20 años del 11S: Así vivieron mexicanos el atentado a las torres gemelas

"Con las miradas perdidas, ríos de gente cruzaban desconcertados puentes y calles. Nadie creía en lo que veía", detalló Esteban Moctezuma, actual embajador de México en EU, en una crónica para EL UNIVERSAL sobre cómo presenció el ataque terrorista en Nueva York

20 años del 11S: Así vivieron mexicanos ataque a las torres gemelas
Portada de la edición del 12 de septiembre de 2001 de EL UNIVERSAL. Imagen: Hemeroteca El Universal
Cultura 04/09/2021 13:45 Redacción Actualizada 13:45
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Se cumplen 20 años del mayor ataque terrorista que ha padecido Estados Unidos: El 11S, fecha en la que cuatro aviones secuestrados se estrellaron contra las torres gemelas del World Trade Center, en Nueva York; el Pentágono, y otro en Pittsburgh. 

En esta primera entrega de Hemeroteca sobre el tema, presentamos cómo EL UNIVERSAL reportó el atentado en Nueva York, con información de sus corresponsales, pero también cómo es que mexicanos vivieron el suceso tanto en EU, con una crónica de Esteban Moctezuma -actual embajador de México en el país vecino-, quien se encontraba en la ciudad en ese momento; y las consecuencias del ataque en el entonces Distrito Federal, México, donde un hombre celebró el suceso a las afueras de la embajada estadounidense y padres angustiados sacaron a sus hijos del colegio Americano, porque corría el rumor de que se habían colocado bombas en la escuela.

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Foto: AFP

Para entonces, los estadounidenses desconocían quiénes habían sido los autores del ataque terrorista, que fue visto en vivo por millones de personas en el mundo, y el cual aún dos décadas después sigue teniendo impacto en la geopolítica internacional.

Alerta mundial: Miles murieron; cazaremos a los culpables: Bush

12 de septiembre de 2001

Ataques a los símbolos del poder económico y militar

Impactan terroristas 2 aviones contra las torres gemelas del WTC, en Nueva York; otra aeronave se estrelló en el Pentágono, en Washington; estiman miles de muertos, así como cientos de heridos

José Carreño Figueras, corresponsal

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Plana completa de EL UNIVERSAL, al día siguiente del ataque. Imagen: Hemeroteca El Universal

WASHINGTON.- Estados Unidos se encontraba hoy en pie de guerra luego de que ataques terroristas con tres aviones de pasajeros secuestrados fueron intencionalmente lanzados contra las torres gemelas de Nueva York y el edificio del Pentágono en Washington. Un cuarto avión cayó cerca de Pittsburgh, supuestamente dentro del mismo plan de ataque a centros neurálgicos del país.

Este fue el mayor ataque terrorista de la historia de Estados Unidos y ciertamente el más espectacular. 

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En una primera y seguramente incierta estimación inicial, al menos 266 personas murieron sólo en los aviones secuestrados, amén de las que hayan perecido en las torres gemelas y en el Pentágono. Más de 650 estaban hospitalizadas y al menos un millar más se reponían de heridas menores en las dos ciudades como resultado de un ataque coordinado que paralizó el tráfico aéreo en el país, así como las actividades y al menos un millar más se reponían de heridas menores en las dos ciudades como resultado de un ataque coordinado que paralizó el tráfico aéreo en el país, así como las actividades económicas en Nueva York y los trabajos del gobierno en Washington en un hecho que llevó a promesas de venganza por el presidente George W. Bush quien puso en millares el número de muertos por los ataques.

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Foto: AFP

Por lo menos, al decir del sindicato de bomberos de Nueva York y de la cadena de televisión CNN, unos 265 bomberos murieron y 85 policías están desaparecidos en el derrumbe de los edificios del WTC. Sin embargo, el jefe de la policía neoyorquina, Bernard Kerik, dijo que hay sobrevivientes entre los escombros de las torres gemelas y que se harán todos los esfuerzos por salvarlos.

El ataque, el mayor acto terrorista jamás realizado en Estados Unidos y literalmente arrancado de las páginas de una novela, fue sucesivamente atribuido a grupos palestinos y a seguidores del dirigente musulmán radical Osama Bin Laden. Pero nadie tenía certidumbre sobre los responsables.

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Foto: AFP

Inclusive en las primeras horas de la mañana de ayer, la Oficina Federal de Investigadores (FBI) había sido alertada sobre los secuestros de las aeronaves.

En forma casi inmediata a la primera explosión, el Frente Democrático para la Liberación de Palestina (FDLP), presunto autor del atentado en una céntrica cafetería de Jerusalén, con decenas de muertos, se responsabilizó por el atentado.

Horas más tarde, Tayseer Jaled, de la dirección política de la organización, rechazó la versión y reiteró que el Frente está “contra el secuestro de aviones y contra daños a las vidas de civiles”.

Horas de terror

Pero las primeras informaciones sólo sirvieron como música de fondo al terrible espectáculo que se desarrolló ante las cámaras de la televisión estadounidense: dos de los más distintivos símbolos de Nueva York, las torres gemelas, que con sus mil 300 pies (unos 335 metros) de altura eran una imagen inconfundible, fueron destruidas en el doble ataque, el segundo de los cuales fue presenciado prácticamente en vivo por millones de televidentes.

La primera fue atacada a las 8:45 de la mañana y la segunda 18 minutos después, cuando un avión apareció en las pantallas y aparentemente sin duda alguna se lanzó contra la segunda torre ante millones de personas que veían los programas informativos matutinos nacionales y que justo en esos momentos transmitían imágenes del incendio provocado por el primer atentado. 

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Foto: AFP

Y cuando los atónitos ojos de una gran parte de los estadounidenses se hallaban ya sobre las pantallas de televisión, el anuncio de un tercer ataque, contra el edificio del Pentágono, en las afueras de Washington, acabó por sacudir al país. 

Fuentes de la aviación federal estadounidense dijeron por la noche que el aparato que se estrelló contra el Pentágono primero estaba dirigido contra la Casa Blanca, según informó el diario “The Washington Post” en su versión en línea.

Tanto al sur de Manhattan, en Nueva York, como el centro de Washington, donde se hallan los edificios de la Casa Blanca, las secretarías y el Congreso quedaron prácticamente cerrados de inmediato.

Hacia las 10:30 de la mañana y cuando el país aún no daba crédito al ataque, la primera de las torres hizo colapso. La segunda lo hizo después, también “en vivo” para la televisión y ante el horror de miles de personas.

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Infografía de EL UNIVERSAL

Un tercer edificio del complejo ardió a lo largo del día y finalmente se desplomó por la tarde.

Los testimonios sobre personas que saltaron o fueron lanzadas al vacío desde los pisos altos de las torres, con más de 110 cada una, contribuyeron al horror.

Angustia en el aire

Barbara Olsen, esposa del abogado general del Departamento estadounidense de Justicia, Ted Olson, y comentarista de televisión, hizo una llamada telefónica desde el avión en que viajaba para reportar el incidente. De acuerdo con lo que se afirma, comunicó a las autoridades que los terroristas estaban armados con cuchillos y cortadoras de cartón.
 

En otra versión, un hombre que dijo estar escondido en un baño del vuelo que cayó cerca de Pittsburgh, denunció a través de un celular que el avión estaba siendo secuestrado. El pasajero logró llamar a su madre, a quien informó que había tres hombres a bordo que tomaron el control y afirmaron tener una bomba, según la televisión local de San Francisco.

“Había mucha agitación en segundo plano cuando me llamó. Muchas voces pero no pude distinguir unas de otras”, contó la madre del pasajero.

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Fotos: EFE

Extreman medidas de seguridad

- Ordenan evacuar todos los edificios de gobierno y embajadas en otros países. Suspenden espectáculos. La Defensa, en alerta máxima

José Carreño, corresponsal, y agencias

Estados Unidos aplicó ayer por primera vez en décadas, y tal vez por primera ocasión en su historia, una serie de medidas planeadas para casos de ataques desde el exterior.

Todos los edificios del gobierno federal en Washington fueron evacuados, al igual que el Congreso, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y, a petición de las autoridades estadounidenses, las sedes de embajadas de otros países. En Chicago, el edificio Sears, la torre más alta del país, fue desalojado y cerrado hasta nuevo aviso, al igual que el Monte Rushmore de Dakota del Sur y los parques de Disney en Florida. Los Ángeles movilizó su división antiterrorista.

Aviones cazas F-16 sobrevolaron la capital, aparentemente listos para derribar posibles naves enemigas, mientras que altos funcionarios gubernamentales eran trasladados a refugios seguros, como ocurrió con el presidente George W. Bush. Su esposa Laura fue trasladada de urgencia a un lugar secreto, mientras que las hijas, que no estaban en Washington, fueron conducidas a una “localidad segura”. 

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Foto: EFE

“Miles de vidas llegaron súbitamente a su final”: Bush

Salvador Frausto Crotte

El atentado terrorista asestado a los símbolos de poder económico, político y militar estadounidense segó miles de vidas y transformó calles y parques de Nueva York y Washington en hospitales al aire libre.

En medio del remolino de cifras Rudolph Giuliani, alcalde de Nueva York, calculó que tomará aproximadamente dos días para conocer la cantidad exacta de muertos, puesto que en las torres gemelas laboraban 50 mil trabajadores (aún no hay un estimado de cuántas personas estaban en el edificio cuando el derrumbe), 266 pasajeros y tripulantes viajaban en los cuatro aviones. Súmense las consecuencias fatales que habría arrojado el avión desplomado en Pittsburgh.

George W. Bush dijo que los atentados provocaron en el Pentágono “miles” de muertos. “Miles de vidas llegaron súbitamente a su final, por actos de maldad, por despreciables actos de terrorismo”, dijo el jefe de Estado.

El sindicato de bomberos de Nueva York informó que fallecieron 220 de los 400 elementos que participaron en los trabajos de rescate, mientras que el Departamento de Policía señalaba que 78 agentes estaban reportados como desaparecidos.

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Imagen: Hemeroteca El Universal

Horas de lóbrega pesadilla

NUEVA YORK, EU (Agencias).- Fue como una pesadilla. La más terrorífica y negra de las pesadillas. Y de ella, lo peor, coincidieron quienes la presenciaron y la vivieron, fueron las escenas de la gente que se tiraba desde lo alto de las torres gemelas.

Hombres y mujeres, cuerpos envueltos en llamas. Caían pesadamente. Nadie llevó la cuenta. Lo peor de esa pesadilla.

No el fuego; ni el humo negro o blanco; ni los pedazos de metal o los cristales que volaban; lo que más estremeció fue ver a la gente que se arrojaba no para sobrevivir, sino para encontrar más pronto la muerte, para acabar cuanto antes con el tormento que sufrían.

“¡Oh Dios mío! Miren a esa persona que se arroja… ¡No quiero verla, no quiero verla!”, fue la dramática reacción de una mujer de mediana edad ante las cámaras de televisión.

“¿Por qué saltan? ¡Por qué saltan!”, gritaba y lloraba el camarógrafo que acompañaba a Blanca Rosa Vilchez, reportera peruana, una de las primeras que transmitieron desde un lugar muy cercano a las torres gemelas. Ella lloraba también. La periodista se encontraba casualmente en el área de Manhattan desde las seis de la mañana para cubrir las elecciones primarias para la alcaldía de Nueva York.

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Imagen: Hemeroteca El Universal

“Primero pensé que caían pedazos de concreto, o marcos de ventanas. Sin embargo, cuando caían se veía el movimiento de sus brazos, de sus piernas, y era cuando te dabas cuenta que se trataba de seres humanos”, contó otro hombre.

Lauren Newmark, empleada del banco estadounidense Morgan Stanley, tardó más de una hora para descender por las escaleras de la torre sur. Ella estaba en el piso 70. Minutos después de su escapatoria ocurrió el derrumbe.

Tanto quienes presenciaban las escenas cerca de las torres gemelas o por las pantallas televisivas podían ver a quienes en el interior de los edificios hacían señas, agitaban pañuelos o sus camisas, pedían auxilio. Y de pronto cayó una persona. Y tras ella otra y otras más se arrojaban al vacío.

Segundos antes del desmoronamiento de la primera de las torres, un helicóptero se aproximó a la gente que se colgaba de las ventanas. Sin embargo, la nave debió levantar rápidamente el vuelo justo en el momento en que caía la torre.

Y entonces sí, lo peor de la peor de las pesadillas ocurría.

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Imagen: Hemeroteca El Universal

Miradas que se cruzaban en busca de respuestas

Esteban Moctezuma Barragán

NUEVA YORK, EU.- Con las miradas perdidas, ríos de gente cruzaban desconcertados puentes y calles. Nadie creía en lo que veía. ¿Acaso un accidente aéreo? ¡No! Fueron dos aviones contra las dos torres del World Trade Center. ¡Eso no puede ser un accidente! ¡Es terrorismo a gran escala!, clamaban algunos, lágrimas en los enrojecidos ojos.

Así amanecimos quienes pasamos la noche del 10 de septiembre en Nueva York.

Grupos de desconocidos se reunían en las esquinas para intercambiar información de lo que estaba ocurriendo. El cristalino azul del cielo estaba manchado de negro. Una nube oscura crecía al sur de la isla de Manhattan.

Primero una torre herida por un avión secuestrado apareció en la televisión. Después, en vivo, ante la mirada de una ciudad incrédula, otro avión atacaba la segunda torre al estilo kamikaze.
 

La gente se arremolinaba en los aparadores o bares que tenían televisión. Una mujer gritaba en Lexington Avenue: “¡También atacaron el Pentágono!”.

La escena parecía Pearl Harbor después del ataque. Confusión. Llanto. Sangre. Incredulidad. Sólo que hoy nadie conoce al enemigo, es una mano invisible que no sólo quiso causar terror, sino que se empeñó en causar destrucción.

Nadie se sentía seguro. Nadie se sabía a salvo.

Las miradas se cruzaban. ¡Esto es la guerra! ¡Atacan América!, y la pregunta obligada: ¿Quién lo hizo? ¿Quién?

Uno de los edificios del mirador más alto del mundo, el WTC, edificio de 110 pisos, se colapsaba totalmente ante un testigo: la Estatua de la Libertad. Todo era transmitido en vivo por la televisión.

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Imagen: Hemeroteca El Universal

La gente en Nueva York sentía vivir dentro de una película de acción inverosímil. Los estadounidenses, que regularmente caminan evitando cruzar la mirada, no dejaban de verse fijamente en los ojos, como buscando respuesta al inefable acontecimiento.

Minutos después se derrumbaba la otra torre ante centenares, quizá miles de personas, y frente a la televisión en vivo.

“¡Se cierran las fronteras con Canadá y México! ¡Se cierran aeropuertos y líneas ferroviarias! ¡Se cancelan todos los vuelos!”.

Volteo a ver a mi compañero Martín Olavarrieta, mi compañero de viaje, y le pregunto: “¿Cuánto tiempo estaremos aquí?”.

Me hospedo en un hotel frente a las Naciones Unidas. Esta mañana fui a dar una conferencia ante cientos de organizaciones no gubernamentales del mundo para analizar el problema de los inmigrantes a escala mundial, 150 millones de personas que hoy no viven en su país. 

Naciones Unidas fue desalojada. El área acordonada.

Salí muy temprano a un desayuno y el taxista me informó del accidente. Cuando me comentó que fueron dos aviones, le dije que eso no era accidental.

Al bajarme del taxi, a pocas cuadras del WTC, la nube negra era impresionante. Curiosamente no había tráfico. Habían cerrado los accesos a Manhattan. 

¿Quién fue?

Si nadie reivindica el atentado, ¿quiere decir que habrá más? 

¡No puedo creer que es en mi país!, decía una comentarista de televisión. ¡Parece un país de Asia o de Europa del Este! Pero no, era Estados Unidos, era efectivamente su país y era, es, real el dolor, la destrucción, la impotencia.

Hoy cambia la historia, nada va a ser igual. ¿Cómo afectará a México? ¿Qué pasará con la economía mundial? ¿Y el acuerdo migratorio? ¿La paz internacional? ¿Qué periodo histórico termina y cuál inicia?

¿Crecerá la intolerancia contra los extranjeros? ¿La sociedad más abierta del mundo se va a cerrar? ¿Se perderá la libertad para viajar y trasladarse? ¿Los problemas de Medio Oriente se agravarán con la violencia? ¿Habrá guerra abierta? ¿Hay esperanza?

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Imagen: Hemeroteca El Universal

Hoy cambia la historia. Ser un ejército fuerte en lo convencional no detiene a los terroristas suicidas.

Asistimos a un quiebre civilizatorio en el que sólo la justicia podrá lograr la paz, porque nunca la violencia terrorista ni la violencia de un sistema económico mundial insensible a la pobreza y marginación pueden, deben existir. Nadie está justificado para emplear la violencia. Lo que hoy vivimos en Nueva York es la sinrazón del mundo “moderno” y ojalá no despierte el ogro de la rabia y el sentimiento irracional.

¡Bienvenido siglo XXI!

¡Bienvenido mundo civilizado!

¡Bienvenido hombre sensato, ser humano, evolucionado!

Ante la violencia, sólo la firmeza de la razón y las ideas. Ante la violencia, sólo la unión de los pacíficos. Ante la violencia, la conciencia generalizada.

Trabajemos por la unidad de los pacíficos activos y constructores. 

Lo que sucedió aquí en Nueva York no es cosa de nuestros vecinos, es algo que afecta al mundo, a nuestro principal socio comercial, a nuestro vecinos y a nuestro país en consecuencia.

¿Qué hay que aprender de esta tragedia? ¿Qué hay que cambiar a causa de ella? Esas preguntas nos deben ocupar la conciencia.

Enérgica condena a la agresión

Fabiola Guarneros, Carlos Benavides y Jorge Teherán

El presidente Vicente Fox condenó “enérgicamente” los atentados terroristas ocurridos en Estados Unidos e instruyó a las representaciones diplomáticas y consulares de México en ese país a brindar “todo el apoyo” que requieran los connacionales afectados, de alguna manera, por estos hechos. Agregó que como señal de duelo, ha girado instrucciones para que todos los consulados y la embajada de México en Washington suspendan las celebraciones de las fiestas patrias en aquella nación.

Desde la residencia oficial de Los Pinos, el presidente Fox llamó a la ciudadanía a tener calma, serenidad y mantenerse unida.

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Imagen: Hemeroteca El Universal

Viven mexicanos una pesadilla

Dedicados a prestar toda clase de servicios en el corazón de Nueva York, los migrantes mexicanos vivieron ayer uno de sus peores días. 

Y aunque las autoridades mexicanas -consulado, la Oficina Presidencial para Mexicanos en el Exterior y la Casa Puebla en Nueva York- aún no se arriesgan a manejar una cifra preliminar sobre  cuántos de ellos perdieron la vida o se encuentran desaparecidos, lo cierto es que ahí, en la capital financiera mundial, radican entre uno y 1.2 millones de connacionales.

La comunidad mexicana, originaria en su mayoría de la Mixteca, no únicamente se compone de lavaplatos, meseros, obreros y repartidores, sino también de exitosos empresarios que, junto con ellos, envían remesas cercanas a los 200 millones de dólares anuales, sólo en la entidad poblana.
Aquí algunos testimonios, recogidos por EL UNIVERSAL vía telefónica tras los ataques terroristas:

Juan Peláez, empleado de limpieza en la ONU, con sede en Nueva York:

“Al momento del accidente de la torre estaba trabajando en la ONU. Sólo escuché un tronido demasiado fuerte. Después, personal de seguridad entró y nos evacuó (...) En la calle había caos, desorden y la gente gritaba; preferí irme a mi casa y no he salido. Todo lo he visto por la televisión”.

Sergio Juárez, originario de Atlixco, trabaja en una tintorería en el barrio de Queen y tiene 10 años de residir en Nueva York:

“En el momento de la explosión estaba trabajando, no pude observar nada en el cielo, pero todos los centros comerciales empezaron a cerrar de inmediato. La gente corría, cerraron los bancos y el aeropuerto. Para dirigirme a mi casa, el transporte demoró más de lo normal. Conocí la situación a través de la radio”.

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Imagen: Hemeroteca El Universal

Joel Magallán, originario de Zacatecas, director ejecutivo de la Asociación Tepeyac (organismo de ayuda a migrantes):

“Desde el principio pensé que no era un accidente, que era un ataque. Lo primero que pensé fue que el mundo está descontento con la forma de trabajar de Estados Unidos. Al momento de la explosión estaba en mi oficina y pude observar cómo los dos aviones se estrellaron en las torres gemelas. Tengo sentimientos encontrados, hay incertidumbre sobre qué va a pasar y considero que no es justo que paguen justos por pecadores. La zona en donde sucedieron los hechos trabajan empresarios y mexicanos. Hay sentimiento de solidaridad”.

Hugo Castilla Rivera, originario de Zapotitlán Salinas, reside en NY donde preside una coalición de migrantes:

“Tratamos de comunicarnos a la caseta de Manhattan para saber cómo está la gente que se fue del municipio a trabajar allá, sobre todo a las torres gemelas. Sin embargo, es difícil contactarlos por teléfono, ya que la mayoría carece de apartados y sólo se comunica con su familia al llamar de la caseta”.
 

 

Refuerza la policía las medidas de seguridad

Jorge A. Medellín, Mayra N. Aguirre y Julián Sánchez

La policía Federal Preventiva reforzó la vigilancia en los principales aeropuertos de México para evitar cualquier posible acto terrorista o secuestro de alguna aeronave como medida de prevención tras los hechos ocurridos en Estados Unidos. 

En la Ciudad de México, en los colegios Americano e Israelí se registraron escenas de pánico de alumnos y padres de familia debido a llamadas que alertaban sobre la presunta colocación de artefactos explosivos, versión que fue desmentida por la SEP.

La Secretaría de Seguridad Pública y la Policía Judicial capitalina también aplicaron diversos operativos para prevenir incidentes en sedes diplomáticas o instalaciones claves de la ciudad, lo que derivó en la detención de un sujeto quien se manifestó a favor de los atentados terroristas en EU, frente a su embajada en el DF.

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Imagen: Hemeroteca El Universal

Cunde incertidumbre en ciudades fronterizas

La incertidumbre y el caos se apoderaron ayer de las ciudades fronterizas entre Estados Unidos y México por los atentados en el vecino país, con el cierre y posterior apertura parcial de los cruces fronterizo y el fortalecimiento de las medidas de seguridad, que incluyeron a las instalaciones consulares de Washington en territorio mexicano.

En la frontera con Guatemala, el Ejército mexicano tomó el control de garitas, el Instituto Nacional de Migración revisó de manera exhaustiva a nacionales y extranjeros que ingresan al país y la Marina puso en alerta a sus unidades.

En Tijuana, el Cisen convocó a una reunión urgente para acordar medidas en caso del cierre total de la frontera, que hasta ayer no se había descartado. Las autoridades de Baja California habilitaron albergues para alojar a las personas que no pudieron regresar a su país y llamaron a la población para que se abstenga de cruzar la frontera, si no es necesario.

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Imagen: Hemeroteca El Universal

A los residentes fronterizos les llamó la atención que luego de los atentados, el caudal del río Bravo aumentó en la región. 

En muchos lugares estaba seco, pero ayer el caudal del río Bravo era más intenso, mientras que el canal Franklin, que corre paralelo al río, registraba una disminución notable en su cauce, lo que podría deberse a una medida para dificultar más la entrada a territorio estadounidense.
 

fjb

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