No es que tengamos dos egos, desde luego solo tenemos uno pero a veces parece que viven dos seres totalmente opuestos dentro de nosotrxs. No reconocemos las reacciones de uno y nos reconfortamos en las reacciones del otro y si no trabajamos en la conciencia las conductas negativas se nos pueden ir de las manos.
El ego malo, que tendría que ser el mismo ego pero alborotado, a causa de que por nosotrxs mismos no podemos satisfacer nuestros instintos, hace que nos volvamos seres impacientes, soberbios y pretendamos ser lxs posedores de la verdad universal. Ese egocentrismo bárbaro es un generador de ira y descontento cuando ve que no se cumple su voluntad. Es rígido y no acepta cualquier posibilidad fuera del esquema trazado. Por lo mismo se genera problemas en el entorno y desde luego se dificulta después tomar el rumbo correcto de las cosas. Esta rigidez no permite que veamos que hay otras maneras de lograr nuestros objetivos y aprender al mismo tiempo de los errores. No aprendemos de los errores porque el ego simplemente no permite que los veamos. Prisonerxs de buscar siempre tener la razón ante todxs y ante todo.
Hasta que llega el punto de quiebre y de cambio, aunque ciertamente no le llega a tantas personas como debería. Al tomar un poco de conciencia sobre nuestras acciones pero sobre todo de nuestros sufrimientos ahí es cuando debe entrar la acción. No esperar que el mundo se acomode a nosotrxs sino nosotrxs encontrar la manera flexible de acoplarnos. Así poco a poco el ego cede, se vuelve en principio menos rígido hasta ser flexible. Nos convertimos en personas razonables, accesibles ante distintas opciones o vías para lograr los objetivos planteados. Una ventaja enorme es liberarnos del estrés lo que da chance de pensar mejor las cosas, sobre todo antes de hablar. Soltar la actitud defensiva y empezar a escuchar a lxs demás en donde probablemente también encontremos algunas respuestas.

El ego nos puede ayudar a ser mejores en nuestras actividades diarias, a plantearnos metas u objetivos más altos, a prepararnos mejor y a mantener las ganas de ser mejores. El problema se da cuando dependemos de agentes externos para lograrlo, depositamos nuestras emociones en los cambios o acciones de otras personas y dependemos de eso para estar bien. Nos apegamos a las expectativas que creamos de lxs demás o que pensamos que lxs demás se hicieron de nosotrxs. Perdemos de vista que somos un ser más en el mundo y que éste seguirá “siendo” a pesar de lo que pensemos o hagamos.
Para mi la clave esta en soltar, soltar mis opiniones o razones radicales y empezar a ser más consciente del mundo y no sentirme agredida cuando el mundo piensa distinto a mi. Aun teniendo la razón, muchas veces es más “razonable” no discutir y dejarlo pasar.
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