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La fiesta del Medio Otoño

24/09/2015 |23:00
Redacción El Universal
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A pesar de los esfuerzos hechos durante la Revolución Cultural por borrar toda traza de creencia popular, en China perviven cientos de creencias populares a todo lo largo y ancho de su extensa geografía. Por ello, los chinos tienen diversas celebraciones durante el año, que literalmente paralizan al país y llenan el ambiente de fiesta.





Tal es el caso de la Fiesta del Medio Otoño, la segunda más importante, sólo después del Año Nuevo Chino, también conocido como Fiesta de la Primavera. Ahora estamos en vísperas de la Fiesta del Medio Otoño, que se celebra el día 15 del octavo mes del calendario lunar chino.

La tradición dicta que ese día hay que comer 月饼 (yuebing), literalmente “pastel de luna”, que son una especie de pastelitos de rellenos diversos. Las familias se reúnen, y los disfrutan mientras admiran la luna llena.

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Ahora todas las calles están llenas de 月饼, un pastelito por demás hermoso, como de unos 8 centímetros de diámetro y unos cuatro centímetros de grosor. La cubierta siempre está decorada con algún intrincado diseño chino y por dentro lleva un relleno de pasta de semilla de loto mezclada con algunos otros ingredientes.

A mí no me gustan los famosos yuebing, porque si bien hay algunos dulces y deliciosos, como los rellenos de piña, hay otros con yema de huevo de pato salada, carne de cerdo, frijoles rojos, y un largo etcétera que rompe las expectativas del paladar. Yo prefiero abstenerme de la tradición de comer los pasteles de luna, y como mi familia está muy lejos, contemplo la luna con mis gatas.

Como todas estas fiestas tradicionales, la del Medio Otoño se origina con una leyenda, según la cual, hace muchos, muchos años, solía haber nueve soles que paseaban por el cielo muy orondos. Esto no era bueno para la gente, ni para las cosechas, porque hacía demasiado calor y se secaban todos los cultivos. Un hombre extraordinario llamado Hou Yi, se apiadó de los hombres y subió a la montaña Kunlun, donde hizo gala de su talento con arco y flecha y dio muerte a nueve soles. Sólo dejó vivo a uno, para que alumbrara según las horas del día.

De esta manera, Hou Yi se ganó el amor del pueblo, a quienes enseñó técnicas para cazar. Luego, Hou Yi se casó con una mujer muy hermosa, llamda Chang E. Pero como nunca faltan los envidiosos, entre la gente del pueblo había un tal Peng Meng que le tenía envidia a Hou Yi, y nomás estaba esperando la oportunidad para aventajarlo de alguna manera.

Como Hou Yi se portaba tan bien, una buna mañana la diosa Wang Mu le regaló una píldora de la inmortalidad, pero Hou Yi no se la tomó, porque si se hacía inmortal, tendría que dejar a su esposa, y no quería eso. Entonces lo que hizo fue llevarse la píldora a su casa y darsela a guardar a su mujer. Lo malo fue que de todo esto se enteró Peng Meng.

La siguiente ocasión en que Hou Yi salió con todos los hombres del pueblo a cazar, Peng Meng le dijo “Yo me siento mal, mejor me quedo”, pero era mentira, se quería quedar para robar la píldora de la inmortalidad y tomársela él. Entonces entró a la casa donde estaba sola la esposa, Chang E, y le pidió la píldora. Ella, aterrada, pensó “de que se la robe este tipo a que me la tomé yo, pues mejor me la tomo yo”, y se la tomó.

Cuando Hou Yi regresó, su mujer le contó todo lo ocurrido y después se elevó hacia el cielo, porque ya era inmortal. Pero para no alejarse demasiado de la Tierra y de su esposo, Chang E se quedó a vivir en la luna. Hou Yi sufrió muchísimo, pero notó que la luna estaba especialmente brillante esa noche, y puso ofrendas en honor a su esposa. La gente del pueblo, que los quería mucho, siguió el ejemplo y fue así como nació la costumbre de rendir tributo a la luna durante el medio otoño.

Al igual que muchas otras historias maravillosas, ésta data de la dinastía Tang (618-907). Pregúntele a un chino cuál es su dinastía favorita y lo más probable es que les conteste que la Tang, porque en ella florecieron la cultura y las artes de manera sobresaliente.

Pero no deja de ser una leyenda. En realidad, este festival tiene más que ver con el tiempo de la cosecha, pues la sociedad china creció basada en la agricultura.

Este año la Fiesta del Medio Otoño se celebra el 28 de septiembre, a tan sólo tres días del Día Nacional, el 1 de octubre, cuando se conmemora la fundación de la República Popular China. El ánimo en las calles es efervescente, porque con la celebración del Día Nacional, llega el periodo vacacional anual más largo del que gozan los chinos, una semana enterita para viajar por el país.

Los extranjeros que ya llevamos un tiempo viviendo en China sabemos bien es la peor época para viajar, pues los autobuses, trenes, aviones y hoteles están llenos, los sitios turísticos a reventar y los precios por las nubes. Una amiga uruguaya osó ir al Centro de Cría de Pandas de Chengdú en plenas vacaciones del Día Nacional el año pasado y tuvo que hacer cuatro horas de fila para entrar a ver a las consabidas criaturillas.

Por eso es mejor quedarse en la ciudad estos días, disfrutar y explorar calles nuevas.