La vista como un papel teatral que habitan las personas, ¿obedece a una predestinación, un dios, una especie de autor? ¿O es el trabajo de una población conducida colectivamente a la imposibilidad para cambiar personajes y clases sociales?

se plantea estas preguntas en la adaptación que hace de "", de Pedro Calderón de la Barca, en el Carro de Comedias de Teatro UNAM.

Obra "El gran teatro del mundo". 
Foto: Pili Pala, cortesía
Obra "El gran teatro del mundo". Foto: Pili Pala, cortesía

¿Hay un dios, autor de cada vida, o existen otras circunstancias que guían a la humanidad a través de su destino.

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¿Somos producto de nuestras acciones, o de alguien más que decide sobre nosotros?", se pregunta Carreño. Hay un autor que llama a actrices y actores para hacer la representación del teatro de la vida y, conforme los ve, les otorga personajes. Algunos, como la abundancia o la riqueza, son deseados; otros conllevan desventajas (el trabajador, la pobreza).

“La obra trata sobre cuestionar paralelamente si este teatro, que estamos presenciando, es el mismo teatro de la vida. Y si los papeles, repartidos de una manera particular, se han repartido igual en la vida que llevamos”. Cada persona tendrá sus conclusiones, continúa el director y enfatiza que, desde el escenario, él plantea sus propias preguntas y respuestas con esta adaptación: "Creo que somos el resultado de nuestras acciones, aunque tampoco me parece que se trate de una cuestión tan individual".La primera intención de Carreño fue remontar un clásico, intervenirlo, dialogar con él y adaptarlo hacia un cambio de época.

Obra "El gran teatro del mundo". 
Foto: Pili Pala, cortesía
Obra "El gran teatro del mundo". Foto: Pili Pala, cortesía

“Vivimos, como sabemos, en una sociedad donde las acciones de las otras personas también afectarán a nuestra propia vida. Para mí se trata de mirar eso: somos el resultado de nuestras acciones, pero también nuestras acciones benefician o dificultan la vida de otras personas. Quiero mostrar eso con el personaje del rico y del pobre. Sé que puede sonar, quizá, como una pastorela. La obra de Calderón, perfecta y magníficamente bien escrita, prevalece por eso y se basa en estos simbolismos para tener cierta didáctica (la religión, en este caso) para explicar las cosas. Creo que su obra ha trascendido porque no sólo explica la religión a la que pertenecía, sino que deja la pregunta abierta. ¿De dónde venimos?, ¿hay alguien que nos dirige?, ¿podemos tomar las riendas de nuestro propio personaje?”

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Aunque El gran teatro… es un auto sacramental en el que Calderón se sirve de elementos católicos para explorar la metáfora de que la vida es un teatro, las preguntas de Carreño se inclinan hacia la lucha entre el control de la propia vida y una forma de predestinación a la que cada persona puede ponerle el nombre que más le agrade.

La obra puede verse los sábados y domingos, a las 11:00 horas, en la explanada de la fuente del Centro Cultural Universitario (Insurgentes Sur 3000). La entrada es libre. La temporada termina el 15 de febrero. En escena están: David Barrera Bautista, Tamara G. Cano, Rosa Luna, Paulina Márquez, Marlon Perzabal y René Segreste.

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melc

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