El otro día me topé con un artículo llamado “¿Cuándo es socialmente aceptable ponerse medias negras?”, que (afortuadamente) resultó muy polémico. La autora señala que en la industria de la moda, donde las ricas y famosas pueden permitirse pagar un coche-con-chofer que las esté esperando afuerita de los lugares que visitan, con la calefacción puesta al máximo, nadie usa medias porque QUÉ OSO; o sea, podrían creer que tienes várices, pelos o, ugh, ¡frío! Y que ella, aunque vive en Londres, le echa muchas ganitas para aguantarse el chiflón y llegar con la pierna pelona lo más entrado el año posible. O sea, lo “deseable”, lo “aspiracional”, es no usar medias, aunque haya pinche nieve y lluvia y hielo y viento y tengas que subirte al metro a las 12 de la noche. Así de plano.
Es bobo tomar en serio a alguien que escribe textos como “¡Los audífonos son el accesorio de la temporada!”, p-pero, qué difícil es escapar a todos esos códigos pendejos. O sea, me encanta mi blusa cortita que tiene impresa la barra de herramientas de paint, pero desde niña he mamado artículos que dicen que “Después de los 30 ya no te puedes poner crop tops” o “Si tienes llantitas naturalmente no te vas a poner ombliguera”. Confieso que a veces me quiero poner algo y, antes de salir a la calle, guguleo a ver si sí “se puede”. Cosas como: “¿Puedo ponerme una camiseta de Iron Maiden con una falda de tul?”. (La respuesta, naturalmente, es no: después de los 20 te debes olvidar de las playeras de bandas, de las bandas, de las playeras, de la música, del tul, de la diversión, de la vida; ahorra y compra Chanel). Hay asuntos que ni Google puede resolver. Por ejemplo, mi mamá –que nació en los cincuenta– dice que no te debes poner zapato café cuando llevas bolsa negra (o viceversa), pero ahora medio entiendo que es al contrario, que es UN OSO TOTAL combinar accesorios del mismo color... aunque luego lees textos o posts “muy serios”, con títulos tipo “Las reglas de la moda que jamás debes romper”, que se contradicen. ¿El reglamento modístico varía cada quince días? ¿Es por región? ¿Quién es toda esta gente y por qué no se ponen de acuerdo en sus “leyes inquebrantables”?
Hace años, la novia fresichida de un amigo me dijo que estaba horrorizada al verme con media negra y zapato rojo, que eso no se hacía jamás. Lo dijo como si estuviera metiéndome heroína en un concierto de ska: “¡Es la peor idea!”. Le hice caso por mucho tiempo hasta que vi en Vogue fotos de chavas con un look parecido al que yo traía aquel día, ash. Lo cual no quiere decir nada, porque los fashionistas de la Romacondesa que creen que viven en un eterno episodio de Fashion Police (pero sin los guionistas, sin el sentido del humor y con el conservadurismo de su educación hipercatólica a flor de piel) igual te van a criticar porque “O sea, sí gordis, pero no eres Kate Moss”.

(¿Qué onda con Kate Moss? ¿Qué hace o por qué es tan popular?).
La conclusión: todo, absolutamente todo lo que te pongas, está mal. Entonces ponte lo que se te pinches dé la gana.
Y si hace frío, ponte medias negras. Si no hace frío pero te da hueva rasurarte, también. Lo que me lleva al siguiente punto:
No deberíamos de tener que “ocultar” que no nos rasuramos, pero qué pinche difícil. QUÉ PINCHE DIFÍCIL. He salido a la calle –en fechas no halloweenescas– con vestido de novia y peluca azul, con máscara de Eddie de Iron Maiden, con un atuendo hecho de mantel de fonda, en pijama, disfrazada de quinceañera, de rey mago, de gatito. Pero el otro día no pude abandonar mi departamento con axila peluda y camiseta sin mangas, ¡no pude! Una fuerza invisible me arrastró de vuelta a mi clóset y me obligó a ponerme un suetercito, aunque hacía calorón. El “NO DEBES TENER PELO EN LA AXILA NI EN LAS PIERNAS” es una idea casi imposible de sacar de la cabeza, peor que las apps horribles que Telcel pone en los Android (sé que he usado esta comparación antes, pero es la mejor para hablar de cómo viene malo nuestro sistema operativo social y hay que ir a hackearlo al Pericopaa de las ideas progresistas).
Aunque ya me dijeron que es la mejor manera de ahuyentar al acosador callejero. Sí y no. Porque anoche que un microbusero me dijo “Preciosa” afuera del metro Gómez Farías, eso de determe, dejar mi bolsa en el piso, quitarme el suéter, arremangarme, mostrar la axila y hacer “Hhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh” como gatito, pues estaba complicado.
Seguiremos informando sobre la interesantísima reconciliación con mi pelo de la axila. Mientras: güeys, no mamen, ya es la temporada en que estamos a VEINTE GRADOS CENTÍGRADOS, para mí ya hace frío, me voy a poner mis medias, comper.