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Me quiero volver chairo

04/07/2017 |08:14
Redacción El Universal
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Hace diez años leí que mi bisabuelo, el matemático Sotero Prieto, se había puesto como límite los 50 años para hacer un descubrimiento cabronsisisisisísimo en su área. Si no lo conseguía, decía que se iba a suicidar. Nadie le creía, pero zas, que agarra y que lo cumple. Chale.>>>En un post en mi antiguo blog bromeaba con que, de no lograr que la palabra "chairo" se colara al dominio público, no es que me fuera a suicidar pero sí adoptaría alguna práctica antichaira, como redondear mis centavos en el Oxxo.> > Lo decía medio de broma, medio en serio. El viento me susurró: CUIDADO CON LO QUE DESEAS PLAQUETAAAAAA, pero yo lo ignoré y seguí con mi vida. La cual, según un vistazo a mis publicaciones de aquel mes, incluía darme besos con chairos que luego me bateaban (¡NUNCA MÁS, CHAIROS!), ir a fiestas de Jorge Pedro, dibujar obras de arte en Paint y hacer el experimento de los Mentos y la Coca Cola pero con Jarritos de tamarindo (el mejor refresco sabor tamarindo, superior incluso que el Boing):> >
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>> Ah, qué tiempos.> > Corte a: el auge de Twitter, por ahí de 2010-2011. Los trolls y la derecha empiezan a usar el adjetivo “chairo” para insultar no sólo a activistas y periodistas inconformes, sino a cualquier persona que cuestionara al sistema o que manifestara cierta conciencia y preocupación por temas sociales o ecológicos. ¡Oh, oh!> > Desde aquel entonces, LA VERDADERA IZQUIERDA me embarró en la cara que yo había arruinado el mundo por haber popularizado el término, que el PAN ganó por mi culpa (y luego el PRI) y que el fantasma de la vaquita marina me jalaría las patas en la noche. Me convertí en una supervillana a la que jamás se le perdonaría semejante fechoría lingüística.> > Ay no, ¿qué pasó?> > ***> > Como ya he contado en millones de posts, estudié en la peor secundaria del mundo (#plaquejas al respecto aquí, aquí y aquí). Irremediablemente, mis amigos y yo salimos hechos unos tetazos. Por eso, entrar a la Prepa 6 de la UNAM fue como llegar a Ciudad Esmeralda.> >
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>> Estábamos maravillados con tanta libertad, con las deliciosas hamburguesas de carrito que vendían a la salida y, especialmente, con la diversidad de humanos que nos rodeaba. A pesar de que era una escuela donde todos estaban en su pedo, nadie se metía contigo y no existían jerarquías marcadísimas como de high school movie gringa, era evidente que sí había un grupo dominante. Estaba constituido por personas de clase media y clase media alta, con looks mugroso-vaporosos-hippies-a-la-moda, cuya seguridad en ellos mismos resplandecía. Sabían fumar mota muy bien. Algunos eran tan, pero tan cool, que bebían mate o clorofila. Todas las mañanas llevaban La Jornada bajo el brazo, discutían sobre política, participaban en las asambleas, eran la nobleza del CGH. Se veían inalcanzables. Eran tan atractivos, tan sexosos, tan perfectos.> > A nosotros, bodoquitos metaleros ñoñérrimos y ultravírgenes, se nos caía la baba. Y, por lo tanto, los odiábamos. Porque los envidiábamos como sólo se puede envidiar cuando tienes 15 años. Nos empeñábamos en ver sus defectos: eran faroles, arrogantes y estaban llenos de contradicciones. Ah, pero si llegaban a hablar por nosotros aunque fuera para pedirnos la hora, sentíamos que flotábamos.> > No teníamos un nombre para designar a estas personas. Hasta que, un día, un güey al que le decían “El Chori”, casi casi un extra en el sitcom de nuestras vidas, se refirió como “chaira” a una de ellas. Mario lo relata en este post. La palabra pegó. Se convirtió en un término de uso doméstico en nuestro grupo de amigos, luego en círculos cercanos, y se fue propagando poco a poco entre conocidos. La expresión era principalmente descriptiva, pero estaba cargada con esa mezcla de admiración, envidia, tirria y, en menor medida, autoidentificación.> > En el camino, se nos quitó un poquito lo ñoños y empezamos a adoptar ciertos elementos de ese chairismo aspiracional. Incluso llegamos a tener cuates chairos-muy-chairos. Y mis amigas y yo, cuando entramos a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, nos enamoramos perdidamente de chairos. Y aunque nunca alcanzamos a estar en la cúspide de la chairopirámide, nuestras vidas se chairificaron muchísimo. Eso nos permitió empezar a usar el término con un nuevo matiz de autoescarnio, porque notábamos que éramos una caricatura llena de inconsistencias. Pero también sabíamos que ser chairos era algo chingón de lo que no debíamos avergonzarnos, o sea, ni que fuéramos mirreyes (que en aquel entonces llamábamos “fresas del mal” o “cuberos”). Al contrario, con orgullo chairo íbamos a marchas, escribíamos contra la guerra, fumábamos salvia y leíamos a Eduardo Galeano.> > En este contexto, en 2005, cuando en nuestra clase de televisión nos dejaron de tarea hacer un documental, mis amigas y yo decidimos que nuestro tema sería “Los chairos”. Sí, burlándonos, porque al final era el grupo más poderoso en nuestro minicontexto, pero también poniéndolo como una opción chida de identidad colectiva.> > (Una disculpa por el abuso de efectitos chafas de Adobe Premiere, estaba aprendiendo.)> > Luego lo subí a Google Video, más adelante a YouTube, y yo seguí hablando de los chairos mientras la palabra cobraba vida propia.> > Jamás pensé que se saldría de control.> > ***> > La semana pasada, el Colegio de México anunció que ya había incluído la palabra “chairo” en su Diccionario del español de México, bajo la siguiente definición:> >s y adj (Ofensivo) Persona que defiende causas sociales y políticas en contra de las ideologías de la derecha, pero a la que se atribuye falta de compromiso verdadero con lo que dice defender; persona que se autosatisface con sus actitudes.>>> > ¿Cómo que “ofensivo”? ¿Qué tiene de malo estar en contra de las ideologías de la derecha? ¡¿ACASO HAY OTRA OPCIÓN?! ¿Y qué es eso de “falta de compromiso verdadero”? Eso es muy relativo, porque cualquier cosita puede invalidar nuestra protesta ante los ojos del antichairo empedernido: que si tuiteamos desde el iPhone, que si faltamos a una de las marchas de los 43, que si comemos brócoli transgénico, que si no leímos completo El Capital. ¿Cuál es la prueba definitiva de nuestro compromiso? ¿Dejarlo todo y mudarnos a Mazunte a rescatar tortugas? AARRRGHHHHHHH.> > Como dijo Sergio Andrade, esto no se queda así. Ya en 2015 le sugería a @PaveloRockstar que había que asumirse orgullosamente chairos para que la palabra dejara de ser un insulto. Así que yo invito a quienes se identifican con el chairismo a salir del clóset y a decir “Soy chairo, ¿y qué?”. Porque como concluye el profe Lumbreras en el video, “Si eres joven, vuélvete chairo”. Y si no eres joven, ¡también!> > #TodosSomosChairos #SalvoLosQueNo #UstedesSabenQuiénesSon