Misiones espaciales sin salir de la Tierra

No se necesita ser multimillonario para vivir una experiencia espacial. Muchos se ponen a prueba en ambientes extremos similares a los de otros planetas

Misiones espaciales sin salir de la Tierra
Foto: ARCHIVO/ EL UNIVERSAL
Ciencia y Salud 26/07/2021 02:40 Berenice González Durand Actualizada 16:48
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Sería difícil pensar que alguien elegiría estar inmovilizado sobre una cama un par de meses; sin embargo, cuando esta labor sirve para aproximarse un poco a una experiencia en el espacio, los lugares son codiciados. En el Centro Aeroespacial Alemán (DLR) se halla uno de los complejos de investigación más importantes del mundo para el desarrollo de habilidades futuras.

Se trata del envihab (la unión de las palabras enviroment-medio ambiente- y hábitat), un espacio de tres mil quinientos metros cuadrados en la ciudad de Colonia que busca estudiar los efectos de las condiciones ambientales extremas en los seres humanos para diseñar posibles soluciones. Precisamente en uno de sus ocho módulos de investigación se monitorean sujetos de prueba para un estudio de la NASA sobre reposo en cama durante 59 días. Las solicitudes para una de las campañas de estudio (septiembre-noviembre de 2021) ya están agotadas, pero aún hay lugares para la segunda parte del estudio que serán de enero a marzo del 2022.

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Los recientes vuelos fuera de la órbita terrestre de los millonarios Richard Branson (Virgin Galactic) y Jeff Bezos (Blue Origin) dejaron claro que el espacio es un foco de conquista tan apetecible que en un futuro no lejano podría ser accesible no solo para unos cuantos. La fascinación por el espacio, y por las posibilidades de habitarlo más allá de la ficción, llevan a numerosos voluntarios en todo el mundo a sumarse a las llamadas misiones análogas, tan antiguas como los primeros sueños de viajar a la Luna. Cráteres de meteoritos y volcanes fueron utilizados para pruebas de rovers para la planeación de las misiones Apolo de la NASA; de hecho, en viejas fotografías se ve a Buzz Aldrin y Neil A. Armstrong seleccionando muestras geológicas y recibiendo entrenamiento en montañas de Quitman en Texas.


 

Escenarios naturales o artificiales

Las misiones análogas son pruebas de campo en condiciones extremas mediante las que se busca encontrar nuevas formas de supervivencia para largos viajes en espacios reducidos y en hábitats poco amigables. Realizadas en escenarios naturales o artificiales ponen a prueba la capacidad de los humanos y de los equipos para estandarizar procedimientos de tripulaciones espaciales, pero también desarrollan estudios en diversas áreas del conocimiento para aportar nuevas herramientas en la vida cotidiana en la Tierra en áreas como ingeniería biomédica, robótica, microbiología y comunicaciones, entre muchas otras.

Los ocho módulos separados de envihab, incluyen una centrífuga humana de brazo corto para realizar diversas investigaciones cardiovasculares, óseas y musculares. La exposición del hombre a altos niveles de aceleraciones origina la aparición de síntomas y signos clínicos, incluyendo el riesgo de pérdida de conciencia que puede comprometer la seguridad en vuelo, por lo que la búsqueda de alternativas para la tolerancia a las aceleraciones es fundamental.

Son muchas las líneas de investigación en medicina espacial que se realizan en este centro, como los cambios oculares en los astronautas que plantean un enorme desafío médico durante los vuelos espaciales de larga duración. Los estudios de reposo en cama en el DLR demostraron que las variantes en la posición en la cabeza combinadas con diversas formas de gravedad artificial, lograda mediante centrifugación de brazo corto, podrían adecuarse como método preventivo.

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La NASA cuenta con una serie de proyectos análogos para estudiar diferentes campos. Para analizar el impacto del aislamiento y el confinamiento por periodos prolongados en los viajeros espaciales, las estaciones científicas en la Antártida son esenciales, así como otros hábitats artificiales, como HERA, en espera de iniciar su sexta campaña de investigación. Se trata de una pequeña estructura de tres pisos en el Centro Espacial Johnson donde se realizan estudios sobre evaluaciones de desempeño y salud conductual, así como de comunicación y autonomía por periodos cada vez más largos.

Otro de sus proyectos permanentes es el Haughton-Mars Project (HMP) que se centra en el estudio científico del cráter de impacto del meteorito Haughton y el terreno circundante en la isla Devon, en el Alto Ártico, lugar considerado como un análogo natural para la Luna y Marte. Es una de las islas más grandes del archipiélago de las Islas de la Reina Isabel, en Nunavut, Canadá, y es la mayor deshabitada de la Tierra. Este desierto polar, con un ambiente frío y seco representa el área continua más grande de desierto polar rocoso y árido de la Tierra. El sitio alberga un cráter de impacto de meteorito de 20 km de diámetro, formado hace 23 millones de años durante el Mioceno.

El programa de exploración HMP desarrolla, prueba y valida tecnologías y estrategias de exploración para planificar la exploración robótica y humana a la Luna y Marte. Los sistemas estudiados incluyen hábitats, trajes espaciales, vehículos terrestres, aviones (drones y otros vehículos aéreos no tripulados), rovers, taladros e instrumentación, y sistemas de soporte vital y de comunicaciones.

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Ciencia y aficiones lúdicas

El desarrollo de este tipo de proyectos análogos ha reclutado miles de voluntarios, cuya aportación es fundamental en la recopilación global de datos. Se busca que los participantes tengan un perfil que se aproxime al astronauta promedio tanto como sea posible. En general, buscan voluntarios sanos, no fumadores y de entre 30 y 55 años. Los sujetos deben pasar una evaluación física y psicológica para calificar. Aunque es el estándar prevaleciente, en los últimos años se han abierto grupos de estudio con mayor diversidad e incluso se han desarrollado alternativas para quienes buscan realizar investigaciones independientes e incluso vivir este tipo de experiencias con un sentido más lúdico.

Proyecto en Polonia

Un ejemplo es la estación de investigación Lunares, diseñada para la simulación de misiones espaciales tripuladas y ubicada en un aeropuerto militar de Polonia. La estación puede albergar una misión por dos semanas para una tripulación de seis personas. Su objetivo general es crear una plataforma de investigación para apoyar el desarrollo científico y tecnológico en la exploración espacial tripulada con el apoyo de especialistas involucrados en el estudio de campos como medicina, psicología, biotecnología, sociología, e incluso, arquitectura.

Según información proporcionada por la agencia, la participación en una misión cuesta mil 850 euros e incluye dos semanas de experiencia en la estación con la posibilidad de realizar una investigación personal con acceso a su plataforma de datos. Comprende un entrenamiento previo y una dieta de alimentos liofilizados. Se tiene que realizar una prueba de Covid-19 antes y después de ingresar a la misión y las solicitudes se abren para edades de 21 a 65 años con inglés fluido. Lunares mantiene un programa para estudiar la respuesta biológica y mental al aislamiento que ha brindado importantes elementos para analizar el impacto de las cuarentenas que se han vivido en la pandemia.

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Este tipo de misiones también ha inspirado un segmento abiertamente turístico. Un ejemplo es la agencia española Astroland que apela a un turismo científico buscando recrear, al interior de cuevas en Cantabria, ambientes como los que se podrían encontrar en Marte, pero con un entrenamiento previo en escalada y espeleología.

Así, desde el absoluto rigor científico, que abona pasos en la preparación de la exploración humana del espacio, hasta la aproximación lúdica, estas experiencias visualizan el espacio desde nuevas trincheras que parecerían democratizar el vuelo proyectando las posibilidades de la imaginación.

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