Descifrando la epilepsia canina: éstos son los síntomas

Puede afectar a perros de diferentes razas y edades, además de ocasionar efectos negativos en su calidad de vida. Conoce sus causas, tipos, síntomas y alternativas de tratamiento

Descifrando la epilepsia canina: éstos son los síntomas
Esta patología puede provocar que el animal permanezca inmóvil, como si estuviera viendo al infinito. Foto: ISTOCKPHOTO.
Ciencia y Salud 24/07/2021 05:14 Cristian Arciniega Actualizada 05:56
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La epilepsia es una enfermedad conocida en humanos, pero pocos saben que también afecta a las mascotas, principalmente a los canes. “Se considera el problema neurológico crónico más común de aparición en perros. Del total de pacientes que van a consulta, entre 10 y 15% tienen alguna alteración del sistema nervioso. Y, de esa proporción, de 20 a 30% presentan convulsiones”, apunta Fausto Reyes Delgado, director de Educación y Desarrollo Institucional del Hospital Veterinario UNAM-Banfield.

Esta condición se caracteriza por producir descargas eléctricas en el cerebro, donde se encuentran las neuronas, mismas que se encargan de realizar las conexiones que permiten el movimiento, la respiración y otras acciones vitales. Al haber una liberación significativa de energía, es cuando se generan convulsiones.

La organización británica The Kennel Club, dedicada a promover la salud y bienestar de los canes, señala que, en la mayoría de los casos, la epilepsia es una enfermedad de por vida. No obstante, con un tratamiento preciso, se puede reducir considerablemente la frecuencia de estos episodios y, por ende, mejorar la calidad de vida de los ‘peludos’.

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CAUSAS, TIPOS Y SÍNTOMAS

Según su origen, la epilepsia se clasifica en idiopática y estructural. “La primera, que es la más común en veterinaria, se distingue por no tener una causa específica en sí. Mientras que, en la segunda, sí se conoce qué está produciendo las descargas eléctricas constantes. Puede deberse a un tumor en el cerebro, a cuestiones metabólicas e, incluso, a traumatismos graves, como golpes en la cabeza”, explica Fabiola Rocha Goretsas, asesora técnica en Comunicación Científica para Royal Canin.

Por otro lado, las convulsiones causadas por este padecimiento se dividen en dos grupos: generalizadas y focalizadas. Las crisis del primer tipo se desencadenan en todo el cerebro y suelen afectar al cuerpo completo a través de movimientos involuntarios en extremidades y músculos. Luego de un episodio, es posible que haya pérdida de conciencia o exceso de salivación. O, por el contrario, el animal se levanta y sigue como si no hubiera pasado.

“En los ataques epilépticos focalizados, muchas veces, los perros no pierden la noción, pero sí pueden llegar a ser dolorosos o distinguirse por mucho nerviosismo. Por ejemplo, si hay un tumor del lado derecho del cerebro y las descargas eléctricas se manifestaron en algún punto específico de esa área, las contracciones se producirán en el lado izquierdo, y no en todo el cuerpo”, señala la médica veterinaria.

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Otra forma en que se manifiestan las crisis localizadas es mediante ausencias, es decir, la mascota puede quedarse quieta como si viera al infinito. “En los canes, es común observar convulsiones parciales, que se conocen también como perros con síndrome de cazador de moscas. Empiezan a querer masticar en el aire, como si buscaran comerse una mosca, y eso ya es un episodio epiléptico”, dice Fausto Reyes.

¿QUÉ HACER ANTE UNA CONVULSIÓN?

Es común alarmarse al ver a una mascota sufrir un ataque epiléptico, pero la primera recomendación por parte de los especialistas es guardar la calma. “Debemos mantenernos tranquilos pues, así, podremos manejar mejor a nuestro compañero. Si está en un lugar peligroso, hay que apartarlo de inmediato de ahí.

“Por ningún motivo hay que introducir la mano en su boca. Es mejor frotarle el tronco hasta que el proceso de convulsión pase. Por lo general, estos tienen una duración de 30 a 40 s egundo s”, menciona el director de Educación y Desarrollo Institucional del Hospital Veterinario UNAM-Banfield.

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En caso de ser la primera vez que tu fiel amigo padece un ataque epiléptico, Fabiola Rocha Goretsas aconseja “esperar a que termine la convulsión y grabarlo con nuestro celular, pues dicha evidencia servirá a los médicos veterinarios a determinar un diagnóstico adecuado, debido a que los perros no pueden decirnos qué sintieron o qué sucedió”.

También hay que evitar hacer ruidos muy fuertes, como gritos o lloriqueos, ya que pueden generarle ansiedad al ‘p eludo’al terminar la crisis. Por lo regular, despiertan con sed o hambre; e, incluso, llegan a orinar o defecar como consecuencia del episodio. En aquellos pacientes con convulsiones periódicas, los doctores sugieren llevar un diario de estos ataques: cuánto duran, con qué frecuencia le dan, cómo reacciona, entre otros aspectos.

LA RELEVANCIA DE IR AL VETERINARIO

Es necesario comenzar el tratamiento para la epilepsia una vez que nuestra mascota haya presentado más de una convulsión al mes, se registre un ataque seguido inmediatamente de otro o, bien, cuando las crisis sean muy graves o con una duración prolongada. De acuerdo con la red estadounidense de hospitales veterinarios VCA, los fármacos más utilizados para controlar esta enfermedad son el fenobarbital y el bromuro de potasio.

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Cabe subrayar que la medicación debe ser individualizada, no solo por el factor que origina los episodios, sino también por la disponibilidad del propietario para seguir las indicaciones al pie de la letra. “Una vez atendimos a un poodle, de 10 años y de talla chica a mediana, que convulsionaba más de 30 veces al día. Los ataques solían suscitarse cuando su dueña estaba en época de exámenes y, entonces, descuidaba su tratamiento.

“Al llegar a nuestras manos, lo anestesiábamos de inmediato para bloquear cualquier estímulo. Después, lo medicábamos, corregíamos su receta y el paciente pasaba tres o cuatro días seguidos sin tener ningún síntoma”, narra el médico veterinario Fausto Reyes Delgado.

En ocasiones, el gran beneficio de administrar un tratamiento es reducir la frecuencia de las convulsiones, es decir, pasar de cinco crisis por semana a solo una. “Jugar con la mascota, pasar tiempo con ella y procurarle una buena nutrición no solo ayuda a mejorar su calidad de vida, sino también a lograr una mayor longevidad”, enfatiza la asesora técnica en Comunicación Científica para Royal Canin.

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