La historia detrás del polémico saludo del poder negro que atletas realizaron en los olímpicos de México 68

En aquella ocasión Tommie Smith no sólo hizo historia con su acto de protesta, sino que tuvo una actuación que lo llevó a romper un récord mundial

Así fue el saludo del poder negro de los olímpicos de México 68
De izquierda a derecha: Peter Norman, de Australia, Tommie Smith y John Carlos, ambos de EU. Foto: AP Photo, archivo
Cultura 07/07/2021 17:35 Redacción México Actualizada 17:35
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Aunque el espíritu de los Juegos Olímpicos sea apolítico, el evento deportivo más importante a nivel mundial ha tenido sus momentos donde las protestas se roban el reflector. Tal fue el caso de Tommie Smith y John Carlos, dos atletas que expresaron su inconformidad ante el racismo en Estados Unidos.

Smith y Carlos ganaron la carrera de 200 metros planos en primer y tercer lugar, respectivamente. Al recibir sus medallas, los estadounidenses levantaron el puño derecho en señal de protesta, gesto conocido como el saludo del poder negro.

La manifestación captó los titulares a nivel internacional, generalmente de forma positiva, sin embargo, el acto no fue bien visto por parte de las autoridades estadounidenses ni por las de los Juegos Olímpicos. Ante la amenaza de descalificar a todo el equipo norteamericano, la delegación estadounidense expulsó a Smith y Carlos de los Juegos y recibieron un castigo económico. 

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En aquel entonces, se cuestionó el por qué se había permitido el saludo Nazi anteriormente, a los que un vocero del Comité Olímpico dijo que se trataba de un saludo nacional, por lo que era válido en competencias internacionales, mientras que el saludo negro era un quebrantamiento “deliverado” y “violento”. 

Así fue como EL UNIVERSAL cubrió la carrera de 200 metros planos en la que Tommie Smith marcó historia en 1968.

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Foto: Hemeroteca El Universal

Tommie Smith hizo 19.8 en los 200 metros planos

17 de octubre de 1968
Por Manuel Barragán

Para Tommie Smith, campeón olímpico de 200 metros planos y cuyo tiempo de 19.8 constituyó nuevo récord olímpico y mundial, fue más importante, como para su compatriota y hermano de raza, John Carlos ocupante de la tercera plaza con 20.0, dejar demostrado en un escenario que se prestó magnificamente para ello:

¡El poderío de la raza negra!

Smith y Carlos —el australiano de raza blanca Peter Norman se colocó entre ambos con 20.0— tenían ante sí, con los 200 metros ante ellos, la oportunidad de enseñar a todo el mundoque los negros tienen y tendrán por mucho tiempo al mandato en las carreras. Razón por la cual, tan pronto como les fue dada la señal de largada, partieron como rayos, se lanzaron hacia la conquista del triunfo, de los récords y de la reafirmación de sus convicciones basadas en el color de su piel.

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Con el número 307 en el pecho y espalda, Smith, quien se asegura ya ha corrido la distancia en 19.7 tomó la delantera a las primeras pisadas; atrás de él, Carlos y muy cerca Norman con Edwin Roberts, Trinidad, Roger Bambuck, Francia, Larry Questad, el otro norteamericano, Michael Fray, Jamaica y Joachim Eigenherr. Alemania, ¡pisándoles los talones!”.

Al entrar a la curva, la expectación y el silencio reinante durante los “trámites” de la salida, estallaron en todo el estadio en gritos de admiración y emotivo reconocimiento de la velocidad que imprimían todos, especialmente los dos norteamericanos y el australiano, aunque, nadie podía precisar en esos momentos cuál de los ocho movía con mayor velocidad sus piernas o quien llevaba la mayor velocidad.

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Foto: Dominio Público

Todos, sin excepción, con las piernas extendiéndose al frente, una; mientras la otra impulsaba al cuerpo; la zancada tan larga como si con pocas quisieran subir la media vuelta de la pista, los brazos rítmicamente acompasado por el movimiento constante, rápido de sus piernas. Todos con la ilusión de llegar a la meta primero, con la idea de acabar con los tiempos existentes.

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Metros antes de la meta, Smith, en señal de poderío de supremacía, izó los brazos en señal anticipada de triunfo. Pero ni ello fue suficiente para que el australiano Norman lo pasara y lo más que pudo hacer este velocista fue llegar antes que Carlos, rompiendo así el inminente “1-2” norteamericano, de atletas de color.

Smith siempre creyó y confió en su triunfo.

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Tommi Smith y John Carlos elevan su puño a las afueras del Comité Olímpico de México, en 2008. Foto: AP, archivo

También en que lograría un nuevo récord del mundo en el que despedazaría por completo el tiempo olímpico -y que es recordado por otro negro, H. Carr con 20.3 en los juegos de Tokio.

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Fue uno de los triunfos más claros y contundentes así mismo extraordinarios de que tenga memoria. Seguramente que si el tremendo Smith no levanta antes de la meta los brazos, ahora estaríamos hablando de un 19.7 ¡o menos!, pero a él le importaba ganar y dejar antes de la meta constancia absoluta y real poderío.

Este atleta así expresó la supremacía de los de su raza para las competencias de velocidad.
 

fjb

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