50 años de Avándaro, la leyenda musical que marcó a una generación

Con imágenes inéditas de la fotógrafa Graciela Iturbide, editorial Trilce publica "Yo estuve en Avándaro", de Federico Rubli, una investigación sobre el festival de rock que, entre otras cosas, aclara mitos como la identidad de “la encuerada”

50 años de Avándaro, la leyenda musical que marcó a una generación
La fotógrafa Graciela Iturbide documentó la llegada de los jóvenes, los campamentos, toda la jornada del festival, los ejercicios de yoga, los grupos y la retirada. Foto: Graciela Iturbide. Cortesía de Trilce Ediciones
Cultura 11/09/2021 02:01 Yanet Aguilar Actualizada 10:24
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Dicen los que cantaron con la banda Peace & Love que la tierra vibró cuando 300 mil jóvenes corearon la frase: “¡Tenemos el poder! ¡Tenemos el poder!” Incluso quienes vivieron las 12 horas de rock mexicano en aquella noche del 11 de septiembre de 1971 recuerdan que ahí en el mítico Festival de Rock y Ruedas Avándaro hubo una comunión armoniosa que jamás se ha vuelto a repetir, y que Avándaro, ese lugar enclavado en Valle de Bravo, fue por una noche, hace 50 años, una nación de libertad, de sueños juveniles y de rock.

“Avándaro fue un trascendente fenómeno social masivo, como nunca se había dado en México, ni se volvería a dar”, afirma Federico Rubli, el periodista, crítico musical y autor de la investigación “Avándaro 1971. Woodstock en Valle de Bravo”, con la que documenta qué fue, cómo se vivió, qué ocurrió en realidad y en qué devino ese festival de rock mexicano, un texto que junto con las imágenes inéditas de la fotógrafa Graciela Iturbide, son el corazón del libro "Yo estuve en Avándaro" (Trilce Ediciones, 2021).

Cuenta Graciela Iturbide a EL UNIVERSAL que quienes acudieron al Festival Rock y Ruedas Avándaro, celebrado el 11 y 12 de septiembre de 1971, “eran jóvenes a quienes evidentemente les gustaba el rock, fueron a escuchar a los músicos que ahí estaban. Fue un fenómeno muy especial en donde había muchos jóvenes que querían paz y libertad”.
 

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Tenemos el poder”, “tenemos el poder”, fue el grito que se escuchó en el encuentro que duró 12 horas.

En entrevista vía correo electrónico, la fotógrafa relata: “En ese momento yo estudiaba cine y estaba empezando a ser asistente de Manuel Álvarez Bravo. Fui a Avándaro por pura casualidad porque me invitó Jorge Fons, mi maestro de cine, y para mí fue una gran sorpresa ver todo este festival. Yo todo lo vi en calma, no hubo gran desorden; claro, la gente fumaba marihuana y estaba muy contenta”.

Avándaro fue un hito en la historia del rock mexicano, afirma Federico Rubli, quien apunta que para ese momento el rock mexicano ya era un movimiento original donde por primera vez los grupos se animaron a hacer composiciones, ya no sólo eran covers o interpretaciones en inglés, sino un movimiento musical con características propias aunque que se le denominaba Onda chicana.

“El gobierno fue capaz de armar una campaña de desprestigio alrededor del rock, tuvo fines políticos y fue desafortunado”.  Federico Rubli. Crítico musical

“Avándaro fue un hito en la historia del desarrollo del rock mexicano, porque fue dos cosas a la vez: fue la cima, el pináculo de un esfuerzo creativo, propio de la onda chicana, pero al mismo tiempo fue su abrupta caída a un abismo de represión, de censura y de prohibición. Esa prohibición y esa censura dañó el desarrollo del rock mexicano por lo menos una década, coartó el desarrollo creativo de toda una generación de músicos y les impidió seguir por esa tendencia tan promisoria que habían iniciado con la onda chicana, pero que con la represión y la censura se vino abajo y el rock se fue por otro lado”, afirma Rubli.

A 50 del “Festival que silenció a México”, puede decirse que es la aventura musical más emblemática y más trágica que ha tenido México, como apunta el libro "Yo estuve en Avándaro", que incluye una introducción de Federico Compeán, quien junto con Eduardo López Negrete ideó el Festival de Rock y Ruedas Avándaro, y con un prólogo de Luis de Llano, quien produjo ese encuentro que pretendía unir un concierto y una carrera de autos en Valle de Bravo para unas 20 mil personas, pero que terminó siendo sólo el festival –la carrera que se llevaría a cabo el 12 de septiembre se canceló— y que congregó a 300 mil jóvenes “hipitecas”.
 

La aventura juvenil

Graciela Iturbide, la fotógrafa que ha sido reconocida con el Premio Nacional de Ciencias y Artes y el Premio Internacional de la Fundación Hasselblad, ambos en 2008, y el Premio Lucie, en 2010, llegó por causalidad a Avándaro pero al hacerlo se convirtió en la documentalista de un festival que fue acallado y censurado por el Estado mexicano, quien le dio un uso político -como sostiene Rubli-, pues no sólo detuvo las aspiraciones de Carlos Hank González, entonces gobernador del Estado de México, sino además estigmatizó a la juventud mexicana acusándola de haber hecho una bacanal donde sólo hubo droga, sexo y rock and roll.

“La verdad es que yo no conozco bien el rock pero (en Avándaro) me encontré con una sorpresa muy agradable y lo fotografié sin saber que esto después iba a llegar a ser un libro”, relata Graciela Iturbide. Y agrega: “Inmediatamente después de que terminó Avándaro se hizo un pequeño libro con la editorial Diógenes, cuando Emmanuel Carballo era el director. Fue un libro que compraron los jóvenes y que ahora es muy difícil conseguir; se quedó como un ícono de lo que fue Avándaro”.

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El libro también muestra cómo quedó Valle de Bravo; el último grupo en tocar fue Three Souls in my Mind, con Alex Lora.

Aunque Iturbide señala que no sabe cuántas imágenes tiene de toda esa noche que pasó en Avándaro documentándolo todo, desde la llegada de los jóvenes, los campamentos, toda la jornada del festival, los ejercicios de yoga y ondas ecológicas, una ópera rock e incluso el éxodo de los espectadores y los cerros de basura que dejaron tras la fiesta, el libro que acaba de publicar Trilce contiene cerca de 90 imágenes tanto en blanco y negro como a color. “Tomé bastantes rollos y los revelé para ese primer librito y ahora tengo muchos negativos y algunas copias de época”, dice. 

Federico Rubli asegura que a 50 años de distancia, el fenómeno Avándaro se puede ver con mayor objetividad, “precisamente lo que yo he tratado de hacer con mi investigación es reintegrar a la memoria histórica, de la manera más objetiva posible, lo que realmente fue Avándaro, y en ese camino yo creo que he derribado varios mitos que hace 50 años se formaron alrededor del festival”.

Uno de los primeros y peores mitos, dice Rubli, fue haber dicho que se trató de una reunión de 300 mil jóvenes degenerados y drogadictos, la “juventud pérdida”, estigma que prevaleció durante varias décadas; otro mito fue la identidad de “La encuerada de Avándaro”, a quien la revista Piedra Rodante inventó que se llamaba Alma Rosa Gómez López, de 16 años, de Monterrey, pero que Federico Rubli descubrió, tras una revisión de los archivos de la Dirección General de Seguridad, que en realidad se trató de Laura Patricia Rodríguez González, una chica de 18 años, originaria de Guadalajara.

90 imágenes acompañan el libro, tomadas por Graciela Iturbide, quien las recuperó de su amplio archivo.

“Lo importante a 50 años es que este evento queda reintegrado en su dimensión que le corresponde dentro de la historia cultural de México, porque va mucho más allá del rock, fue un fenómeno cultural y social de haber podido congregar a 300 mil jóvenes de diferentes estratos socioeconómicos, en total armonía y paz. Ese es otro mito, hay que recalcar que el festival fue una gran fiesta pacífica, de hermandad, donde no hubo riñas ni mayores problemas”, señala Rubli.

El periodista confirma su hipótesis, con datos y evidencia, del complot desde el Estado mexicano que hubo detrás de Avándaro, “muestro cómo el gobierno fue capaz de armar esta campaña de desprestigio alrededor del rock, tuvo fines políticos y fue desafortunado para el desarrollo cultural, musical de toda esta tendencia musical que venía en auge”.
 

Porque más allá de que es verdad, y él lo cuenta, que Alex Lora, líder de la banda Three Souls in my Mind —luego llamada el Tri— que fue la encargada de cerrar el festival, dedicó la canción “Let me Swim” de The Rolling Stones, a los caídos en 1968 y a los del Halconazo ocurrido tres meses antes de Avándaro, el Festival no tuvo tintes políticos ni de revuelta juvenil aunque al gobierno lo asustó el coro de “¡Tenemos el poder! ¡Tenemos el poder!”, que llevó a Gobernación, con miedo, a cancelar la transmisión en vivo del festival que estaba haciendo Radio Juventud.

¿Por una noche cargada de rock 300 mil jóvenes sintieron que había una nación de libertad llamada Avándaro?, se le pregunta a Federico Rubli. Responde:

“Definitivamente sí, era una manifestación de decir: ‘queremos el poder, tenemos la libertad de poder ejercer y expresar lo que nosotros queremos’. Era una manera de decir: ‘nos estamos liberando’, lo que nos interesaba a esos jóvenes que estuvimos en Avándaro en ese momento era precisamente una liberación de los yugos que muchos tenían no solamente impuestos por el Estado sino en las escuelas, en las mismas familias, entonces era una manifestación de decir: ‘somos libres, podemos realmente hacer esto en total armonía, sin agresividad’, y eso se vivió de una manera muy importante ahí, en Avándaro”.

Libertad y rock

El lbro incluye una introducción de Federico Compeán quien, junto con Eduardo López Negrete, ideó el Festival de Rock y Ruedas Avándaro, y un prólogo de Luis de Llano, quien produjo ese encuentro que pretendía unir un concierto de rock y una carrera de autos en Valle de Bravo para unas 20 mil personas.

300 mil jóvenes de diferentes estratos socioeconómicos, en total armonía y paz, presenciaron el festival que se llevó a cabo el 11 de septiembre de 1971.

Otro libro con imágnes de Iturbide fue publicado en los años 70, en la editorial Diógenes. }

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