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“¿Dónde está Dios, dónde se encuentra? Primero hay que ubicar dónde estamos nosotros. ¿Cuándo nació Dios, dónde puedo verlo? ¿Puedo buscarlo en un lugar en específico? ¿Tiene forma, es grande, pequeño? ¿Qué color tiene, qué forma? ¿Alguien que me pueda responder eso? No, no se responde. ¿De qué país es, de dónde viene? Y antes de eso, Cristo igual vivió como un ser humano, ¿esa persona fue Dios, pero es un humano? Primero comprende quién eres tú. Es lo que uno tiene que entender”.

La retahíla de preguntas se sucede mientras los pequeños ojos de Hozumi Gensho inspeccionan, casi sin parpadear, la mirada y la postura del entrevistador. El maestro del budismo zen en su vertiente Rinzai coloca los codos en los brazos de la silla, mantiene la espalda recta y sonríe de vez en vez. El monje japonés se expresa en su idioma con un tono grave y severo, como si las palabras emergieran de una caverna.

“En la actualidad percibo mucha ira y envidia dentro de las personas, veo que se distribuyen de manera no adecuada las riquezas, el poder, y eso también origina o es la causa de los conflictos”, comenta sin apartar la vista de su interlocutor.

Hozumi Gensho ocupa el lugar número 83 en la lista de iluminados después del Buda histórico, Siddharta Gautama, y estuvo de visita en México para realizar varias actividades que incluyeron la dirección de un sesshin (meditación grupal de varios días) en el Centro de Estudios y Desarrollo del Zen A.C. (conocido como Zendo Teotihuacan), así como varias conferencias, una de ellas en la Coordinación de Humanidades del Centro Cultural Universitario de la UNAM.

El monje de 79 años asegura que la ira, la envidia y la avaricia están detrás de los grandes problemas que aquejan al mundo.

“Algo que está sucediendo en la actualidad es que a la humanidad se le está dificultando mucho controlar sus deseos; es una de las causas que originan conflicto, enojo, ira. No puede controlar ese tipo de sentimientos”.

Los Roshi —sucesores de Buda—, son elegidos por sus antecesores cuando sienten que su tiempo al frente del Budismo Zen terminó. A pesar de su edad, Gensho luce fuerte, activo. Viaja de un lado a otro del planeta para dirigir meditaciones e impartir conferencias. México es uno de sus destinos recurrentes desde hace 16 años.

“Admiro mucho al papa Francisco”

El líder espiritual ha concentrado esfuerzos en promover el diálogo interreligioso. “Hace 37 años conocí a Juan Pablo II y ahí, en el monasterio, nos abrieron las puertas para poder experimentar lo que es una experiencia zen”.

Luego, hace 30 años —relata el monje—, tras el deseo de Juan Pablo II de tratar de mejorar la comunicación entre las religiones, se abrió el diálogo interreligioso. Justamente en 2016 es el aniversario número 30.

“Después de que Juan Pablo II inició con el diálogo interreligioso y después de que falleció, estuvo Benedicto XVI, fue un poco complicado con él, porque no heredó tal cual su ideología; pero ahora con el papa Francisco se da de nuevo: él heredó tal cual la ideología que tenía Juan Pablo II; he visto que mucha gente ha recibido los mensajes de tratar de corregir este mundo”.

¿Cuál es su impresión de Juan Pablo II?

—Yo desde que tuve mi primer convivio interreligioso con Juan Pablo II, nos comunicamos bien, aprendimos, y me pude conocer más profundamente. Sofistiqué las ideas, dije: ‘Tengo que esforzarme, tengo que practicar’, es lo que comprendí en esa ocasión. Y eso fue gracias a la meditación.

¿Qué opinión tiene de Francisco?

—Yo la verdad admiro mucho al papa Francisco, he sido influenciado mucho por él, nada malo, puras cosas buenas. Él utiliza su energía no para combatir o tener conflictos, sino para amortiguarlos, para mejorar este mundo.

Ese espíritu, ese corazón, ese cuerpo, es algo que aprendí. Yo también quiero que la gente, a través de la meditación, se eduque, que conozca, que se pregunte a sí misma quién es y pueda distribuir esa idea, hay que vivir como un verdadero ser humano, yo creo que ahí radica el poder de la meditación. Es lo que he aprendido durante estos últimos 30 años y voy a seguir aprendiendo.

¿Existe un Dios o muchos dioses?

—En Occidente tienen un Dios, pero en cambio nosotros en Japón, en el Budismo, tenemos muchos dioses que representan la naturaleza. Esa ideología significa que hay que respetar las vidas, los animales y diferentes cosas que nos rodean a los seres humanos. Yo lo veo como un conjunto, no nada más como un Dios, como lo dicen los cristianos, los judíos, los islámicos. Hay que comprender que hay diferentes países, religiones, culturas, para aceptarnos, conocernos y entendernos.

Lo que está sucediendo ahora es que los países, la cultura, nada más piensan en ellos mismos, no en las otras culturas, religiones, razas, y eso es lo que está ocasionando los conflictos.

Entonces, ¿no hay una sola verdad en materia de Dios?

—Lo que se tiene que encontrar o buscar no es tal cual la realidad de las deidades, sino una realidad como ser humano, y cada ser humano al buscar su realidad encuentra su deidad o encuentra su verdad. Yo creo que ahí está la verdad. Hay que estar conscientes de que no somos los únicos que vivimos en esta Tierra, no sólo existimos los seres humanos, sino que convivimos con la naturaleza en la Tierra, en el espacio, en el universo, necesitamos comprender eso.

No matar en nombre de Dios

La voz de Hozumi Gensho adquiere tono enérgico cuando sentencia: “Algo que se tiene que tomar en cuenta es que los terroristas o los fanáticos religiosos se tienen que tomar aparte de la enseñanza original de la religión islámica”.

Aun así hemos visto que la gente mata en nombre de Dios, ¿por qué ocurre?

—La culpa no la tiene Dios, hay Dios en la religión cristiana, católica, islámica, judía, hay distintos dioses, pero realmente quienes están cometiendo el error son las personas que perciben a la religión de una manera que no debe ser, y la toman como su propia verdad y realizan esas cosas.

Matar a alguien en nombre de Dios es deslindar sus propias responsabilidades en nombre de Dios, y eso es algo que no se debe hacer.

La avaricia, la corrupción. ¿Tienen que ver con esa falta de control de los deseos?

—Sí, es la realidad, están muy vinculadas con ese asunto: la corrupción va relacionada con el deseo, la avaricia; hoy en día hay muchas infraestructuras, economía, política, que obligan a la gente a correr hacia ese camino. Realmente un líder apto tiene que ser seleccionado entre todos, pero luego se vuelve muy complicado, depende de las fuerzas oscuras, en muchos casos la corrupción. Yo creo que el humano tiene que aprender a equilibrar muchas cosas, tanto los deseos como el cuerpo, el espíritu y el corazón.

El monje japonés llega a EL UNIVERSAL luego de presenciar una marcha de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), en la que los gritos y consignas contra el gobierno federal crecían de tono.

¿Qué impresión le da presenciar una protesta de maestros como la que acaba de ver? En México se comenta que la gente está enojada...

—Las manifestaciones ocurren a raíz de que las personas tienen diferentes ideologías; quieren que los comprendan, es por eso que lo hacen. Las manifestaciones no nada más se realizan por una persona, es más fácil tratar de transmitir la idea en grupo, es por eso que se juntan las personas que comparten las mismas ideologías, para poder manifestarse. La realidad es que no nada más hay este conflicto ahorita que está afuera de este edificio, existen muchos más; el ser humano comprende que solo no puede tratar con esos conflictos.

Una de las críticas a las religiones es que la meditación y la oración son actos individuales. ¿Cómo traducir esto en acciones en favor de la comunidad?

—La meditación realmente no es algo personal. Uno que medita se empieza a dar cuenta que se distribuye la energía, se empieza a propagar, es algo que yo he visto, lo he sentido, cada vez va aumentando, es de lo que estoy seguro. Crece por toda la sociedad, por todo lo humano, la meditación no es exclusivamente “para ti”, también hay que pensar que es para los demás.

Por último, la maldad. ¿Por qué es tan difícil para el ser humano controlarla?

—Todos comprendemos qué es malo y qué es bueno, lo sabemos. Necesitamos un corazón fuerte, espíritu, porque la maldad es para cumplir el deseo, para llegar a un estado deseable y no poder controlarlo.

La meditación, el zen, ayuda a controlar esas partes de la maldad. Un corazón fuerte no nada más es aquel que piensa lógicamente si una acción está bien o si está mal, sino que está totalmente seguro de lo que quiere hacer con equilibrio, es a lo que nos ayuda la meditación y el zen.

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