90 años de la indispensable Poniatowska

Colegas, admiradoras y amigas celebran la vida y obra de la autora de La noche de Tlatelolco. Periodista, cronista, ensayista, novelista y cuentista, coinciden, es un modelo de escritora

ELENA PONIATOWSKa
Los lectores admiran en Elena Poniatowska su humildad, curiosidad, arrojo y valentía. Foto: Germán Espinosa/ EL UNIVERSAL
Cultura 19/05/2022 02:40 Yanet Aguilar Actualizada 09:15
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Elena Poniatowska es una autora indispensable. Innovadora, imaginativa, relevante y entrañable en su obra de no ficción, pero también es la autora de una obra literaria que ha creado un retablo de todos los santos laicos del panteón mexicano. Elena es humilde, curiosa, arrojada, valiente; el modelo de una escritora, admirada y querida por sus lectores; la periodista-narradora de primera línea; la contadora que maneja la oralidad como pocos y los testimonios como un coro abierto; es la tejedora de voces que hoy cumple 90 años de vida.

Para celebrar a la periodista, cronista, ensayista, novelista y cuentista ganadora del Premio Cervantes de Literatura 2014, escritoras y periodistas de distintas generaciones, como Rosa Beltrán, Cristina Rivera Garza, Sabina Berman, Mónica Lavín, Fernanda Melchor, Adriana Malvido, hablan de la obra de la autora de La noche de Tlatelolco, y de los caminos que abrió para las mujeres en la literatura y el periodismo con sus temas, historias y estilo.

Elena Poniatowska Amor (Francia, 19 de mayo de 1932), comenzó su carrera periodística en 1953 en Excélsior. Su primer libro, Lilus Kikus, una colección de cuentos, se publicó en 1955; pero fue La noche de Tlatelolco, de 1971, y antes, Hasta no verte Jesús mío, de 1969, los que la convirtieron en una narradora y periodista querida, leída y celebrada; una escritora que sigue activa —este año ha publicado el segundo volumen de El amante polaco, sobre su antepasado y último rey de Polonia— y que hoy recibe un homenaje nacional en Bellas Artes.

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Autora Indispensable: Cristina Rivera Garza

Elena Poniatowska es una autora indispensable. Su Noche de Tlatelolco (y añadiría Hasta no verte Jesús mío) debe contarse entre las obras fundamentales del siglo XX. Su trabajo de no ficción es innovador, imaginativo, relevante, y entrañable. Crece, además, sobre las bases de una investigación cabal (involucrando sobre todo, aunque no únicamente, la entrevista) y el rigor ético del periodista. Nadie ha interrogado a su tiempo como Elena Poniatowska: sus preguntas, llenas de arrojo y curiosidad sincera, han provocado respuestas igualmente creativas y, con frecuencia, inesperadas. Me gusta su valentía formal: la serie de yuxtaposiciones que estructuran los testimonios de ese coro abierto y contrastante que enuncia (y denuncia) La noche de Tlatelolco, es muy de nuestro aquí y ahora. Pocos libros se pueden dar el lujo de llevarse al tú por tú con el presente ¡Larga vida a la gran Elena Poniatowska!

Mónica Lavín
Escritora
“Elena siempre añadió su capacidad de escucha, de editora, de tejedora de voces a una sinceridad y empatía con la causa de los otros”

Narradora de la historia: Rosa Beltrán

Su obra es un retablo de todos los santos laicos del panteón mexicano. Sobre todo de las mujeres que tuvieron un protagonismo social. Es decir, que los aconteceres íntimos de los personajes (vida y obra) los enmarca siempre en el contexto de la historia grande y eso implica que leer a Poniatowska es aprender sobre México. El punto de vista desde el que narraba hasta antes del triunfo de López Obrador era el de la oposición: los excesos del poder, la defensa de los marginados, la denuncia de las injusticias sociales, el derecho a la cultura, la posibilidad de cambiar el país desde el activismo y la participación social y esto hizo de su narrativa (además de fascinante por lo que contaba) algo moralmente encomiable. Ello contribuyó a que fuera leída con la incuestionable simpatía de sus lectores. A veces incluso con un fervor del que pocos escritores han gozado. Del periodismo toma la capacidad de describir con detalle las manías y el lenguaje corporal de los personajes, de convertir las escenas en algo vívido, casi cinético, y en manejar la oralidad como si en cada una de las novelas estuviéramos asistiendo a una película del cine mexicano de la época de oro y más acá: la gran película de los grandes episodios nacionales. La oralidad, una de sus mayores aportaciones en el manejo de la voz, la aprendió quizá de las declaraciones de sus entrevistados. Eso y el valor testimonial hacen la diferencia en su obra, desde La noche de Tlatelolco y antes aun con Hasta no verte Jesús mío, hasta sus entrevistas más recientes. Para leer historia, incluso historia del feminismo en México, no basta con ir a los libros. Hay que leer a Poniatowska.

Tejedora de tapices testimoniales: Mónica Lavín

Elena Poniatowska, con su capacidad de tejer un tapiz testimonial alrededor de la brutal represión del 2 de octubre de 68, se volvió una periodista-narradora de primera línea. Mostró que desde México se podía hacer ese nuevo periodismo muy vivaz sobre todo en Estados Unidos. Elena siempre añadió su capacidad de escucha, de editora, de tejedora de voces a una sinceridad y empatía con la causa de los otros. Leer La noche de Tlatelolco marcó a mi generación, no pensé en que era una mujer la que escribía, sino en el contenido, en lo que me revelaba. Fue más tarde que a ese asombro se unió la reflexión sobre el camino que había abierto Elena desde el periodismo con audacia y entrega. Quienes escribimos hoy sabemos que fue necesario que existieran escritoras como Poniatowska presidiendo el camino. Y la gran lección es que Poniatowska, a pesar de sus reconocimientos y de sus muchos libros, sigue en pie de lucha con la escritura. Siempre hay un proyecto por construirse, una novela, entrevistas y memorias de los artistas en México de antes que derivan en nuevos libros. Ella es memoria y referente no sólo para las mujeres, sino para los escritores del siglo XXI. Me pregunto si es que llegara a cumplir los años que le estamos festejando, tendría la energía, el vigor, y la capacidad de estar con esa actitud que la conserva siempre joven. 

Cristina Rivera Garza
Escritora
“Nadie ha interrogado a su tiempo como Elena: sus preguntas han provocado respuestas igualmente creativas y, a veces, inesperadas”

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Modelo de escritora: Fernanda Melchor

En lo personal, Elena fue la primera escritora mexicana que conocí y leí de niña, y para mí significó siempre un modelo que en los años 80 y 90 era muy escaso (o que por lo menos no abundaba en el medio en que yo crecí, en una ciudad de provincia como Veracruz, y en un medio de clase media bastante refractario a la literatura y a la cultura en general), y que era el modelo de una escritora, admirada y querida por sus lectores, y reconocida al mismo nivel de otras figuras masculinas que en ese entonces sí abundaban. Aún recuerdo el momento en que leí La noche de Tlatelolco; estaba en sexto de primaria, mi profesora me dejó llevarme el libro a casa; esa noche tuve pesadillas, provocadas por el choque que mi mente infantil sintió al ser confrontada con una realidad histórica terrible. Para mí, y creo que para muchísimas personas de mi generación, gente que sólo sabíamos de la masacre de estudiantes en Tlatelolco a través de vagas referencias en las conversaciones de nuestros padres, la lectura de la colección de testimonios de Elena significó, en muchos casos, la muerte de una especie de inocencia de la que todos los jóvenes y niños en México se despojan, tarde o temprano, en el momento en que son confrontados con el despotismo, la falta de escrúpulos y el autoritarismo sangriento del Estado en México.

Sabina Berman
Escritora
“Nunca le he dicho esto: esa primera conversación mientras ella tendía camas me cambió el destino. Te lo digo acá, querida Elena”

Se puede ser mujer y ser escritora: Sabina Bermán

La querida Elena. La conocí entre sábanas blancas que extendía hacia el techo y flotando bajaban con un ritmo de paracaídas sobre los colchones. No sé qué amigo de mi madre había leído mis poemas adolescentes y se los envió a ella, que me invitó a platicar a su casa de Chimalistac. En cuanto entré, me dijo: ‘Sígueme, tengo que tender camas’. Así me habló de mis poemas y del trabajo de ser escritora, mientras lanzaba hacia el techo sábanas blancas y luego se inclinaba para aplanarlas con las dos palmas de las manos sobre los colchones. Inolvidable el mensaje y sus desdoblamientos. Se puede ser mujer y ser escritora. Ser humilde te abre la sensualidad de lo inmediato y concreto. Escribir desde la compasión (del sentir con) es escribir con emoción. Y el corazón, la residencia de la compasión, es el órgano moral del cuerpo humano, no el cerebro.

Cada dos o tres meses le marco a la querida Elena y conversamos largo, largo, de la vida, de lo que escribimos, desde el corazón. Nunca le he dicho esto, que esa primera conversación mientras ella tendía camas me cambió el destino. Te lo digo acá, querida Elena.

Abridora de camino al periodismo cultural: Adriana Malvido

Elena Poniatowska todo el tiempo abre caminos para el periodismo cultural. Cada que te acercas a uno de sus libros, artículos, crónicas, cuentos, entrevistas o reportajes te conviertes una y otra vez en aprendiz. Ella nos invita a repensar el periodismo como expresión cultural y a concebir la cultura como hija de la imaginación. Si bien es única, por su historia y ese estilo suyo personalísimo e irrepetible, a quienes ejercemos el oficio nos abre un horizonte temático infinito por abordar, donde caben las bellas artes, las ciencias sociales, la cultura popular, la calle, la academia y la lucha social, si es que aspiramos a la creación de un espejo múltiple donde mirarnos. Si el periodismo de calidad puede ser un género literario, su obra es ejemplo e inspiración.

Dentro de su inmensa obra destaco su fuerza para darle volumen y voz estética a la presencia de las mujeres, desde Jesusa Palancares hasta Leonora Carrington. Su casa, memoria y generosidad han sido pista de despegue para que incontables reporteras, estudiantes, escritoras… levanten el vuelo, la voz y la pluma.

La periodista amiga

Magali Tercero

 Cuando tenía 15 años solía escribir en mi diario que quería ser como Elena Poniatowska. Por supuesto me refería a la escritura. Ya había leído “Hasta no verte Jesús mío” y “La noche de Tlatelolco”. En casa, el nombre Elenita era pronunciado constantemente porque ella y mi madre, también periodista, se habían conocido muy jóvenes en un internado de San Antonio, EU. Además, Elenita había entrevistado a mi mamá con la idea de que le contara por qué estaba escribiendo un libro sobre mi abuelo asesinado, en 1941, en Culiacán, Sinaloa. Recuerdo la emoción experimentada por toda la familia Tercero cuando la entrevista fue publicada pero, lo más importante para todos fue el prólogo que la ya muy famosa Elenita había hecho para esa biografía novelada que terminó publicándose varias décadas después de la muerte de mi madre. Ella aparece, en pluma de la Poni como le dicen tantos, como una niña anhelante que ha perdido a su padre a los 11 años.

¿Qué admiraba yo en Elenita? “Hasta no verte Jesús mío” fue el libro que más me gustó en ese entonces, mucho más que los cuentos de “Lilus Kikus” y que “La noche de Tlatelolco”, también alojados en los libreros de la sala. No sabía que el primero era una novela inspirada en una mujer real, la oaxaqueña Josefina Bohórquez, a quien Poniatowska entrevistó cada semana durante dos años. Tampoco sabía que la joven periodista fue asistente, entre otros estudiantes, de Oscar Lewis, el antropólogo de “Los hijos de Sánchez” que tenía su propio método para la realización de entrevistas etnológicas. El libro sobre Jesusa Palancares sería traducido al francés, el inglés e incluso el italiano. Lo leí dos o tres veces. Respecto a la matanza de 1968, yo prefería La Plaza de Luis Spota, que también leí repetidamente. Una mañana de 1977, mi madre murió súbitamente, de infarto masivo, a las 7 am. A la misa del día siguiente llegó Elenita, como la saludamos las cinco chicas y el único hermano varón. Nos invitó a comer un día a su casa. Como la hija mayor acepté en nombre de todos. Después nuestra nueva vida de huerfanitos, entre los 11 y los 18 años, nos hizo olvidar la calidez de Elenita. Shame on me.

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Festejos del día

12 horas. En Bellas Artes se realizará el Homenaje Nacional del Gobierno de México “Elenísima 90 años”, que será transmitido por Canal 22 y Canal 21

16 horas. Radio Educación transmitirá “Elena Poniatowska. 90 años. Retrato sonoro”, y a lo largo del día una lectura colectiva de la novela La piel del cielo.

16:30 horas. TV UNAM transmitirá la pieza especial “90 años del natalicio de Elena Poniatowska. Querida Elena”.

17 horas. Canal 22 presentará el programa Historias de vida en torno a la escritora mexicana.

21:30 horas. En Canal 22, Fernando Rivera Calderón en Me canso ganso conversará con la escritora. 
 

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