Conocidos por ser una de las formas de vida más antiguas de la Tierra, los estromatolitos —estructuras minerales conformadas por cianobacterias que datan de hace 3 mil 500 millones de años— siguen dando nueva información sobre la vida y la evolución y arrojan nuevos datos que ayudan a los científicos a comprender mejor los ecosistemas poco explorados.
Uno de los casos más significativos de estudio de estromatolitos radica en la Península de Yucatán, específicamente en cuatro lagunas de Quintana Roo, la cuales tienen una presencia particular de estromatolitos que ayudaron al Proyecto Gran Acuífero Maya (GAM) a determinar que estos cuatro cuerpos de agua están interconectadas a través de túneles subterráneos.
Las lagunas de Bacalar, Azul de Señor, Chichankanab y Chunyaxché son los recintos naturales donde los estromatolitos han sobrevivido al tiempo. La importancia de su análisis radica en que se pueden conocer ciertos componentes químicos, físicos y biológicos del agua y las lagunas, lo que ayudará a entender mejor la complejidad del Gran Acuífero Maya y sus conexiones subterráneas.
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Un primer acercamiento de la relación entre los estromatolitos y el GAM se publicó en el libro Exploraciones del mundo subterráneo. Un acercamiento al Gran Acuífero Maya, editado por el arqueólogo subacuático Guillermo de Anda y publicado por el Instituto Aspen México en febrero pasado.
El artículo del biólogo Arturo Bayona titulado Estromatolitos, en busca del origen de la vida da cuenta del descubrimiento en 2019 de estromatolitos en la Laguna Azul de Señor.
Bayona, apoyado por el Proyecto GAM, viajó a esa laguna para encontrar estas extrañas formas de vida.
En entrevista con EL UNIVERSAL, Bayona relató que a mediados de 2000 trabajó en un proyecto ecoturístico en la Laguna Azul de Señor para ayudar a las comunidades mayas de la zona a generar fuentes de empleo a través actividades sustentables. En aquel proyecto, contó el biólogo, registró el hallazgo de unas “peculiares piedras” en la orilla de la laguna.
“Por el limitado conocimiento que en ese tiempo tenía sobre los estromatolitos, sólo quedó el recuerdo de haber documentado unas piedras diferentes, incluso las fotografías fueron archivadas”, indicó.
Fue gracias a los avances y trabajo de campo que el Proyecto GAM estuvo desarrollando en los últimos siete años, además de nuevos estudios en las lagunas de Bacalar, de Chichankanab y de Chunyaxché, que Bayona decidió regresar para encontrar los estromatolitos en Laguna Azul de Señor.
“Recorrimos la orilla de la laguna en una canoa, estaba Karla Ortega, fotógrafa del Proyecto GAM, y yo, con los ojos muy atentos de encontrar los estromatolitos. Después de un tiempo, los hallamos, ahí estaban”, relató Bayona.



La investigación
Al identificar los estromatolitos de la Laguna Azul de Señor, Bayona notó que habían crecido sobre rocas alrededor de la orilla, a diferencia de los registrados en las otras tres lagunas, en las que los estromatolitos crecen al fondo del agua.
“Al querer ubicar las lagunas de forma geográfica en un mapa en aquel momento, me di cuenta que se encuentran una enfrente de la otra, concluí que lo más probable es que estén conectadas por debajo”, expresó Bayona.
Para sostener su hipótesis en la comunidad científica, Bayona decidió hacer estudios químicos, físicos y biológicos de las aguas de cada una de las cuatro lagunas, con el objetivo de encontrar coincidencias que le permitieran afirmar que estos sistemas lagunares realmente están conectados.
“¿Cómo podemos saber que están conectadas sin hacer un buceo? Muy sencillo, hicimos análisis químicos y físicos del agua, analizamos la fauna y flore de los alrededores, específicamente los tipos de peces de las lagunas, y encontramos coincidencias, eso nos dio la evidencia de que están conectadas y por eso hay estromatolitos en las cuatro, coinciden las aguas”, explicó el investigador.
Aunque los estromatolitos de las cuatro lagunas comparten características químicas y biológicas, existen algunas diferencias en la forma en que se desarrollan. “La diferencia más notable es la forma en que crecen, por ejemplo, los de Bacalar, son grandes módulos de 2 metros de diámetro, esto por el tiempo que llevan en formación”, apuntó Bayona.
Sin embargo, expresó el investigador, las características biológicas y químicas de estos estromatolitos han cambiado por la llegada de la actividad turística a Bacalar.
“En los resultados de Bacalar, notamos que la gran variedad de bacterias silvestres fue sustituida por bacterias de actividades humanas antropogénicas, sabemos que en algunas zonas no hay drenaje, hay escurrimientos de fertilizantes, sabemos también de la influencia de los hoteles, que no han tenido el control necesario para que los estromatolitos se conserven de forma adecuada”, señaló.
La inquietud que indicó Arturo Bayona respecto a la afectación de los estromatolitos de Bacalar corresponde con la preocupación de diferentes científicos, arqueólogos y ambientalistas, quienes han señalado las posibles afectaciones a los ecosistemas de la Península de Yucatán por la llegada del Tren Maya, proyecto que pretende convertir al sureste mexicano en un punto de gran afluencia turística.
Sin embargo, el investigador señaló que en las tres lagunas restantes es poco probable que se vean afectaciones a mediano plazo, debido a que son lugares remotos del Gran Acuífero, con poca influencia de actividades humanas.
Aunque en los siguientes años no se vean los efectos del turismo y la contaminación en el ecosistema de acuífero peninsular, uno de los grandes pendientes es el nombramiento de Quintana Roo como el Santuario Mundial de los Estromatolitos Vivos.
La propuesta fue presentada ante la Secretaría de Medio Ambiente en 2020, pero por la pandemia no se ha presentado de forma oficial. “Existen pocos lugares en el mundo donde hay tal cantidad de estromatolitos, no descarto que haya otras lagunas perdidas en la selva donde se encuentren estas estructuras”.
Bayona explicó que el crecimiento de estromatolitos sólo se puede dar en condiciones originarias, es decir, donde no exista impacto ambiental por la actividad humana, por lo que su preservación es fundamental para entender más sobre la complejidad del GAM.
“El acuífero peninsular es uno de los más complejos del mundo y representa un ecosistema completo; las interpretaciones del profesor Bayona han sido nodales para entender mejor el GAM, para entender mejor la serie de interconexiones que existe en este sistema tan complejo”, afirmó el arqueólogo subacuático Guillermo de Anda.
Señaló que esta investigación de los estromatolitos de Quintana Roo les permitió concluir que estos seres vivos tienen miles de años de vida. “De acuerdo con Arturo Bayona, deben tener alrededor de 10 mil años, aproximadamente; son elementos vivos que han prevalecido en la península a través de milenios”, subrayó De Anda.
Arturo Bayona explicó que los estromatolitos son de los seres vivos más antiguos del planeta, por lo que es necesario estudiarlos para comprender mejor la vida tal y como la conocemos hoy. “Tomando en cuenta que los elementos químicos que conforman el universo son los mismos, existe la posibilidad de que este fenómeno de vida pueda replicarse en otros planetas con las condiciones adecuadas”, concluyó.
Arturo Bayona realizó cultivos de bacterias de los estromatolitos para encontrar coincidencias en su composición.
“Las interpretaciones de Bayona han sido nodales para entender mejor el GAM... la serie de interconexiones que existe en este sistema tan complejo”
. Guillermo de Anda, arqueólogo subacuático
EL DATO
Los estromatolitos son de las formas más antiguas de vida y datan desde hace 3 mil 500 millones de años.
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