San José
La fibra de enlace Caracas-La Habana es un sensible nervio político y socioeconómico.
Si un estornudo en Caracas causa gripe en La Habana, una enfermedad grave del régimen chavista puede provocar males mayores a la Revolución Cubana, especialmente en su flanco económico. El desplome en los últimos años de los precios mundiales del crudo, principal y casi único producto de exportación de Venezuela, aceleró los conflictos socioeconómicos venezolanos, atizó la inestabilidad política, agudizó una escasez alimentaria y de medicinas y llevó la situación general del país a una explosiva caldera.

Por eso, los leves sismos venezolanos mutan a fuerte terremoto cubano. Un informe de 2016 de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) describió los riesgos de una situación ya golpeada por factores internos y externos.
En Cuba, alertó la CEPAL, “otro factor negativo es la reducción en los envíos de combustibles por parte de Venezuela, que ha obligado al gobierno cubano a anunciar medidas de racionamiento energético para el segundo semestre del año. Por ejemplo, el consumo de electricidad a nivel nacional disminuirá 6%”.
Venezuela ha suministrado desde hace varios años entre 85 mil y 95 mil barriles diarios de petróleo a Cuba, que paga a Caracas en términos favorables y con el envío a suelo venezolano de miles de cubanos para servicios de salud, educación, deporte y otras áreas, pero las entregas de crudo venezolano mermaron en los últimos meses.
En un mensaje el 8 de julio pasado ante la Asamblea Nacional de Cuba, el presidente cubano Raúl Castro informó que en la cooperación mutuamente ventajosa con socios externos hay “afectaciones” pero “en particular” con Venezuela, “sometida a una guerra económica para debilitar el apoyo popular a su revolución”.
Existe “una determinada contracción en los suministros de combustible pactados con Venezuela”, explicó, al subrayar que “lógicamente ello ha ocasionado tensiones adicionales en el funcionamiento de la economía cubana”.
El Producto Interno Bruto (PIB) creció 1% en el primer semestre de 2016, “la mitad de lo que nos habíamos propuesto”, reconoció, al aclarar que ese resultado refleja “la agudización de restricciones financieras externas”. El gobierno busca minimizar “las afectaciones a la población”, pero tampoco hay espacio “para el derrotismo”, adujo.
El vicepresidente del Consejo de Ministros, Marino Murillo, expuso a la Asamblea la urgencia de recortar en cerca de 28% el consumo de petróleo en el resto del año.
El problema de las limitaciones en las entregas de combustible “nos ha puesto en una situación tensa para enfrentar la economía en el segundo semestre”, narró.
Caída. La CEPAL precisó que en 2016 se proyecta que el crecimiento del PIB de Cuba sea de alrededor de 1% o 2% y recordó en 2015 fue de 4.3%. “La baja en la dinámica del crecimiento respecto de 2015 se explica fundamentalmente por tensiones en la disponibilidad de divisas, a lo que contribuyen las previsiones a la baja en los precios de varios de sus productos exportables como el níquel y el azúcar”, puntualizó.
Así, están encendidas las alarmas de una nueva y severa crisis económica en Cuba, que en la última década del siglo XX e inicios de este siglo sufrió un colapso por la caída, de 1989 a 1991, de sus aliados del campo socialista de Europa del Este y la desintegración de la Unión Soviética (su principal socio desde 1960).
Pese a los nublados, los voceros del régimen cubano ahora dicen que Cuba está en condiciones favorables para enfrentar los líos “temporales” de 2016. “Pero de eso al nerviosismo, la parálisis y el desasosiego con que fuentes interesadas cuentan nuestros días, va un buen trecho”, proclamó el cubano Randy Alonso, director de Cubadebate, periódico digital del oficialismo cubano. “Que no cunda el pánico ni dejemos que los que nos quieren enterrados nos siembren el desaliento”, pidió.