¿Estamos ante una tercera Intifada? Hay todo un debate al respecto. Desde la óptica de muchos analistas, el lenguaje sí importa, porque el reconocer que habría iniciado un levantamiento popular palestino, tendría consecuencias diferentes al hecho de estimar la ola de violencia actual como brotes esporádicos que eventualmente se podrían ir apagando. Al margen del nombre, sin embargo, podemos analizar el momento actual del conflicto palestino israelí a partir los siguientes elementos: (a) Ante todo y como contexto, tras la última guerra de Gaza, una parálisis política en cuanto acciones efectivas para resolver de fondo el conflicto, o bien, la suposición de actores internos y externos de que es posible administrar esta bomba de tiempo sin desactivarla, (b) Una espiral ascendente en cuanto a la confrontación política que subyace al entorno actual, (c) Una espiral ascendente también, lamentablemente, en cuanto a la violencia material, caracterizada por ataques a manos de “lobos solitarios” o pequeños grupos de personas principalmente en contra de civiles israelíes, manifestaciones violentas de palestinos al estilo de la segunda Intifada, así como las fuertes respuestas por parte del gobierno israelí, respuestas que ya incluyen balas de fuego. Esta espiral ha resultado hasta el momento de este escrito en la muerte de 7 israelíes y 30 palestinos, así como decenas de heridos de ambas partes, (d) Aunque se han lanzado algunos misiles desde Gaza hacia Israel, hasta el momento la confrontación no consiste en un enfrentamiento militar entre Hamás e Israel como sucedió en 2014. A pesar de que hasta ahora las manifestaciones palestinas son menos masivas de lo que a veces diera la impresión en los medios, la incapacidad de actores políticos tanto del lado israelí como del lado palestino para detener esta espiral, se suma a la apatía y desinterés internacionales en sentar a las partes para reanudar las negociaciones de paz, por lo que si no se toman prontas acciones en colaboración multilateral, la violencia podría seguir creciendo y salirse de control, más allá de las circunstancias actuales.
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Retomando el hilo, textos previos
Como sucede cada vez que este conflicto suspende su pausa y retoma su curso violento, me permito dejar a usted uno de los últimos textos que escribí tras la guerra de Gaza del 2014, intentando recapitular los factores que tendrían que atenderse para evitar situaciones como las que hoy se viven: http://blogs.eluniversal.com.mx/weblogs_detalle20594.html
Asimismo, hace unos días escribí este otro texto que señala, en parte, el origen de la crisis actual:
eluni.mx/1OjfmJv
Por lo tanto, y por todo lo que de este conflicto se ha hablado en este espacio, este es un texto de seguimiento y no me detendré en todos los temas de los que ya he escrito en los textos que comparto arriba.
La intermitencia: Lapsos de tiempo cada vez menores
- Al no solucionar las condiciones de fondo que enfrentan a palestinos e israelíes, lo que tenemos es un conflicto en potencia que cada tanto tiempo se torna conflicto en acto. La cuestión es que a medida que pasan los años, el lapso de tiempo que transcurre entre una crisis y la siguiente, es cada vez menor. En 2008-2009 hubo una crisis en Gaza entre Israel y Hamás. La siguiente crisis fue tres años después, en 2012. La siguiente fue dos años después, en 2014. La ola de violencia actual, aunque tiene características diferentes al conflicto del 2014, se presenta solamente un año después de la última de las crisis.
- En otras palabras, asumir que este conflicto puede ser “administrado”, y pensar que el estatus quo puede mantenerse hasta la eternidad, es un lamentable error que resulta en sangre derramada cada vez con mayor frecuencia. Así que, si acaso la ola actual puede ser detenida -cosa que es la prioridad principal- este debe ser un nuevo llamado de atención para los actores internos y para la comunidad internacional, acerca de la necesidad urgente de reactivar las mesas de negociación.
Espirales ascendentes
Ante una situación de conflicto prolongado, como lo es esta, más que buscar “el incidente detonador” a manos de una parte o la otra, es necesario entender que se trata de espirales ascendentes de violencia. En estas espirales, la acción de una parte empuja la reacción de la otra. Esto es, por supuesto, alimentado por circunstancias estructurales de un conflicto irresuelto por décadas, dentro de las cuales siempre existen motivos o eventos que parecen justificar la violencia en contra del otro. Estas espirales se incitan mediante la narrativa y mediante respuestas cada vez más violentas de la contraparte, las cuales a su vez propician respuestas cada vez más violentas por parte del otro, lo que resulta en peligrosas escaladas que se terminan saliendo de las manos de todos.
Características de la violencia actual
La crisis actual está compuesta esencialmente de estos factores:
- Ataques de carácter “casero” o poco sofisticado, a manos de “lobos” o actores solitarios, principalmente con cuchillos (aunque no solamente, pues a veces también hay armas de fuego o se utilizan vehículos para atropellar transeúntes) en contra de civiles israelíes, aunque también en contra de personal de seguridad de ese país. Hasta el momento, en la crisis actual, han ocurrido un par de docenas de estos ataques, y su frecuencia e intensidad son cada vez más elevadas.
- Manifestaciones violentas por parte de palestinos al estilo de la segunda Intifada, salvo que mucho menos masivas que en ésta.
- La respuesta por parte de las fuerzas de seguridad israelíes tanto para detener la ola de ataques contra civiles, como para contener las manifestaciones violentas. El uso de armas de fuego ha sido formalmente autorizado cuando los oficiales o soldados israelíes consideran que su vida o la vida de algún civil está siendo amenazada, lo que ha resultado, hasta ahora, en una treintena de palestinos muertos.
- En esta ocasión, y salvo casos aislados, la crisis no incluye el fuego de misiles desde Gaza. Hamás, por ahora, no parece estar interesada en propiciar un conflicto militar de gran escala con Israel como el de 2014. Mucho más interesada parece estar, en cambio, en ayudar a generar una crisis no solamente contra Israel, sino en contra del gobierno de Abbas, presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), su rival, mediante propaganda y mediante movilizar a sus afiliados en Cisjordania.
- A pesar de su confrontación política sostenida con el gobierno israelí, Abbas no parece estar interesado en que esta ola de violencia escale más. Hemos visto varias señales de que la cooperación de seguridad entre la ANP e Israel se mantiene viva, al menos relativamente. Entre otras cosas, el líder del servicio secreto israelí, fue veloz en afirmar que Abbas no está incitando a la violencia contra Israel, aunque hay otros funcionarios palestinos, en abierta afrenta al propio Abbas, que sí lo han estado haciendo.
Atentados de “lobos” o actores solitarios
- La palabra “terrorismo” es enormemente polémica porque se le ha dado una connotación negativa a priori, de manera que es utilizada discursivamente para designar o etiquetar a “cualquier clase de enemigo” que emplea “cualquier clase de violencia”. Por eso se ha llegado a afirmar que “el terrorista para unos, es el luchador por la libertad para otros”. El problema es que visto así, el término deja de tener sentido para definir un fenómeno o una categoría específica de violencia, lo que no la convierte de antemano, en algo “mejor” o “peor” que otras violencias, sino en una manifestación muy concreta de la misma. Por ejemplo, una masacre o genocidio puede ser un acto con muchas más muertes que un ataque suicida, y no por ello necesariamente esa masacre entra dentro de la categoría de terrorismo. Así, los “lobos” o actores solitarios, pertenecen a una subcategoría dentro de esa clase particular de violencia, a pesar de que su acción no genere un solo muerto. El terrorismo, desde la óptica de quienes lo estudiamos, no es un tema de etiquetas, sino de estrategias, tácticas, mecánicas y consecuencias muy precisas. De tal forma que cuando en un ataque de esta naturaleza, se manifiestan los componentes o elementos que definen al terrorismo, independientemente del nombre que se le quiera dar al ataque, lo que nos importa es el propósito por el que fue cometido, las tácticas empleadas, los targets y las consecuencias que produce.
- Un ataque con un cuchillo casero para apuñalar a un transeúnte cualquiera, a un pasajero de un autobús al azar, a una persona que está tomando un café, o a un padre y una madre en frente de sus hijos, es terrorista si su meta es generar miedo en la población objetivo para canalizar hacia esa población un mensaje o reivindicación política empleando a ese miedo como vehículo, y de ese modo, producir una afectación a las opiniones, actitudes o conductas de esa población objetivo, así como presión en actores políticos o tomadores de decisiones.
- Esta clase de ataques no solo han proliferado en Israel, sino en muchas otras partes del mundo. A raíz de las medidas de seguridad, de espionaje e inteligencia, los atentados más elaborados o sofisticados, los cuales requieren una amplia etapa de planeación o coordinación, en la actualidad tienen muchas menos posibilidades de éxito que en el pasado. En cambio, ataques efectuados por una sola persona o por un pequeño grupo de personas, quienes no necesariamente pertenecen a alguna organización pero quienes han pasado por un proceso individual de frustración-radicalización y que han llegado al punto de considerar que la violencia es la única respuesta posible a la situación en la que se perciben, terminan siendo muy difíciles de prevenir y detener.
- Hasta el momento, la mayoría de estos ataques en Israel/Palestina, son efectuados por jóvenes, frecuentemente inspirados a través de redes sociales. Algunas personas que cometen estos ataques son mujeres. Algunos son palestinos habitantes de los territorios ocupados por Israel. Otros son árabes palestinos de ciudadanía israelí.
- Justamente por la dificultad para detenerlos y por su alta efectividad en cuanto a golpear la psique colectiva de la sociedad israelí, en cuanto a remover las fibras internas de las políticas del gobierno de ese país, en cuanto a posicionar nuevamente en la agenda local e internacional el tema de la ocupación israelí de territorios palestinos y la falta de resolución del conflicto, y en cuanto a la contribución personal percibida para efectos de la causa de su pueblo, estos ataques han proliferado de manera dramática.
- Independientemente de cuántas muertes se producen, el efecto de terror entre la sociedad israelí es inmediato y profundo. A partir de este tipo de ataques, cualquier persona de esa sociedad se autopercibe como víctima en potencia. Por consiguiente, se produce una serie de efectos psicosociales que van desde alteraciones en la conducta hasta un impacto sobre las opiniones o posicionamientos políticos.
- Entre otros efectos, estos ataques provocan un endurecimiento de la sociedad afectada. En ciertos sectores se producen ánimos de venganza, lo que en el pasado, ha resultado, a su vez, en actos violentos de ciudadanos israelíes contra palestinos. Otros ciudadanos exigen respuestas de mano dura ante sus autoridades. Las autoridades, bajo enorme presión política interna, tienden a responder con enorme fuerza y/o con fuego, lo que a su vez contribuye a generar nuevas justificaciones para ataques posteriores.
- De ese modo, podríamos decir que tanto los ataques como la respuesta que ante ellos se produce, terminan generando incentivos suficientes para que la espiral se mantenga en ascenso.
Las potenciales salidas
Si lo anterior se entiende, las estrategias de los actores políticos involucrados tendrían que incluir entre otras cosas:
- Impedir que la violencia se esparza a la Franja de Gaza como ya ha ocurrido en estos días. Esto se puede lograr empleando los canales de comunicación existentes con actores como Arabia Saudita o Egipto, para intentar generar presión de modo que Hamás, quien controla la franja, no inflame más las llamas. Será crucial que el conflicto no escale al nivel de misiles y bombardeos como sucedió en 2014.
- Muy probablemente las medidas punitivas seguirán siendo ineficaces para detener los ataques, e incluso podrían tender a incentivarlos como hasta ahora ha sucedido. Por ello, para realmente desactivar esta espiral, será crucial profundizar la cooperación entre el gobierno israelí y la ANP con el objeto de diseñar medidas de contención y disuasión con enorme cuidado y no a partir de la emoción, frustración o presión política de cualquiera de las partes.
- Paralelamente, la comunidad internacional debe tomar muy en serio la escalada actual, e iniciar movimientos para reactivar negociaciones. Anuncios de pasos muy concretos podrían ayudar a desincentivar la espiral. En el pasado, se ha demostrado que eventualmente la comunidad internacional siempre termina interviniendo, aunque cuando lo hace, normalmente es tarde y ya hay demasiada desconfianza y sangre derramada entre las partes. Esta vez, es fundamental actuar con mucha mayor velocidad.
Seguiremos escribiendo al respecto
Twitter: @maurimm