La primera vez que vine a China, en 2011, no sabía nada de chino. Me aterraba, debo confesar, la idea de venir a vivir por un año a un país del que desconocía el idioma por completo. Pero la experiencia de mis amigos mexicanos, Juan Carlos y Gaby, los que me haíban invitado a trabajar acá, quienes tampoco hablaban chino y para entonces ya llevaban un año en Beijing, me alentaba.
Ahora la cosa es diferente, hablo como un 10 por ciento de chino, pero peor es nada, dijo un calvo, cuando se miró un pelo, ¿no?
Estudié dos años el chino en el Instituto Confucio en la UNAM, en la calle de República de Cuba, en el Centro de nuestro hermoso D.F. y aprendí lo básico para comunicarme, entender oraciones sencillas, y como unos 100 caracteres de memoria (para leer el periódico hay que saber más de 5 mil).

Esa base me sirvió mucho y la experiencia de vivir en China con conocimiento del idioma es totalmente diferente, es más enriquecedora.
Ya estando acá, no he tenido tiempo de estudiar el chino de manera formal, en aula con maestro, compañeros, salón de clases, pupitre y todas esas cosas, porque la mayor parte del tiempo lo dedico al trabajo. Pero Beijing es para mí como una clase permanente de chino. Así, he logrado ampliar mi vocabulario, aprender nuevas expresiones y leer más caracteres (todavía no llego al nivel “leer el periódico”, no se emocionen).
Ahora les comparto lo poquito que he llegado a aprender del chino. Para empezar, lo que nosotros llamamos chino, es el mandarín, acá en China le llaman “putonghua” que significa “idioma común” y es el oficial del país, de ahí que sea el que se enseña en el extranjero, pero está lejos de ser el único. En China, como en México, hay muchas etnias y la mayoría de ellas cuentan con su propio idioma. Uno de esos idiomas, muy hablado, es el cantonés, que se habla en el sur de China (principalmente en la provincia de Guandong). Cantonés y mandarín no se parecen en nada, es como si un hablante de náhuatl quisiera platicar con un hablante de purépecha. Nomás no se van a entender. Pero el gobierno chino se ha esforzado porque todos hablen el lenguje común, el que nosotros llamamos mandarín.
También al mandarín se le conoce como hanyu. Han es la etnia mayoritaria en China, y yu significa idioma; hanyu, literalmente significa, “el idioma de los han” (sí, ya se que en putonghua no aparece la palabra yu, pero es que hua también significa idioma. Algunas veces y en determinados contextos).
Gracias a Dios que los extranjeros tenemos que aprender ese y no otro de los muchos idiomas que acá se hablan, porque aún así de imposible como lo vemos, no es ni de lejos el más difícil. Para empezar, cuenta sólo con cuatro tonos (dicen que en el cantonés son seis). Los tonos hacen toda la diferencia. Bueno, pero empezemos por el principio.
El chino es completamente diferente al español o al inglés o cualquiera de los idiomas que utilizan un alfabeto. Porque en el chino no se jutan letras para hacer palabras. Los caracteres son palabras, cada uno de ellos tiene imagen, sonido y significado.
Los extranjeros y los chinos modernos estudiamos el mandarín usando el sistema pinyin, que es la transcripción fonética del mandarín. Es decir, usando letras de nuestro alfabeto, nos dicen “cómo suena” cada caracter, para que nos sea más fácil aprender. Así que 汉语 suena hanyu en cuarto y tercer tono, respectivamente. Y así con cada uno de los caracteres, el pinyin nos dice cómo suenan con base en el alfabeto fonético internacional.
Por ejemplo, el saludo 你好,suena nihao, segundo y tercer tono (sí, ya sé que ni es tercer tono, pero cuando se juntan dos terceros tonos, el de la primera sílaba se transofrma en segundo).
Suena más complicado de lo que realmente es cuando uno comienza a estudiar. Por eso yo creo que este idioma, a diferencia de otros, no es muy fácil de estudiar de manera autodidacta, hace falta el profesor (y si es hablante nativo de chino, mejor) porque mientras se aprende el pinyin surgen muuuuchas dudas.
Ya cuando uno medio aprendió la fonética, cuando los sonidos no le son a uno taaan extraños, entonces es hora de sumarles los caracteres, que si bien son difíciles, son harto bonitos. Algunos guardan relacion con lo que representan, por ejemplo 人 ren2,significa persona, ser humano, y ¿verdad que parece una personita de pie con las piernas separadas? 水 shui3, quiere decir agua y parece una gota de agua que llega al suelo y salpica... bueno, con mucha imaginación. Y es que esto del chino es, de verdad, puro amor al arte.
Y finalmente, cuando por fin logra uno en su cabeza relacionar caracteres y pinyin, aparece la gramática. Y la gramática del chino se reduce a la sintaxis de la oración (eso me lo dijo la experta Liljana Arsovska, maestra de chino del Colegio de México y traductora del presidente cuando habla con Xi Jinping) (y ella a su vez estaba citando a un estudioso chino del que no recuerdo el nombre, no es frase mía).
Muchas personas creen que como en chino los verbos carecen de conjugación, la gramática es pan comido. La realidad es otra y muy diferente. En chino, el orden de las palabras en la oración lo es todo y precisamente el hecho de que no haya conjugación de verbos hace que sea un idioma redundante y de traducción complicada.
De ahí que cualquier avance en el estudio de esta lengua, por pequeño que parezca, es un gran logro para los que en esto nos metemos. Yo debo confesar que a veces me desanimo, a veces pienso que nunca voy a poder llegar a hablarlo “bien, bien”, a veces me parece que estoy en nivel principiante, todavía, después de 4 años... pero cuando conozco a personas como Edmundo Borja, joven mexicano que la semana pasada presentó su examen profesional de Maestría en la Enseñanza del Chino en la Uniersidad Normal de Beijing, me siento animada de nuevo.
Edmundo es uno de los muchos jóvenes mexicanos que hablan el chino perfectamente, y luego regresan a México y lo enseñan. Tuve muchos maestros brillantes como él en el Confucio de la UNAM. Verlos a ellos es una muestra de que “sí se puede”. No sé si algún día lo logre, pero estoy en el camino y cada nuevo caracter que identifico, cada interacción con un chino, me deja completamente feliz y emocionada.
Sí es cierto, el chino está en chino, pero vale la pena intentarlo.