacios abiertos, sin jardines,  con un urbanismo decadente, una densidad enorme y un riesgo gigantesco en hundimientos diferenciales y problemas de agua; la mayor cantidad de gente que vino del campo se fue hacia el oriente. 

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Las viejas vías del tren a su paso por la colonia Atlampa, en Insurgentes Norte. Foto: Diego Simón/ El Universal.

En esa área se pavimenta todo, no penetra agua al subsuelo, y por lo tanto en esa zona se hunde la ciudad 25 centímetros al año… Hay una mayor división relacionada con la carencia de infraestructura. La ciudad también se divide en un norte y un sur, un norte industrial, sin parques, y un sur que tiene todos los servicios, infraestructura cultural de primera. En tiempos prehispánicos había una armonía entre las obras del ser humano con las de la naturaleza. Propuestas “Hay que tejer más el oriente con el poniente; la  Línea 2 del Metrobús, de Tepalcates a Tacubaya lo trató; la línea 12 del Metro, tan vapuleada ahora, también. Aunque ha habido esfuerzos -está la UAM, por ejemplo-, se requiere en el oriente más infraestructura educativa;  a Iztapalapa le faltan mercados, tiene carencias de agua, y requiere infraestructura educativa y de salud”, plantea el arquitecto Felipe Leal.

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 Miquel Adrià propone: “Se debe pensar en términos metropolitanos y un buen gobierno metropolitano será el que piense en mejorar las infraestructuras y la movilidad. Una ciudad contemporánea no es la que privilegia el carril de bicicleta, el transporte privado, sino aquella que es capaz de tener una red compleja de transporte público, y también de aceptar el privado, y ofrecer carril de bicicletas,  acceso a patinetas, y poder caminar por la banqueta de manera segura, y con un espacio público de calidad. Una gran oportunidad en México es la infraestructura de ejes viales; se pueden transformar en avenidas que permitan unas mejoras en el transporte de superficie, que acepten esa complejidad: el coche privado, los carriles de bicicletas, el ser vías amables  donde los ciudadanos podamos gozar de la ciudad sin la sensación de que nos van a atropellar”. 
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El entorno del Museo Soumaya tiene altos contrastes. Las vías férreas también pasan por ahí. Foto: Valente Rosas/ El Universal.
 

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