Apuntes sobre los desafíos del gobierno de Claudia Sheinbaum

José Antonio Sánchez Cetina

Harto revuelo, querida ciudad, en un diciembre tan transitivo, tan fundamental. Pero que no nos deslumbren los brillos federales, porque tú también estrenas gobierno capitalino. Claudia Sheinbaum asume entusiasta las riendas de la administración chilanga. Aunque tus defeños dimos un golpe de timón para sacudirnos el sexenio de espanto que acaba de terminar, si bien eres un territorio preponderantemente morenista, ciudad, el tamaño del sapo que representa gobernarte -con el perdón de la metáfora anfibia- amerita una pedrada de dimensiones meteoríticas.

Conozco personalmente algunos colaboradores del cuadro titular de Claudia Sheinbaum. Corriendo el riesgo de generalizar, creo que es un motivo de orgullo -de felicitarnos como sociedad que puede dar vida a un concepto tan complicado como la democracia- que elijamos un gobierno de ciudad con un perfil más técnico, más preocupado verdaderamente por entender lo que pasa en la ciudad, si bien no completamente divorciado de asuntos políticos. El desafío para estos perfiles técnicos, académicos -para bien y para mal- radicará en reponerse rápidamente del choque contra el piso de la realidad. Con frecuencia, la visión técnica y académica es afilada para identificar buenas prácticas y subrayar debilidades, pero la dinámica del servidor público implica abandonar la comodidad relativa de hablar a toro pasado, de explicar más que predecir.

Pero alejemos el dron para hablar en trazos más gruesos, ciudad. Qué mejor lugar para discutir cuáles son los problemas más complejos a los que se enfrentará el nuevo gobierno que en este diálogo parco e imaginado contigo. Buena parte del problema -con letras grandes- de la ciudad es que los chilangos se acostumbran a todo. Resolver nuestros problemas tiene que ver, también, con desnormalizar -como diría el profesor David Arellano- fenómenos que nos parecen muy cotidianos.

A mi entender, los desafíos más importantes se ubican en temas de seguridad, movilidad, aire-agua-residuos, desarrollo urbano, “resiliencia” y el embrollo normativo-institucional. Digamos una línea sobre cada uno de ellos. .

El tránsito infernal de la ciudad no deja de empeorar, y acostumbrarse a ello tiene implicaciones en distintas aristas. Desde el perjuicio a la salud física y mental que implica trasladarse tanto tiempo todos los días hasta asuntos de competitividad y productividad, seguridad, contaminación del aire y, no menos importante, el derecho equitativo a poder recorrer la ciudad, a tener manera ágil de andar en las calles. Suenan ideas interesantes, como cablebuses y sanciones de trabajo social, veremos cómo se desenrollan esas propuestas.

La seguridad es, acaso, el reto más grande en la Ciudad de México. Durante mucho tiempo se pensó en la capital como una burbuja donde la violencia se estampaba. Quizá nos lo creímos demasiado, pero vecindarios recientes y viejos, acomodados y vulnerables, tranquilos y bravos. Todos han visto la peor violencia de la que se tenga recuerdo en la ciudad. Hacer que el estado de derecho sea una realidad en una metrópolis de talla descomunal es complicado, pero habrá que empezar por combatir las peores aristas de la inseguridad.

Cada vez más está en la agenda pública, pero poco se hace al respecto. El tema de manejo de residuos sólidos, recursos hídricos y responsabilidad sobre contaminación del aire y agua son asuntos muy serios. Más temprano que tarde nos van a alcanzar si no se hace más que salir en fotografías de redes de ciudades sin verdaderamente pasar del discurso a la política pública. Lo digo en un plumazo, pero vivir en una ciudad donde el desabasto de agua es tan crudo y afecta a tanta gente debería hacernos sentir raros, al menos.

El desarrollo urbano como problema es un gigante de malos modos. Ya se ha intentado antes administrar el voraz crecimiento no planificado y la especulación inmobiliaria. Cuando se ha intentado bien intencionadamente, pareciera, como canta y sueña Silvio con serpientes, que se mata y aparece otro desarrollador mayor, o una variante de los mismos. Repensar, actualizar y, sobre todo, hacer valer los planes de desarrollo, blindándolos de la corrupción más obscena, es tarea ingrata, pero harto urgente.

No se te olvida, ciudad, y a nosotros tampoco. La alerta sísmica es esa hada incómoda que vive cerca de nuestros oídos y nos recuerda cuán frágil es todo. Y nos ha quedado muy mal esa palabra hueca, resiliencia. El gobierno entrante tendrá la encomienda de buscar otro término, mucho menos ambiguo, que implique revisar tus estructuras y esqueleto, ciudad, subir nuestros estándares y estar más listos que antes, esperando que nunca pase de nuevo.

Finalmente, el alboroto electoral dejó atrás un tema que parece que no terminó de consumarse del todo: la Constitución política de la Ciudad. Tienes carta magna, querida urbe, y en las noticias ya le llaman Alcaldía de Coyoacán y de Azcapotzalco. Todavía no me acostumbro, pero peor aún, creo que todavía no nos queda claro, gobernantes y gobernados, cuáles son las implicaciones de ese tránsito de delegaciones a alcaldías, de concejales y responsabilidades. Una visión normativista de la realidad consideraba que escribir un texto con letras doradas transformaría la dinámica urbana. Toca, al menos, entender si en algo se transforman las instituciones de la capital.

Acaso un reto más, igual de encomiable que los citados antes, sea el de desmarcarse del gobierno federal. Yo entiendo, la cercanía y unidad fueron una estrategia que benefició tanto a Sheinbaum como a Andrés Manuel durante la campaña. Pero la ciudad tiene su propia dinámica, y aunque sin duda hará bien en guardar una relación productiva y efectiva para tratar asuntos regionales y convergentes, mereces un gobierno con agenda independiente, querida Ciudad de México. Uno que, si parece técnico ahora, haga lo que se espera de un perfil técnico y profesional.

Que le deje las batallas contra el poder económico o la mafia del poder o el nombre de villano de caricatura que a usted se le ocurra al gobierno federal o a quien se ponga los guantes. Nosotros tenemos bastante para empezar a gobernarnos. Para creer que seguimos en pie, después de los días tan ingratos que nos ha tocado vivir, y que podemos tener, colaborar con, exigir, moldear, trabajar un gobierno capitalino justo, dinámico y capaz, como el hormiguero que es la plancha del Zócalo atiborrada de tus inquilinos, queridísima Ciudad de México.
 

Escritor y doctorando en Administración Pública y Gobernanza Urbana.
@elpepesanchez
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