En México, más de 96% de la fuerza laboral del sector de la construcción está conformada por hombres, convirtiéndose en una de las industrias más masculinizadas del país. Incluso en las empresas formales, las mujeres representamos alrededor de 16.6% del personal ocupado, según datos del Inegi, y su presencia disminuye cuando se trata de obra directa o puestos técnicos especializados. Ante este panorama existe un gran reto que debe abordarse desde una perspectiva humana y más amplia, que ponga sobre la mesa el verdadero valor de la diversidad en los equipos de trabajo.

La construcción es una de las industrias más estratégicas para el desarrollo económico y social del país; define cómo vivimos, cómo nos movemos, cómo crecen y cómo podemos ser capaces de modificar nuestros entornos. Por ello, su transformación no puede limitarse únicamente a la innovación tecnológica o al desarrollo de nuevos materiales; la verdadera evolución pasa por ampliar las perspectivas de quienes participan en ella.

Desde el inicio de mi carrera, entendí que trabajar en este sector era una oportunidad para contribuir a proyectos con una huella tangible en la vida de las personas. Mi trayectoria, que comenzó directamente en obra y supervisión como parte de proyectos de infraestructura, evolucionó al área comercial llegando hasta el corazón de la operación y la estrategia, brindándome una visión 360° del negocio. Este recorrido me permitió descifrar la complejidad de una industria que hoy exige una metamorfosis profunda y consciente.

Validar una voz propia en un entorno habitualmente masculino ha sido mi mayor reto y a su vez, mi mayor aprendizaje. Entendí que el liderazgo no se trata de replicar estilos ajenos para encajar, sino de convertir esa perspectiva auténtica en una fortaleza para impulsar cambios culturales. Este cambio de enfoque me permitió abrir conversaciones que, aunque desafían inercias de años, son la única vía para cuestionar el statu quo y construir organizaciones genuinamente resilientes.

Esta resiliencia es vital porque el sector ya no se define sólo por materiales, sino por un ecosistema vivo donde hoy convergen temas nuevos como la descarbonización, la digitalización y la economía circular. Sin embargo, ninguna innovación técnica será suficiente si no va acompañada de una diversificación del talento. Para que esta evolución sea real, la sostenibilidad y la inclusión deben dejar de ser metas aisladas para integrarse en el corazón de la estrategia; la experiencia nos dicta que las empresas que abrazan la diversidad no solo son más humanas, sino que toman decisiones más sólidas y rentables.

La construcción siempre ha tenido el noble oficio de transformar la realidad del entorno; el reto de nuestra era es que también sea capaz de abrirse a mayor diversidad generando oportunidades para todos y todas, y no solo para un sector de la población. Al final, construir el futuro es mucho más que elevar la infraestructura; es tener la visión de decidir quiénes, con su talento y su voz, participarán en el diseño del mundo que viene.

Directora de Ventas y Operación de Agregados en Holcim México

¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

[Publicidad]