El legado de la tecnología que dejó el Covid-19

Nuevas formas de hacer vacunas, dispositivos para lugares con precaria infraestructura y hasta teléfonos inteligentes son respuestas de la tecnología para luchar contra el virus

El legado de la tecnología que dejó el Covid-19
Foto: Archivo/EL UNIVERSAL.
Ciencia y Salud 12/09/2021 23:54 Berenice González Durand Actualizada 15:39
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Hace 60 años el biólogo sudafricano Sydney Brenner decidió hacer un experimento fuera de lo convencional que involucraba virus y radioactividad. Se decía que su imaginación y capacidad de abstracción fue lo que finalmente lo convirtió en un premio Nobel. Con la euforia de las acaloradas discusiones entre su equipo sobre la posibilidad de que hubiera moléculas que funcionaran como mensajeras entre los genes y las proteínas, el científico realizó una serie de experimentos poco ortodoxos, pero con los que finalmente pudo explicar cómo un pequeño fragmento del ácido ribonucleico lleva las instrucciones a la parte de las células donde se sintetizan las proteínas que utiliza como herramientas.

El descubrimiento del que posteriormente fuera nombrado como ARN mensajero (ARNm) fue el primer paso hacia una de las puertas tecnológicas que se abrió de par en par durante la pandemia, pues este hallazgo y el trabajo científico en esta área durante varias décadas (sobre todo a partir de los 90) recibió el impulso final para generar vacunas que serían sustanciales para emprender la batalla contra el Covid-19. La creación de vacunas de ARNm es indudablemente una de las tecnologías que forman parte del acervo de recursos impulsados por la pandemia que seguirán produciendo frutos más allá de ella.

Katalin Karikó, la científica húngara afincada en Estados Unidos y quien es considerada una de las madres de este tipo de vacunas contra el Covid-19, mantiene la línea de estudio del ARN mensajero como un nuevo enfoque para combatir diversos padecimientos. La capacidad del ARNm de enviar instrucciones a las células para producir o bloquear proteínas abre un enorme campo para tratar enfermedades inmunológicas, genéticas y cardiovasculares. Una de sus aproximaciones terapéuticas más ambiciosas busca frenar el cáncer potenciando la respuesta inmune frente a la proteína que produce el tumor.

Moderna ya dio el siguiente paso para una nueva generación de vacunas de ARNm: está en la fase 2 de estudios clínicos para generar una vacuna cuadrivalente contra la influenza estacional. El laboratorio norteamericano reporta que la vacuna se dirige a los linajes recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para la prevención de la influenza, incluida la influenza estacional A H1N1, H3N2 y la influenza B Yamagata y Victoria. La intención es lograr una inoculación de mayor protección y más largo alcance, pues las actuales contra la gripe tienen una eficacia aproximada de sólo 40-60% y su formulación se decide entre seis y nueve meses antes de la fecha prevista para el uso de las vacunas.

35% SE PUEDEN REDUCIR las muertes infantiles por neumonía después de un acceso fiable al oxígeno.

La intención con este tipo de nuevas vacunas es evitar cambios antigénicos en el virus de la vacuna, pues en la producción de vacunas a base de huevo, el proceso utilizado para la mayoría de las vacunas contra la influenza, existe el potencial de cambios no intencionales. Las ventajas de las vacunas de ARNm incluyen la capacidad de combinar diferentes antígenos para proteger contra varios virus, pero también para potenciar la capacidad de respuesta frente a la evolución de virus respiratorios. Moderna planea explorar posibles vacunas combinadas contra el SARS-CoV-2, el virus respiratorio sincitial (RSV) y el metapneumovirus humano (hMPV). La meta de Moderna es una vacuna combinada de ARNm para que las personas puedan recibir una inyección cada otoño para una protección de alta eficacia contra los virus respiratorios más problemáticos, incluyendo el SARS-CoV-2.

 

Combatir deficiencias

Además de impulsar tecnologías que llevaban décadas cocinándose en los laboratorios de todo el mundo, la pandemia también impulsó el diseño y rediseño de muchos productos para combatir los efectos del Covid-19 que ya están siendo efectivos para combatir otras enfermedades. La OMS acaba de publicar un compendio de 24 nuevas tecnologías para la salud impulsadas por el Covid-19 que pueden utilizarse en entornos de bajos recursos para muchas otras enfermedades.

El compendio incluye desde artículos tan sencillos, como un colorante que se añade a la lejía para identificar objetos y superficies no esterilizados a simple vista, hasta equipos más complejos pero fáciles de usar, como un sistema portátil de monitorización respiratoria y ventiladores con batería de larga duración que pueden utilizarse sin electricidad o con suministro irregular.

Algunas de estas tecnologías se están utilizando en programas piloto: un concentrador de oxígeno alimentado por energía solar ha sido muy eficaz para tratar la neumonía en un hospital pediátrico del estado somalí de Galmudug con acceso irregular a la electricidad. Estudios han demostrado que un acceso fiable al oxígeno puede reducir en 35% las muertes infantiles por neumonía. Dada la escasez de oxígeno en numerosos países, los concentradores han sido una herramienta fundamental para el tratamiento de pacientes con Covid-19, pero existen muchos otros padecimientos que requieren estas herramientas.

Teléfonos inteligentes

La pandemia subrayó la utilidad de tecnología que ya estaba disponible. La telemedicina se reactivó gracias a las posibilidades de los teléfonos inteligentes, pero sus orígenes tienen medio siglo y son las bases de lo que ahora se conoce como salud digital. Las consultas a distancia con especialistas durante la pandemia han resaltado su utilidad más allá de la crisis por el coronavirus: existen zonas marginadas en las que se podrían implementar para atender a grupos vulnerables o marginados. En México, existen alrededor de 10 millones de personas que radican en 120 mil 531 comunidades rurales con situación precaria en atención de salud.

En algunos países, los teléfonos inteligentes mostraron su utilidad en rastreo de contactos para prevenir contagios, agilizando la labor de los detectives de enfermedades. Se provocó una ola de aplicaciones que inclusive unió a monstruos tecnológicos como Apple y Goggle para crear un sistema que facilitara la compatibilidad de recursos y que mantuviera la privacidad de datos de los usuarios; sin embargo, este tipo de herramientas solo fueron útiles en lugares donde se ponían en marcha otras alternativas frente al virus, y en sitios donde hay un verdadero acceso a la tecnología.

120mil 531 COMUNIDADES  rurales en México, con precaria atención de salud 

Existen otro tipo de proyectos que se siguen apoyando en la telefonía celular para generar nuevas estrategias contra Covid-19 o futuras pandemias. La NASA aprovechó tecnología utilizada en la industria aeroespacial para desarrollar diferentes dispositivos contra el Covid-19. Un ejemplo es el llamado E-Nose, basado en tecnología de nanosensores para monitorear la calidad del aire dentro de las aeronaves. Se trata de un dispositivo que podría ayudar a mitigar la propagación del virus de manera similar a como se realizan controles de temperatura, pero lo que se busca detectar son los gases producidos por la infección del SARS-CoV2 en el aliento. El dispositivo sincroniza los datos mediante una app para teléfonos inteligentes. Investigadores de la Universidad Johns Hopkins apoyan este desarrollo con estudios que muestran cambios en la materia orgánica volátil de infectados con el virus, por lo que se podrían desarrollar firmas biológicas para la identificación del virus causante del Covid-19 y otros en el futuro.

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