Yum Balam, una área natural protegida del siglo XXI, desde la inercia del siglo XX

Rubén Presuel Polanco

En un ejercicio único de participación social, 21 ciudadanos asesoran a la Dirección del Área Natural de Protección de Flora y Fauna Yum Balam para contar con un plan de manejo de la reserva que parta desde la base, que tome en cuenta a las comunidades que conforman la zona y que garantice la participación de quienes son los dueños de la tierra y los que la hacen producir.

¿Cuándo nos preguntaron si queríamos que nuestras tierras estuvieran dentro de un régimen de ANP, administrado por el gobierno a través de la Conanp (Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas)?, es la pregunta que se hacen los habitantes de la zona, en el municipio de Lázaro Cárdenas, Quintana Roo y a la que el Consejo Asesor de la APFF de Yum Balam busca responder.

En su territorio, más de 154 mil hectáreas, Yum Balam incluye 20 mil del ejido Chiquilá, más otras cinco mil del ejido que conforma la isla de Holbox, todas tierras ejidales que forman el patrimonio de los pobladores locales que por decreto del Ejecutivo Federal emitido hace 23 años, el 6 de junio de 1994 tuvieron que aceptar las reglas y obligaciones de uso del suelo que limita las opciones de desarrollo y los dejan como sujetos contemplativos y actores pasivos, como en un enfoque de no tocar, y prohibido hacer que los excluye de ser los garantes de la conservación de sus propias tierras.

A propuesta de comisarios ejidales y propietarios de la tierra, la Dirección de la APFF, la Conanp y la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Sermarnat) mantienen un dialogo abierto con todos los actores involucrados como estrategia que permita orientar la toma de decisiones para contar con un Programa de Manejo para la APFF.

Ello, a través de propuestas técnicas fundadas en el conocimiento científico sobre la conformación de las casi 154 mil hectáreas que conforman la poligonal del área bajo régimen de protección y conservación.

El Programa de Manejo integrará un documento rector de planeación y ordenamiento para el aprovechamiento sustentable y la conservación de los objetos de conservación decretados, la biodiversidad y sus los ecosistemas, así como la relación entre las comunidades y la naturaleza.

Todo ello bajo los parámetros establecidos en la Ley General de Equilibrio Ecológico, la Ley de Desarrollo Forestal Sustentable y todas las Normas Oficiales Mexicanas que existen para la conservación de flora y fauna en el país.

Como parte de ese proceso es necesario realizar un diagnóstico preciso y actualizado de las condiciones actuales de los ecosistemas que permita conocer con precisión la aptitud principal del uso del suelo, así como las dimensiones reales del estado de conservación y aprovechamiento del territorio.

Ese trabajo es hoy una tarea obligada cuya ejecución está a cargo de un grupo técnico consultor multidisciplinario integrado por especialistas en ecología, planeación, desarrollo sustentable, ordenamiento del territorio, así como los ejidatarios, dueños particulares, desarrolladores de proyectos turísticos, así como productores de la comunidad.

Los estudios, realizados con la mejor tecnología actualmente disponible, incluyen trabajo de campo para la identificación de flora y fauna, asociaciones entre organismos vegetales y, o, animales, tipos de ecosistemas, dinámicas de uso de suelo, aprovechamientos del suelo, ya sea productivos actuales o del pasado reciente.

También se trabaja en definir y analizar los escenarios de crecimiento de la principal actividad productiva de la región y base económica de todo el estado de Quintana Roo: el turismo, entendido este como una industria que aporta empleos y crecimiento en Quintana Roo.

Los estudios en la APFF de Yum Balam incluyen revisar las bases para estimar la capacidad de carga o el límite de cambio aceptable del uso del suelo en la reserva, con base en un modelo teórico que la Conanp propone como fundamento para definir el tamaño del posible crecimiento del desarrollo de infraestructura.

Ahí se plantean las variables y el uso de indicadores como base para definir el número de habitaciones por hectárea factibles de construir sin causar daños a la estructura funcional de los ecosistemas.

Con base en modelos matemáticos que simplifican el análisis, se estima la capacidad de carga de la llamada “isla grande” y su área de influencia inmediata en la parte continental de la región, en el ejido Chiquilá.

Los estudios permitirán conocer el impacto ambiental y socioeconómico de generar mayor infraestructura en el municipio de Lázaro Cárdenas, una de las localidades con mayor marginación y menor desarrollo, pero que aspira a crecer y tener una calidad de vida y empleos satisfactorios.

Lo que se busca es un modelo de desarrollo basado en el turismo de naturaleza, en la conservación del paisaje, que privilegie la exclusividad y la baja densidad, respetuoso del entorno natural, y que aprecie la cultura local más allá de los paseos de sol y playa.

Se trata de salvaguardar la capacidad de un sistema de tolerar diferentes niveles de perturbación sin cruzar un umbral que lo lleve a cambios irreversibles en su estructura y procesos, de conservar el potencial de los ecosistemas y mantener su estructura y funciones ante diferentes disturbios.
De ahí que la meta a alcanzar con el Programa de Manejo del APFF Yum Balam no debe tratarse de un simple mantenimiento de áreas intactas, de no hacer, no tocar, sino que deberá priorizar el cuidado de la biodiversidad, el uso de los espacios naturales y sus componentes que permitan mantener la capacidad y funcionalidad de los ecosistemas.
Esa es la tarea que el grupo de 21 ciudadanos mencionado al principio ejecuta y fomenta para ser tomado en cuenta en el proyecto del Programa de Manejo de la APFF Yum Balam y que en breve concluirá.
Una tarea que se ha realizado con la inteligencia de todos los actores y una apuesta común por el éxito del trabajo en equipo. Un trabajo participativo y abierto al diálogo que permita desarrollar un modelo de manejo resilente y sostenible, que nos lleve a tener una APFF del siglo XXI, un origen en la inercia del siglo XX.

M. en C. Biólogo, consultor ambiental

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