Todo indica que hay una obsesión, casi una conspiración por ver a las mujeres desmaquilladas.
Sea Madonna, Lady Gaga, Sofía Vergara, Jennifer Lawrence, Katie Holmes, Eva Longoria Penélope Cruz. Cher, Goldie Hawn y Barbra Streisand. No han perdonado a Mila Kunis, Keira Knightley, Selena Gómez o Taylor Swift. Mucho menos a Kim Kardashian, Sarah Jessica Parker, Pamela Anderson o, una y otra vez, a J Lo.
Aunque el caso más reciente de Jennifer Lopez es, en principio, sui generis. No es la clásica foto que se le toma a la famosa o al famoso sin que éstos se den cuenta: caminando por la calle, café en mano, en pants y sandalias, con el pelo desordenado o sin rasurar. Esto es una serie de fotos y en especial un video subido al Instagram de su novio Casper Smart, en el que ambos están en la cama, haciendo una rutina (de la cafetería Starbucks y el restaurante Chipotle) y a ella se le ve con un chonguito y sin maquillaje: de perfil y de frente, cuestión de segundos, pero, bueno, con eso bastó para armar el escándalo.

La peor cara de Jennifer Lopez, así tituló la nota uno de tantos tabloides y cibertabloides, como si se tratara de una verdadera calamidad. Vamos, tampoco es la primera que lo hace, ni siquiera en la nueva ola de renunciar abiertamente al glamour, como recientemente lo hicieron la supermodelo Cindy Crawford o la actriz Julia Roberts, al mostrar mostró su rostro al natural.
Otro caso de titulares exagerados tuvo lugar cuando Russell Brand, ex esposo de Katy Perry, subió a las redes una foto que le tomó a la cantante, obviamente sin maquillaje y que, al hacerse viral, estuvo acompañada de la leyenda #SHOCKING. Hombre, no es para tanto, pero es una tendencia que crece y crece: actrices con maquillaje y sin maquillaje, con ropa y sin ropa, a las que se les sale un seno o se les asoma el pezón o que, al cruzar o descruzar las piernas, vemos que no llevan calzones o los tantos close-ups a sus camel toes. Pasu.
Y eso por no hablar de los rostros antes y después del botox o del ácido hialurónico o de la cirugía plástica o, lo que es mucho más perverso, cuando la cirugía salió mal (sic): Desastres de la cirugía plástica, Resultados horripilantes, Las más impactantes transformaciones y aquí ya vemos a hombres, claro, a los hombres de siempre: los consentidos Michael Jackson y Mickey Rourke, pero a las mujeres de siempre: Donatella Versace, Priscilla Presley y Joan Rivers, por no hablar de las que, en su momento, quedaron ‘’irreconocibles’’ (Uma Thurman y Renée Zellweger) y otras, como Ana Kasparian, conductora de Young Turks, que casi casi tuvo que confesar su rinoplastia y admitir que no estaba peleada con la cirugía plástica. Vaya persecución.
Ya sabemos cuán manchadas son estas comparaciones en cuanto al el con y el sin, al antes y el después: contrastan la imagen de catálogo o de gala con una foto de la peor calidad o tomada bajo la peor luz del día o en el aeropuerto o discutiendo con sus parejas o en un sepelio: no exagero. Son tramposas al juntar la foto del recién restirado con una tomada tiempísimo atrás, lo que hace que uno se pregunte: ¿Es la cirugía o son los años?
Pero más allá del circo y del espectáculo del horror, hay un cierto afán de detectives, de cazadores de caras y cuerpos tras la máscara, el vestido y el photoshop: un empeño en exhibir el fraude: no es tan guapa ni tan firme ni tan joven. De ahí sigue el contraataque hacen las revistas más serias o los críticos más exquisitos: salen con sus especiales de bellezas naturales y modelos con maquillaje minimalista (sic). . . Y el resultado es el regreso del círculo vicioso: uniformar los criterios de belleza. Es lamentable porque no se queda en un ideal estético sino en una serie de mensajes que reprueban la libertad y el derecho que cada quien tiene de manifestar un estilo individual.
También veo que vuelve --y ahora con más bríos, supongo que por solidaridad o simpatía con el affair JLo-- la onda de retratarse sin maquillaje. Divertido, provocador, a su manera contestatario. . . Me recuerda el espléndido video de la también espléndida canción, casi himno, Why, de Annie Lennox, así que, ¡bravo! Pero, por favor, no hagan que se convierta en una nueva ofensiva ni en una tiranía contra las que simple y sencillamente se maquillan y que, en una de ésas, hasta lo disfrutan.