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Cubrebocas, una prenda con su propia personalidad

Auge del producto abrió la competencia entre empresas de todos los tamaños, así como a productores informales que elaboran mascarillas en el país o las traen del extranjero

Cubrebocas, una prenda con su propia personalidad
Los fabricantes de cubrebocas están obligados a investigar qué materiales emplear y cuáles son avalados por autoridades. Foto: CARLOS MEJÍA. EL UNIVERSAL
Cartera 05/09/2020 03:48 Noé Cruz Serrano Actualizada 04:38

En la nueva normalidad, ponerse el cubrebocas ya no es una opción, sino una necesidad, y se trata de una prenda de vestir que refleja la personalidad y el estilo de quien la usa.

Sin embargo, también es un producto que abrió la competencia entre empresas de todos los tamaños, así como a productores informales que están elaborando mascarillas en el país o las traen del extranjero.

En el mercado hay de todo: producción artesanal, compañías con capacidad de elaborar miles en un solo día o aquellos que maquilan cientos en talleres clandestinos que más tarde inundan las calles de ciudades, municipios o poblaciones alejadas de las grandes urbes.

Actualmente hay un amplio abanico de opciones para millones de mexicanos que buscan protegerse del Covid-19 usando cubrebocas, con notables diferencias en precios, y con la particularidad de que, en muchas ocasiones, no ofrecen la seguridad que exigen las normas.

La propia Unión Nacional de Empresarios de Farmacias (Unefarm) tiene reportes de que grupos de pepenadores sacan el producto de la basura para volver a comercializarlo.

El organismo detalló que cuando un cubrebocas o una botella de gel antibacterial desechados están en buenas condiciones, “estos grupos los lavan y reutilizan, por lo que es posible que llegues a adquirirlos en cruceros viales o en negocios, sin saber que estuvieron en la basura y sin la certificación requerida”.

Oficialmente, todavía no hay estadísticas que reflejen el comportamiento de este mercado, comentaron funcionarios de la Secretaría de Salud (Ssa).

Enrique Flores Reyes, director de la empresa de cubrebocas Fiberdev, comentó que hay dificultades para pequeñas compañías, como la suya, que buscan ofrecer el producto a buen precio y con garantía de seguridad.

“Somos una pequeña empresa que entiende que las reglas de la sociedad pueden llevar a que el cubrebocas sea parte de la nueva normalidad en empresas, escuelas o hasta en las familias”, dijo.

—¿Cómo pueden sobrevivir a un mercado con tantos competidores?, se le preguntó.

—Lo estamos tratando de resolver con innovación. Estamos obligados a buscar socios comerciales para poder traer materias primas que se ajusten a los costos en México. Así podemos competir con las empresas que ofrecen productos de menor calidad. Estamos compitiendo con un producto, cubrebocas de cinco capas, que es como el KN95, que viene de China.

El empresario explicó que se busca innovar, poniéndole colores, figuras que atraigan a los clientes. Las mascarillas se están personalizando porque se anticipa que hacia allá van las exigencias del mercado.

“Estamos intentando colocar en el mercado cubrebocas tricolores antes del 15 de septiembre, algo patriótico, y ya estamos pensando en diseños para Halloween y también para Navidad”.

Sin embargo, aclaró que no es posible poner cualquier figura porque se puede afectar la salud de los clientes: “El problema está en la tinta que utilices, porque no podemos respirar cualquier tipo de tinta, y esto es algo que los fabricantes improvisados no toman en cuenta”.

En su caso, dijo que se ha invertido en el uso de láser, ya que no se pueden tejer figuras en la tela, pues el virus se puede filtrar a través de los orificios.

Esto significa que los fabricantes están obligados a investigar qué tipo de materiales pueden emplear, cuáles son avalados por la autoridad sanitaria y cuáles no dañan la salud de los usuarios, que, por la tendencia que se ha dado a partir de la pandemia, son cada vez más.

En este caso están los cubrebocas que cuestan tres o cuatro pesos, a cuyos fabricantes “la salud de los mexicanos no les importa mucho. Es una situación de negocio, de ganancia para ellos, pero se trata de un mercado clandestino, informal”, afirmó.

La competencia es fuerte, porque en el mercado formal hay jugadores que pueden producir no sólo 100 mil mascarillas diarias, sino muchas más, explicó.

“Nosotros estamos en medio de ellos, somos una empresa pequeña que paró actividades por las condiciones económicas del país y por el Covid-19, por lo que tuvimos que innovar, cambiar de giro para poder garantizar los empleos que tenemos, que son 15 en total, pero teníamos cerca de 40, y pensamos que con la innovación podemos recuperarlos”.

Su empresa se ha acercado a personas que pueden comercializar los productos en EU, para lo cual se les solicitaron pruebas de que se cubre la normatividad de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés).

Considera que hay oportunidades para las pequeñas empresas si son capaces de cubrir las exigencias del mercado.

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