Libran ser amputados por cirugía

Tres personas sufrieron percances en los que sus extremidades quedaron comprometidas, les dijeron que tendrían que perderlas para evitar otros problemas

El brazo de Yolanda fue arrancado de su torso cuando fue atropellada y el de José Jairo quedó prensado en una máquina, a través de una cirugía ambos han logrado conservar sus extremidades (Foto: Jorge Alberto Mendoza)
Nación 17/01/2016 03:50 Cristina Pérez-Stadelmann Actualizada 18:17
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Jalisco.- Eduardo, Jairo y Yolanda comparten el haber sufrido accidentes en los que quedó comprometido uno de sus brazos. Ante la gravedad de sus lesiones la única alternativa que les dieron era la amputación. Su llegada a la  Unidad Médica de Alta Especialidad del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), Jalisco, fue la alternativa para recuperar sus extremidades, tras una serie de operaciones novedosas, en el país, que incluyen el tomar músculos activos del mismo paciente para que los miembros recuperen funciones y poder reintegrarlos a una mejor vida.

En la parte trasera de la camioneta, Eduardo Ledesma, de 21 años, viajaba con dos de sus hermanos. No llevaban cinturón de seguridad. Regresaban por la carretera de Tepatitlán de Morelos, ahí fueron a un partido de futbol. Por su habilidad con las manos Lalo es portero a nivel profesional. Un Malibú a alta velocidad los embistió, el vehículo volcó varias veces, es el último recuerdo que tiene de ese momento en el que su hermano menor perdió la vida.

Eduardo despertó seis días después, tras un coma inducido. Recibió la noticia: era necesario amputar su brazo.

El 11 de enero de 2012 los médicos le explicaron que había sufrido un desgarramiento de raíz de los nervios de la espalda ligados a su brazo (traumatismo del plexo braquial) e hiperextensión. La primera se considera la más severa de todas las lesiones relacionadas con los nervios y extremidades superiores. Su brazo derecho estaba deshecho.

Era portero a nivel profesional, pero el accidente truncó sus proyectos a futuro. Los doctores le explicaron que los nervios y músculos desgarrados de raíz serían irrecuperables, por lo que lo más conveniente era amputar el brazo para reducir el riesgo de posibles infecciones y complicaciones médicas, su extremidad era inútil, le dijeron.

Eduardo buscó otra solución durante un año y medio en áreas médicas de neurocirugía, traumatología y rehabilitación de 10 hospitales distintos. Recurrió también a especialistas particulares que sólo le confirmaban el primer diagnóstico de probable amputación y prótesis de antebrazo.

“Insistí. Recuerdo que en sueños podía mover mi brazo y jugar, pero despertaba y otra era la historia; sin embargo, no perdía la esperanza de salvar mi antebrazo y que no me fuera amputado. Durante varios meses tuve que conformarme y adaptarme a sólo usar mi brazo izquierdo para todo; había algunas cosas que no podía hacer, por ejemplo, abrir latas.

“El dolor era muy agudo. Los médicos me decían: ‘Lo más sencillo es una amputación’, para quién, me preguntaba a gritos. Me rehusaba a enfrentar la pérdida de mi normalidad, de mi apariencia estética, pasar por el duelo de la extremidad perdida, perder mis funciones, soy un hombre joven”, narra.

Pasó por un fuerte periodo de depresión, después del cual decidió investigar y buscar posibles soluciones.

El lugar indicado

Encontró el Hospital de Especialidades del Centro Médico Nacional de Occidente del IMSS, en Jalisco. “Finalmente llegué al lugar correcto”, relata. Lo remitieron con el doctor José César Camaño Bautista, especialista en mano, quien después de revisar al paciente varias veces advirtió: “Lo primero que debes hacer es comprarte un costal lleno de paciencia pues es como si trajeras tu brazo amputado y debemos comenzar de cero; puede ser que después de varias intervenciones recuperemos movimiento”, pronosticó.

Eduardo refiere que fue la primera ocasión que un cirujano y una institución médica le daban esperanzas de no ser amputado. Iniciaron con rehabilitación para saber hasta dónde podía mover su antebrazo; después de varias semanas de estudio, programaron la primera intervención quirúrgica.

Durante la cirugía tomaron músculo de su pectoral para que éste fuera realizando la función perdida de su antebrazo. Tomaron músculos activos (no imprescindibles) para sustituir a los inactivos, una práctica médica altamente especializada que se lleva a cabo en el hospital del IMSS.

Después de dos largas operaciones de más de cinco horas de duración y extensas sesiones de rehabilitación, Eduardo comenzó a mover poco a poco su brazo y a trabajar con pesas de 5 kilogramos.

“Mi brazo comenzaba a moverse, muy poco, pero lo hacía”. Camaño Bautista explicó al paciente que 50% del éxito de su tratamiento dependería de la constancia y la disciplina que aplicara en su rehabilitación. Intervinieron su muñeca: colocaron clavos en los nudillos de su mano derecha y pasó por dos cirugías de colocación de clavos. Camaño Bautista explica que “este paciente debió ser referido desde el inicio a un centro médico de alta especialidad; desafortunadamente perdió un año y medio de médico en médico, de consultas en las que únicamente le hablaban de amputaciones”.

Alternativa

“Actualmente y con los conocimientos que hemos adquirido, soy enfático al decir que ningún paciente debe ser amputado por desgarramiento de nervios que surgen de la columna y bajan hasta el hombro, brazo, antebrazo y mano (lesiones del plexo braquial), pues en la Unidad Médica de Alta Especialidad del IMSS, Jalisco, y en otros centros del país, existe la posibilidad y el conocimiento para la reparación o reconstrucción tanto en fase temprana —con el arreglo directo de los nervios—, como en la época tardía (se toman músculos activos no imprescindibles para sustituir a los inactivos a través de varias cirugías).

“Utilizo varios músculos, como el pectoral mayor”, explica el especialista a EL UNIVERSAL.

Hoy, tres años después de las intervenciones, Eduardo trabaja cubriendo asientos de vehículos en un taller automotriz y es completamente autónomo. Aún requiere una cirugía más para que los dedos de su mano derecha se cierren solos, pues por ahora tiene que ayudarse con la mano izquierda para lograr cerrarlos.

“Si no hubiera insistido, si no me hubiera rehusado a la amputación, hoy sería una persona con discapacidad, valió la pena no claudicar”, dice quien está en trámites de incorporarse de nuevo a la universidad para estudiar veterinaria.

La grave lesión de Eduardo, el desgarramiento de los nervios que tuvo desde la raíz de la columna y su reparación, representaron un reto profesional para el doctor Camaño Bautista, puesto que le ofreció al paciente una recuperación completa y sobre todo una reintegración total a la vida cotidiana.

Dice que las intervenciones quirúrgicas que hace son únicamente en las Unidades Médicas de Alta Especialidad (UMAE).

Señala que las operaciones sirven para ayudar a las personas que llegan con heridas catastróficas, pues suelen llegar a Urgencias con los miembros literalmente arrancados y con muy mal pronóstico.

“Cada día las lesiones son más graves y discapacitantes por accidentes de tránsito, también recibimos un alto número de pacientes que llegan con heridas catastróficas por arma de fuego”, explica el doctor.

“Sentí terror”

“Lo primero que pensé minutos después de ver mi brazo prensado en esa máquina fue en mi futuro. ¿Qué va a pasar conmigo? Era más mi preocupación por el mañana, que lo que estaba ocurriendo en ese momento. Lo que sentí fue terror”, dice José Jairo, quien en ese momento tenía 19 años de edad.

Esa mañana él trabajaba en una máquina corrugadora cuando su brazo quedó entre los rodillos giratorios que atrapan el papel. “La máquina me atrapó el antebrazo y me aplastó”.

Atendieron la urgencia en el hospital al que fue trasladado, aunque a decir de José Jairo pasaron muchas horas sin que ingresara al quirófano. “Llegué a las nueve de la mañana y la cirugía fue hasta las seis de la tarde”. Después de la emergencia, “los médicos decían que quizá una amputación sería lo más fácil y viable. Me resistí. Mi trabajo es muy técnico, necesitaba mis dos brazos para continuar laborando”, relata.

“El dolor físico era insoportable pero continué buscando doctores; siempre tuve la esperanza de que habría una solución que no fuera la amputación. Encontré al doctor Camaño Bautista y el pronóstico comenzó a ser más esperanzador, a pesar de que mi antebrazo quedó totalmente destrozado: lo llamaban un antebrazo catastrófico y ahora estaba inmóvil, desarticulado”.

Fueron cinco las intervenciones que tuvo José Jairo; además de las largas horas de rehabilitación en el hospital y en casa. Un año después comenzó a ver mejorías.

“Fui sintiendo que mi brazo comenzaba a estar nuevamente integrado a mi cuerpo; superé los dolores físicos y el terror sicológico; sin embargo, valió el esfuerzo, hoy no tengo la incertidumbre de qué pasará; aunque me faltan ciertos movimientos finos, escribo de nuevo y estoy estudiando para ingeniero en Mecatrónica. Hay gente que se deja vencer por la falta de esperanza. También la perdía a ratos, pero insistí”, narra.

Reconstrucción

“Las lesiones que nos llegan a este hospital son muy graves: catastróficas. Mi mayor interés es que los pacientes que recibimos bajo estas condiciones vuelvan a ser productivos, recuperen su autoestima, sin sufrir ni pasar por la amputación de sus miembros.

Sé que se trata de lesiones catastróficas, que muchas veces no son atendidas por Unidades de Alta Especialidad y de manera oportuna como debería ocurrir en el caso de pérdida de extremidades; sin embargo, nosotros en el IMSS unimos vena con vena, arteria con arteria, nervio con nervio. Buscamos lugares en el cuerpo que puedan ser donadores de músculo como la parte del dorso del tórax y el pie; la llamamos cirugía microvascular. Tenemos experiencia en este tipo de casos”, agrega.

“La cirugía reconstructiva de mano, brazo y antebrazo constituye un modo inmejorable para evitar una discapacidad de por vida; desafortunadamente se han vuelto muy comunes. En este hospital atendemos un promedio de 20 casos al año: entre tres y cuatro pacientes al mes con machacamientos por accidentes laborales”, indica.

Con José Jairo se utilizaron injertos y colgajos para cubrir la gran lesión y “para dar mayor oportunidad de que los tendones corran y se puedan mover”, explica el especialista.

“Pegamos el brazo durante seis semanas a la parte de enfrente del abdomen del paciente, para que los tejidos se integren; lo llamamos una neuroformación vascular.

“Procuramos la formación de nuevos vasos y conexiones; después despegamos el brazo una vez que ese colgajo tiene nutrición vascular. Es así como logramos este tipo de resultados” agrega.

Es importante, dice, contar en este tipo de casos con la fortaleza emocional del paciente, sin ella, “no se avanza en lo absoluto”.

La persona accidentada siempre necesitará saber si volverá o no a recuperar la extremidad perdida; sin embargo, es algo que al principio los médicos no pueden asegurar; “pero tratamos de convencerlos de que la evolución va bien; en todo caso el desarrollo siempre será bueno a partir del momento en que evitamos la amputación del miembro afectado”.

Hoy José Jairo tiene 80% de evolución y se ha reintegrado a sus labores desarrollando las mismas funciones que hacía antes del percance. Además, recuperó su puesto en la empresa.

“Comencé a reintegrarme poco a poco a mi trabajo seis meses después del incidente; hubo veces que los dolores y el padecimiento no era tanto físico, sino mental y ese fue el reto más difícil de superar”, explica el hombre.

Pioneros

“Me dicen  La  Aparecida cuando me ven pasar por la calle, porque nadie creyó que sobreviviera de aquel accidente el 29 de agosto de 2011; nadie creía que saliera viva de abajo de ese coche que me arrastró por cuadras completas. Yo salí de mi trabajo, laboraba en una tienda haciendo el aseo, iba en bicicleta, de pronto sentí un golpe y no recuerdo más”.

Yolanda fue atropellada y quedó atrapada en la parte de abajo del vehículo; tardaron horas en sacarla; absolutamente lastimada, su brazo fue arrancado del torso.

“Quedé en estado de coma un mes. Después me arrastraba por el suelo, no podía levantarme, dependía totalmente de mis hijos para todo, me daban de comer en la boca, los trastes se me caían de la mano izquierda, sentía barras de hielo en mis manos, estuve muy deprimida, pero quería ser operada e hice todo para lograrlo”, recuerda.

Un año tres meses después de su accidente llegó a la Unidad Médica de Alta Especialidad del IMSS en Jalisco. El doctor Camaño le explicó que su caso sería muy difícil pues el tiempo trascurrido sin tratamiento corría contra su posible rehabilitación, le dio pocas esperanzas.

“En principio se optó por trasponer músculos activos para dar movimiento a su extremidad; utilizamos el pectoral mayor para producir la flexión del antebrazo y el trapecio supraclavicular —situado en la región posterior del cuello y el tronco— para elevar el brazo y activar el movimiento de la mano; dejamos pasar un año de la primera intervención y Yolanda tuvo otras tres operaciones; el uso del músculo trapecio supraclavicular fue fundamental en su caso”, recuerda el especialista.

El uso del trapecio supraclavicular es un método que no tiene antecedentes en la medicina.

El doctor César Camaño y el hospital son pioneros en el uso del músculo trapecio para cierto tipo de reconstrucciones.

“No hay reporte de que este músculo hubiera sido utilizado anteriormente; esta contribución no está descrita por ningún otro médico. Nosotros, en el centro de especialidades del IMSS, en Jalisco, lo estamos utilizando desde hace seis años para la elevación del brazo y la flexión del antebrazo”, explica.

Yolanda recibió  justamente el musculo trapecio en su primera cirugía ( ha pasado por  cuatro  años de tratamiento)  para  poder  elevar su brazo.

Ha viajado más de 20 veces de Ciudad Guzmán a Guadalajara para el tratamiento, en un transporte del IMSS, para lograr elevar el brazo. “ Hoy  no soy una mujer débil ni con el autoestima en el suelo, lo superé todo, puedo mover mis manos y brazos, a pesar de que mis tendones estaban destruidos  y eso es lo fundamental”, dice.

Yolanda utilizó una férula conocida como “el avión” durante seis semanas, que mantenía su brazo elevado a la altura del rostro: “Apreciamos mucho su sacrificio y voluntad, no sólo  durante  las  cirugías,  sino  su disciplina a lo largo de  la rehabilitación que representa  gran parte  del buen resultado”, reconoce su médico. Ella sigue ahora con su negocio de venta de gelatinas y va a natación todos los días.

Para el experto toda persona que tenga un accidente catastrófico relacionado con miembros superiores (mano, brazo y antebrazo) debe ser  remitida de forma oportuna  a una UMAE para ser tratada a tiempo.

“Ninguna  persona debe ser amputada por lesiones  catastróficas o  del plexo braquial (desgarramiento de nervios que surgen de la columna y bajan hasta el hombro, brazo y mano), pues existe la posibilidad de reconstrucción en fase  temprana o incluso tardía  para reparar los músculos dañados o inactivos, y así recuperar, lo mejor posible, su proyecto de vida”, dice.

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