Prácticamente ya en la recta final del año, el balance de riesgos durante 2025 tiende a ser más positivo que negativo desde el punto de vista de la calidad crediticia. México HR BBB+(G) evitó un movimiento en su calificación debido principalmente a que una serie de riesgos internos y externos, con el transcurso de los meses, terminaron disipándose, y su impacto fue menor al esperado. Sin embargo, lo interesante ahora será conocer cuáles son los riesgos que enfrentaremos para 2026 y los siguientes periodos.

El próximo año parecería arrancar como un año menos convulso que el que vivimos al inicio de este. Habrá menos variables, pero esto no significa que no existan retos importantes en el horizonte. Empecemos por los externos: la coyuntura más importante que viviremos es la revisión del T-MEC con nuestros dos socios principales. HR Ratings, en su escenario base, asume que será una revisión áspera en la cual no descartamos declaraciones públicas, principalmente por parte de Estados Unidos, que abonarán a la volatilidad e incertidumbre en ciertos momentos. No obstante, asumimos que el tratado continuará con ciertas modificaciones y compromisos por parte de los tres integrantes; también estimamos que se mantendrán ciertos tipos de aranceles que, si bien no sería el resultado ideal, sería positivo.

Habrá que estar pendientes de otro tipo de riesgos de corte geopolítico, como por ejemplo la evolución de la guerra en Oriente Medio o la interacción de los distintos ajustes comerciales de Estados Unidos con otros países, principalmente los asiáticos y algunos latinoamericanos como Brasil. Sin embargo, por la posible incidencia en la economía mexicana, la revisión del T-MEC es definitivamente el elemento más importante.

Del lado de los riesgos internos, tenemos varios frentes abiertos que podríamos ligar a temas eminentemente económicos y políticos. En relación con los primeros, probablemente la pregunta más importante es qué tipo de país queremos formar para los próximos años y, más aún, responder en términos financieros el reto de crecimiento económico, consolidación fiscal y trayectoria de deuda.

Resolver esta tríada es probablemente uno de los retos más importantes como país, ya que el margen de maniobra es bastante acotado y no se puede incidir en cada uno de estos elementos sin afectarlos de alguna manera. De acuerdo con nuestra última estimación de crecimiento para 2026, en HR Ratings estimamos que podríamos alcanzar 1.7% real anual. Sin embargo, este todavía bajo nivel de crecimiento va a tener un alto nivel de correlación con la inversión pública gubernamental que se pueda realizar, todo esto sin descuidar la trayectoria de consolidación fiscal y de deuda pública.

Hay dos líneas de las que se ha hablado poco, al menos desde el punto de vista de la administración federal: una reforma fiscal y, sobre todo, elevar el grado de formalidad en la economía mexicana. En cuanto a la primera, en los últimos siete años, la estrategia ha sido prácticamente hacer más eficiente la supervisión del SAT y atacar de manera muy importante la evasión y elusión fiscal, lo que sin duda ha logrado buenos resultados, pero cuyo efecto, una vez regularizado, es cada vez menor. Por lo tanto, una reforma fiscal debe empezar a socializarse pronto. Este argumento ya se esgrimía desde la administración del expresidente López Obrador justo a la mitad del sexenio; sin embargo, la pandemia lo hizo imposible de instrumentar, por lo que muy probablemente empezaremos a escuchar de ella el próximo año.

En cuanto al nivel de formalidad en la economía, es algo que urge retomar con una política pública clara y eficiente, porque lo cierto es que, teniendo una economía de este tamaño, de poco sirve que se aumenten los impuestos si no logramos que una mayor base de entidades se integre a la base impositiva. Bastaría voltear hacia otros países latinoamericanos como Panamá, Argentina y Costa Rica, que tienen un porcentaje de economía informal del ~45%, o países como Chile y Uruguay, que poseen en promedio ~26%; si lo comparamos con un poco más del ~52% de nivel de informalidad en México, se aprecia claramente la importancia.

Desde el punto de vista político, vale la pena mencionar los efectos de una reforma judicial en la percepción no solo de los inversionistas, sino de la población en general. Pero dejando esto de lado, quizás un fenómeno importante que habrá que seguir serán las elecciones intermedias de 2027, en las cuales se elegirán 17 gubernaturas: Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur, Campeche, Chihuahua, Colima, Guerrero, Michoacán, Nayarit, Nuevo León, Querétaro, Quintana Roo, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas, así como diputados locales en 31 estados, ya que Coahuila los elegirá en 2026. A lo anterior se añaden ciertos puestos del poder judicial y presidencias municipales en algunos estados.

El próximo año y los que vienen, sin duda, serán de retos provenientes de muchos ámbitos en la economía y sociedad mexicana, que implicarán desafíos y también oportunidades para continuar formando y delineando a nuestro país.

Director General Adjunto de Análisis Económico en HR Ratings

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