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Mi visita a La Mariestoppería

Mi visita a La Mariestoppería
14/06/2016 |06:51
Redacción El Universal
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El otro día me escribieron de Marie Stopes para invitarme a conocer sus instalaciones y un poco más de la ONG. Por supuesto que dije que sí, porque mi única experiencia previa con espacios de control de natalidad era:





- 2003: yo agarrando un bonche de condones del IMSS mientras la enfermera estaba distraída anotando en mi carnet que tenía “peso bajo” y que eso no era bueno para mi inminente maternidad (en el IMSS, al menos en mis tiempos, absolutamente todo lo analizaban y diagnosticaban en función de los hijos que ibas a tener).

-2013: acompañé a una chava a una de las clínicas de la Ciudad de México a hacerse una Interrupción Legal del Embarazo (ILE). Sí, te exigen que lleves un +1, porque las MUJERES SOLAS son un mal que debe evitarse a toda costa, y más cuando van a hacerse EL PROCEDIMIENTO PROHIBIDO. También te dicen que llegues en la madrugada, antes de que abran. Tienes que esperar afuera, donde obviamente no hay banquitas ni un pinche techo que te cubra de la lluvia. Una vez dentro, los médicos refunfuñones duermen la siesta mientras las mujeres esperan innecesariamente por hooooooooras y hoooooooooras, porque pues si eres mujer no trabajas ni estudias y puedes tomarte libre todo el día, ¿no? Y si sí trabajas o estudias pues para qué andas cogiendo, ¿eh? Y si andas cogiendo pues para qué te embarazas, ¿uh? Es tu culpa, sufre, sufreeeee con el látigo de nuestra indiferencia institucionaaaaal, muahahhaahahahha. Yo no tuve el dudoso honor de escuchar la plática regañona sobre anticonceptivos, pero usé un enchufe en una pared y me trataron como si me estuviera robándome el jabón de los baños (¡ja! Como si hubiera jabón en los baños). Todo mal.

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En Marie Stopes yo ya sabía que me iba a topar con algo mejor, porque varias amigas han usado sus servicios y yo medio sabía de su labor. Además, si cada año se les van a plantar enfrente los fanáticos de “40 días por la vida”, necios con malinformar a las mujeres que quieren decidir sobre su cuerpo, pues es que algo deben estar haciendo bien.

(Tanto la gente de MS como yo coincidimos en que los fanáticos religiosos están en su derecho de manifestarse en la vía pública. Me arde, pero pues ni modo.)

Y pues sí. Qué cosa tan chida. Acá, además del ILE, te asesoran sobre anticonceptivos, te ponen el DIU de cobre o te operan como gatito y te hacen exámenes de infecciones de transmisión sexual. Después de una vida de enfrentarme a doctores juzgones, que de plano te decían que “eso te pasa por andar de puta” (lo juro, le pasó a una amiga en servicios médicos de la UNAM), me sorprendió el trato cálido que le dan a todo mundo aquí. Es puro amor y respeto.

Pero eso nada más lo que hacen en la clínica: por fuera dan un chorro de información a escuelas, y aunque en algunas universidades vergonzosamente mochas les piden que hablen de abstinencia (güey, en serio qué oso de escuelas, y más para el dineral que cuestan), ellos no les hacen caso y siguen con su rollo de sexualidad responsable. También tienen un programa de subsidios para mujeres de acá o de otros estados que de plano no pueden pagar tengan acceso a una interrupción legal y segura de su embarazo. Y donde más chambean es en Chiapas, donde tienen un espacio de planificación familiar con precios todavía más accesibles y te dan asesoría para venir por un ILE a la Ciudad de México. Además, están capacitando con parteras para que sean promotoras de salud sexual y planificación familiar.

Tienen una línea telefónica donde puedes preguntar lo que sea, las 24 horas. (Les dejo el número para que no tengan que gugulear: 5543 0000 y 01800 300 9000). Ahí se encuentran con chingos de mujeres que no conocen sus derechos, que viven en provincia y no saben cuáles son las causales que les permiten acceder a un aborto legal (y menos cómo exigirlas, porque pinches autoridades mochas y misóginas nunca quieren cumplir la ley), que todavía creen que abortar es tan peligroso como consumir dos kilos de heroína mientras manejas una moto en el segundo piso del Periférico, que te vas a traumar de por vida, que el útero te va a quedar hecho chicharrón en salsa verde, que diosito te va a jalar las patas en la noche. Para eso último quizá no tengan respuesta, pero para lo demás sí.

Clávense en esto: cuando quienes hoy andamos treintoneando empezamos a coger, no sólo el aborto era ilegal, sino que las pastillas del día siguiente todavía no las vendían en la farmacia (fue hasta enero de 2004 que ya dieron chance). ¿Se podía abortar? Claro, pero en la clandestinidad, y necesitabas como 15 mil pesos, que en aquel entonces eran como para comprarte la Casa Blanca en Las Lomas.

Lo que me contaron en MS es que cuando al fin aprobaron el ILE en el DF, en 2007 (¡hace casi diez años!), los precios millonarios se mantuvieron en el mismo rango. Y aunque las chilangas podíamos ir a que nos maltrataran a la clínica pública, para las que venían de otros estados era más pedo porque “Sí como le comentaba necesita una IFE del DF y pase a formarse de nuevo para que mañana la hagamos venir a las 5 AM y a lo mejor no le vamos a dar chance de pasar porque #gobierno”. Lo que hizo MS fue jalar el precio hacia abajo hasta estandarizarlo en lo que está ahorita, unos 3 mil pesos. Es bien poquito pero cuando hay ganancias, no se compra un Corvette rosa. Ese dinero va para los subsidios.

Total que salí de buenas y pensando “Es que en mis tiempos no había de esto, qué afortunadas las jóvenes de hoy...”. Es una causa con la que se puede o apoyar comprando bonita mercancía, como esta chingonsísima que hace el paro con los cólicos menstruales. Quiero mil.