Antes de morir, Ramón López Velarde confesó a un amigo su temor a ser enterrado vivo

Se cumplen 100 años de la muerte del autor de “La suave patria”; así fue como EL UNIVERSAL cubrió su muerte

Centenario luctuoso Ramón López Velarde
Foto: Hemeroteca El Universal
Cultura 19/06/2021 16:12 Redacción México Actualizada 20:02
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“Ven madre mía y llora en mis manos, que quiero llevarme tus lágrimas”, fue como Ramón López Velarde, considerado "el poeta nacional", se despidió de su madre en sus últimos momentos de vida, según reportó EL UNIVERSAL hace 100 años, en junio de 1921.

El poeta falleció por “una breve enfermedad” -una bronconeumonía complicada por su padecimiento de sífilis según se lee en su acta de defunción- y aunque un día antes de su muerte había optimismo por parte de los médicos que lo atendían, sus últimas horas fueron “muy tristes, patéticas”, describió esta casa editorial, que detalló que poco antes de fallecer, López Velarde le expresó a su amigo Jesús González su temor de sentir las mordidas de los gusanos, una vez enterrado.

Al funeral de Ramón López Velarde asistieron José Vasconcelos, Jaime Torres Bodet, Carlos Pellicer, por mencionar algunos. Su despedida se llevó a cabo en la Universidad Nacional.

Ayer murió el culto poeta Ramón López Velarde

20 de junio de 1921

Su cadáver se encuentra en la Universidad.- Hoy a las 11 a.m. será inhumado en el Panteón Francés

Un doloroso acontecimiento ha venido a llenar de luto a las letras patrias. Luto prematuro es ese, y, por lo mismo, tanto más doloroso: Ramón López Velarde tiene una doble significación angustiosa. México pierde con él a un gran poeta por lo que hizo, y llora sobre su tumba también la esperanza fallida de un poeta genial.
Pasó por letras patrias como un meteoro.

No conoció López Velarde las debilidades del principiante; o, si las tuvo, supo ocultarlas con gentil pudor. Llegó a la justa de las letras armado de punta en blanco, con la espada bien forjada, el áureo casco y la coraza reluciente, paladín listo para ganar victorias. Y las ganó. Su primera victoria fue “La Sangre Devota”.

Libro por todos conceptos admirable, “La Sangre Devota” fue para nosotros la revelación de un nuevo género de poesía. Asomándose a su propia alma, y asociándola íntimamente con el ambiente provinciano, López Velarde nos ofreció nunca vistos paisajes espirituales de la patria. Era en poesía lo que Saturnino Herrán fue en pintura; lo que en música Manuel M. Ponce. A la sombra de los campanarios pueblerinos del Bajío; en el ajetreo familiar de la plaza de las armas; ante la reja de la ventana adonde se asomaba la novia eterna, o junto a los arcaicos muros coloniales de su vetusta Zacatecas, por boca de la musa de Ramón habló el alma de México.

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Ramón López Velarde era, sin embargo, un espíritu fuerte. Su fuerza resolvíase en inquietud, en ansia perdurable de construir. Vino y venció, y, sin embargo, la victoria parecióle fácil y hubo de aspirar a otras constantemente renovadas. El poeta creía no haberse encontrado a sí mismo, allí donde nosotros le habíamos encontrado. Penetraba más y más hondo en su alma, ansioso de arrancar de ella una divina luz. Y de ahí nació “Zozobra”. Los poemas de “Zozobra” representan en la vida literaria de López Velarde el comienzo del viaje por nuevas rutas. ¡Quién sabe adónde hubiera él ido a parar! ¡Quién sabe qué misteriosos horizontes hubiera acabado por descubrirnos! En las páginas de “Zozobra” veíamos, como en encrespado mar, el esquife de oro del bardo enderezando la proa hacia playas ignotas a las que apuntaba la brújula inquieta de su genio…

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Retrato de Ramón López Velardo por Saturnino Herrán. Imagen: Archivo

Y con el poeta corría parejas el hombre. Pocos espíritus tan llenos de unción y de bondad como el suyo. Aquella corporal envoltura recia encerraba un corazón abierto a todas las solicitaciones del amor y del dolor. Quien estrechó la mano de Ramón López Velarde tuvo siempre la sensación de que la animaba un noble calor de sinceridad. Era un gran muchacho. Hombre fuerte con alma ingenua y diáfana de niño. Apartado de toda miseria, lejano de toda ruindad, huyó siempre de la cadena imperativa de los cenáculos. Jamás pontificó. Era complicado y sencillo a la vez en su arte, de igual suerte que solía serlo en la vida. A su paso no nacieron en el sendero cardos de inquina; florecieron rosas, y la memoria que deja es la de una perenne, adorable, magnífica sonrisa…

EL UNIVERSAL se asocia, con profunda pena, al dolor de la familia del ilustre desaparecido; y siente -porque también es suyo- el luto de las letras patrias que acaban de perder, arrebatado en plena juventud, en una maravillosa primavera de talento y de vida, al gran poeta a quien tanto empezaba a deber y de quien tanto esperaba México.

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La noticia de la muerte

Todavía el sábado por la tarde y aún en la noche, los doctores que atendieron durante su breve enfermedad al poeta don Ramón López Velarde, tenían esperanza de salvarlo, pero desgraciadamente sus esfuerzos fueron vanos, pues a la una y veinte minutos de la madrugada del domingo, murió.

Desde las primeras horas de la noche y hasta que llegó su muerte, el poeta López Velarde estuvo acompañado por sus más íntimos amigos, además de sus familiares; sus señora madre, doña Trinidad Berúmen viuda de López Velarde, sus hermanitas Guadalupe y Aurora, y sus hermanos Jesús, Pascual, Trinidad, Leopoldo y Guillermo; sus amigos don Rafael López, doctor Pedro de Alva, doctor Francisco Medina, Enrique Fernández Ledesma, el pintor señor Garduño, el licenciado Alfonso Cravioto, el diputado Jesús González.

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Poema de Ramón López Velarde publicado el 12 de octubre de 1917 en EL UNIVERSAL Ilustrado. Imagen: Hemeroteca El Universal

Quién era López Velarde

Ramón López Velarde nació en el pueblecillo de Jeréz en el Estado de Zacatecas, el día 15 de junio de 1888. Por tanto, el día 15 de junio del actual, cumplió treinta y tres años. Nos dijo el señor Rafael López, que a Velarde, los escritores más serios lo han considerado como a maestro de la juventud actual. Sus composiciones parecían incomprensibles, lo que originaba que la crítica superficial de algunos, lo aceptaran con reservas: pero su obra es única por su originalidad, y por la pureza de su forma. Siempre supo hacer uso magistral del adjetivo; llegó por esto a ser un primate de la literatura mexicana y con justicia, la poética nacional se balla (sic.) cubierta de duelo por la irreparable pérdida que ha sufrido. Unía a sus cualidades de literato y poeta, las de ser un modelo de hijos y hermanos; siempre fue un leal amigo, perfectamente educado y amable que sabía captarse las simpatías de todos los que lo trataban. La cortesía fue ingénita en él.

Deja para imperecedera memoria de su obra bella, dos libros: “Sangre Devota”, que apareció hace cuatro años, y  “Zozobra”, que publicó al principiar el año de 1920. Deja, también, varios poemas, que sus amigos, a insinuación de Don Rafael López, se encargarán de recoger y publicar en lujosa edición. Lo mismo harán con la colección de prosas exquisitas y sutiles, con las que pensaba hacer su libro “Minutero”.

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El poeta Ramón López Velarde, abrigó en su alma y secundó activamente los ideales revolucionarios del Presidente don Francisco I. Madero, ayudándole de manera muy eficaz, lleno de generosos anhelos de libertad, en la propaganda hecha por el Apóstol en San Luis Potosí. Fue, en tiempo del señor Carranza, Secretario del Ministro de Gobernación. Colaboró brillantemente en la Revista “Pegaso”, y antes de morir ocupaba con alto merecimiento las cátedras de literatura en la Preparatoria y en la Escuela de Altos Estudios, como el puesto de redactor de la Revista “El Maestro”. 

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Poema de Ramón López Velarde publicado el 14 de diciembre de 1917 en EL UNIVERSAL Ilustrado. Imagen: Hemeroteca El Universal

El cadáver en la Universidad

A las ocho de la noche de ayer fue trasladado el cadáver del poeta de la casa que ocupara en vida (Avenida Jalisco, 71), al edificio de la Universidad Nacional, colocándose la magnífica caja de zine en el Hemiciclo que se halla en los altos. El señor licenciado  don José Vasconcelos, que siempre guardó una profunda estimación para el extinto, resolvió que todos los gastos de los funerales se hicieran por cuenta de la Universidad, también en vista de que era Catedrático de la misma.

Entre las numerosas ofrendas florales que se depositaron en la cámara mortuoria, anotamos las de los señores licenciados José Vasconcelos, licenciado Alejandro Quijano, don Carlos González Peña, don Juan Goldman, de doña Rosario A. de Herrán, Ignacio Y, Gastelúm, Andrés Meza, Alberto Garduño, de José Víctor Etchart, de Hernán F. Blobaum, de la señora Carmen Pradillo de Andrade, señora Clotilde G., viuda de González, señor Fiacro Quijano, licenciado Manuel Gómez Morín, Enrique Monteverde, Juan Pablo Escobedo, Agustín Loera y Chávez, Javier Díaz de León, señora Ángela B. de Díaz de León, señora María G., viuda de Guzmán, Rafael Orozco, Emilio Soto Peimbert.

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Foto: Hemeroteca El Universal

A los pocos momentos de la llegada del cadáver a la Universidad Nacional, (...) con algunos de los dolientes, organizaron la guardia de Honor, que durante toda la noche se verificarán, que es como sigue: 

Primera.- 8.30 a  9 p.m., (hora oficial).- José Vasconcelos, Alfonso Cravioto, Rafael López, Jesús B. González.

Segunda.- 9 a 9.30.- Pedro de Alva, Carlos González Peña, Eugenia Torres de Meléndez, Alejandro Quijano.

Tercera.- 9.30 a 10.- Enrique Monteverde, Agustín Loera, (...) Garduño, Roberto Casas Alatriste.

Cuarta.- 10 a 10.50.-  Javier Díaz de León, Enrique Fernández Ledesma, Luis de la Torre, Joaquín Méndez Rivas.

Quinta.- 10.30 a 11.- Ignacio Gastelum, Alfonso Garduño, Alfonso Priani, Carlos Pellicer.

Sexta.- 11 a 11.30.- Germán Lobaum, Miguel Fernández Ledesma, Enrique Meza, Francisco Escobedo.

Séptima.- 11.30 a 12.- José Vasconcelos, Joaquín Méndez Rivas, Luis G. Moreno, Miguel A. Velasco.

Octava.- 12 a 12.30 a.m.- Jesús Villalpando, Ricardo Preciado, Rafael Pimentel, Manuel Gómez Morín.

Novena.- 12.30 a 1 a.m.- Gabriel Alfaro, Manuel de la Torre, Manuel Horta.

Décima.- 1 a 1.30.- Jaime Torres Boder, Rafael Heliodoro Valle, Ricardo Gómez Robelo, Ricardo Arenales.

Detalles de los últimos instantes del poeta

Los últimos momentos de Ramón López Velarde fueron muy tristes, patéticos.

Pidió al sacerdote que lo auxiliaba le dijese si no haría mal en solicitar que su cuerpo fuera incinerado, recibiendo contestación en sentido negativo, por cuanto a la religión tocaba, pero que a la señora su madre (sic.) causaría honda pena obedecer sus disposiciones. Entonces suplicó se le depositara en el Panteón Francés.

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Llorando amargamente dijo a su madre: “Ven madre mía y llora en mis manos, que quiero llevarme tus lágrimas”. Al poeta Jesús González, hizo la confidencia: “que temía horriblemente que lo fueran a enterrar con vida y sentir las mordidas de los gusanos”. Como sufriera fuertes ataques de asfixia, se le inyectó y quedó ya tranquilo, hasta el momento de su muerte.

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Poema de Ramón López Velarde publicado el 1 de marzo de 1918 en EL UNIVERSAL Ilustrado. Imagen: Hemeroteca El Universal

Los funerales

El señor Rector de la Universidad, licenciado don José Vasconcelos, invitó a los condolidos familiares del extinto poeta, para que acordaran la hora del entierro, determinando que éste sea a las diez y media de la mañana (hora oficial).

El senador y poeta don Alfonso Cravioto, pronunciará, antes de que sea depositado el cadáver, la oración fúnebre y en representación de la Universidad, hará el elogio del insigne desaparecido, el poeta Enrique Fernández Ledesma.

El aviso oficial

El señor Rector de la Universidad nos suplicó la inserción del siguiente aviso:

“La Universidad Nacional de México, participa a usted, con profunda pena, el fallecimiento del insigne poeta

DON RAMÓN LÓPEZ VELARDE

Profesor de la Facultad de Altos Estudios y de la Escuela Nacional Preparatoria, Redactor de “El Maestro” y gloria de las letras patrias.

Se ruega dé asistencia a los funerales que se verificarán hoy lunes 20, a las 10.30, hora oficial, debiendo partir el cortejo del Edificio de la Universidad.
México, junio 1921.

El Rector, José Vasconcelos

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Poema de Ramón López Velarde publicado el 26 de enero de 1919 en EL UNIVERSAL Ilustrado. Imagen: Hemeroteca El Universal

El aviso de la familia

Ayer a la una y veinte a.m., falleció en el amoroso seno de Nuestra Santa Madre Iglesia Católica Apostólica Romana, a la edad de treinta y tres años, el señor licenciado Ramón López Velarde. Su madre, hermanos, tíos, primos, demás parientes y amigos, lo participan a usted con profundo dolor y le ruegan eleve al Todopoderoso, las oraciones que su piedad le dicte por el eterno descanso del alma del finado.

México, D.F., junio 20 de 1921.

El cortejo partirá de la Universidad Nacional, (Esquina Avenida Guatemala y Lic. Verdad), hoy a las diez y media hora oficial, y se despide en el Panteón Francés.

fjb

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