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Apoyo latino. El nuevo reto para Donald Trump

Para los líderes cercanos al Partido Republicano y los grupos conservadores, este año está en juego más que la presidencia: el millonario podría destruir 20 años de acercamiento a los votantes hispanos

Una multitud marchó el 1 de mayo pasado en Los Ángeles, California, en favor de los derechos de los inmigrantes, con un muñeco gigante de Donald Trump sosteniendo una capucha del Ku Klux Klan, en alusión a su discurso xenófobo (LUCY NICHOLSON. REUTERS)
16/05/2016 |00:51Eileen Truax |
Redacción El Universal
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“Esto es más importante que sólo una elección. Los hispanos hemos trabajado por años tratando de mejorar la imagen del Partido Republicano y formando líderes para que ganen el apoyo y el voto de la comunidad hispana. Todo eso se puede perder en una elección. Donald Trump puede destruir lo que hemos logrado en los últimos 20 años”.

Héctor Barreto lanza esta frase con tono profundo, genuinamente preocupado. Pocos conocen a la comunidad hispana en los corredores de Washington D.C. como Barreto. Su padre, también llamado Héctor, fue fundador de la Cámara de Comercio Hispana de Estados Unidos. En 1980 apoyó de manera pública a Ronald Reagan, quien ganó la elección con más del 35% del voto hispano. Barreto Jr. encabezó la Administración de Pequeños Negocios (SBA) en el gobierno de George W. Bush; es presidente del Hispanic Business Roundtable Institute (HBRI) y suele hacer cabildeo empresarial en D.C. Cuando Jeb Bush anunció que contendería por la candidatura republicana, Barreto se sumó a su equipo de estrategas.

En un artículo publicado en febrero pasado en el diario USA Today, Barreto escribió que es tiempo de darle más crédito a los hispanos. “Estamos escuchando cómo nos representan, en ocasiones de manera insultante y no certera. Seguimos siendo quienes somos, y seguimos viendo la política a través de una lente que en general no tiene nada que ver con Trump”.

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“Hay muchas dudas dentro del Partido Republicano (GOP). Trump es el candidato, pero hasta ahora no tiene apoyo de los líderes importantes, empezando por los otros candidatos, John Kasich o Marco Rubio, ni del ex presidente Bush, o el hijo de Ronald Reagan, o los senadores importantes”, dice el empresario y asesor político a El Universal. “Hay casos como el del ex candidato John McCain, quienno quiere darle su apoyo. Piensa que debe hacerlo y tal vez lo hará; pero no hará campaña por él”.

Para Barreto la candidatura de Trump representa un obstáculo más en la de por sí cuesta arriba lucha del GOP por el voto hispano. En las elecciones intermedias de 2014, seis de cada diez latinos votó a los demócratas. El pasado abril, una encuesta de Pew Research reveló que el 61% de los hispanos tiene una percepción desfavorable sobre los republicanos.

La segunda semana de mayo, Barreto viajó a México. Allí comprobó que los líderes empresariales están tan preocupados ante la perspectiva de una presidencia Trump, como lo están en Estados Unidos. “Yo no sé cómo le va a hacer para cambiar esa opinión en 6 meses”, dice. “La gente no se va a olvidar de lo que Trump ha dicho y de lo que quiere hacer”.

El riesgo en números

Una de las preocupaciones dentro del partido y entre los grupos conservadores, es el impacto que la campaña de Trump pueda tener en la conformación de la próxima legislatura en el Senado. La encuesta de Gallup publicada en marzo pasado indica que 77% de los latinos tiene una opinión desfavorable de Trump; una tasa elevadísima en comparación con sus contendientes de aquel momento: en segundo lugar de desaprobación estaba Ted Cruz con 30%.

El GOP tiene que defender su mayoría y el discurso radical de Trump puede impactar negativamente otras candidaturas en los considerados estados clave en esta elección, conocidos como “swing states”: aquellos que no tienen una clara tendencia por un partido o por otro, y que podrían favorecer a cualquiera de los dos –a diferencia de estados como California, marcadamente demócrata, o Texas, claramente republicano–. Entre estos “swing states” figuran Nevada, Arizona, Nuevo México, Colorado y Florida, todos con índices de población latina que van del 21% en Colorado, al 47% en Nuevo México. Y el equilibrio en el Senado estadounidense es frágil: de sus 100 escaños, 54 están en manos republicanas y 44 son demócratas –más dos independientes. Números de un solo dígito pueden hacer la diferencia.

Adicionalmente, el efecto Trump podría representar no sólo menos votos hispanos, sino la derrota en la contienda presidencial.

“George W Bush ganó la segunda vez con 44% del voto hispano”, recuerda Barreto. “McCain llevó el 30% y perdió; Mitt Romney obtuvo el 27% y perdió también. Cada vez es necesario un número mayor de votos hispanos, porque su porcentaje sobre el padrón aumenta cada año. No sé cuánto ganará Trump, pero es posible que sea menos que Romney”.

En esta elección presidencial, 12 millones de votantes registrados son hispanos, un 10% del padrón. “Y podrían ser más los que al final voten porque Trump está motivándolos para registrarse y votar en su contra”, dice Barreto.

El partido y el futuro

Hace unos meses, durante la última semana de noviembre, inició en Estados Unidos un ritual en el que casi todos los alcaldes, gobernadores, partidos y activistas participan cada año: la repartición de pavos para la cena de Acción de Gracias en comunidades pobres o de minorías étnicas. Pero esta vez, en algunas zonas la entrega estuvo acompañada por preguntas: ¿Usted se siente más inclinado a votar por un republicano o por un demócrata? ¿Considera usted que el gobierno debe aumentar, o disminuir el gasto público? ¿Hay un correo electrónico donde lo podamos contactar?

Una de las organizaciones que recurrieron a este método fue The LIBRE Initiative, fundada en 2011 como una organización de base, no partidista y sin fines de lucro, que busca impulsar los valores de libertad económica y prosperidad entre la comunidad hispana. Entre los grupos que la financian se encuentran los conservadores y multimillonarios hermanos Koch, propietarios de la segunda empresa privada más grande de Estados Unidos, principales financiadores del Tea Party, y quienes, de acuerdo con el diario Washington Post, podrían donar hasta 750 millones de dólares a organizaciones de influencia política durante esta contienda electoral.

Daniel Garza, director ejecutivo de LIBRE, es enfático al reiterar el apartidismo de la organización. Sus valores coinciden con la plataforma republicana, pero considera que el GOP ha fallado en su acercamiento a los latinos. “Ojalá hicieran un mayor esfuerzo; nosotros no podemos sentarnos y esperar a que lo hagan”, dijo en una entrevista en octubre pasado, al terminar un debate entre candidatos republicanos.

Siete meses más tarde ya no hay debate: Donald Trump es el virtual candidato republicano, con una agenda que hace pensar que ningún esfuerzo será suficiente para atraer a los hispanos con los cuales los conservadores han coqueteado en las últimas dos décadas.

“Quien llegue a la presidencia debe ser alguien que tenga un acercamiento accesible a la política internacional, que busque disminuir impuestos y regulaciones económicas y reduzca el control del gobierno sobre los estadounidenses”, dice Garza, un hijo de trabajadores campesinos inmigrantes originarios del estado de Nuevo León. “Y tenemos una postura clara: queremos una reforma migratoria permanente, no los paliativos que aplicó Obama y que Hillary busca extender”.

La descripción de Garza está lejos de los planteamientos demócratas, pero también de la plataforma de Trump. Por esta razón, si el magnate quiere acercarse a los conservadores latinos, tendrá que moverse hacia el centro y dar detalles sobre las cosas que propone, asegura. “Necesita ser más sensible. No puede declarar que los Dreamers se tienen que ir del país. Además, un presidente no gobierna solo, necesita un partido fuerte en el Congreso. Y sólo tiene cinco o seis semanas para enviar un mensaje de unidad”.

Danny Vargas piensa lo mismo. Empresario, veterano de la Fuerza Aérea, y ex presidente de la Republican National Hispanic Assembly, organización que promueve los intereses hispanos dentro del GOP, Vargas considera que es momento de voltear a ver la historia del partido y su viabilidad a futuro.

“Esto va más allá de una contienda, de una campaña o de un candidato”, afirma. “Tiene que ver con el sentido de comunidad que tenemos como país. El GOP es el partido del presidente Lincoln, de Roosevelt, de Reagan; es un partido fundado en el principio de un país para todos, no solo los blancos o los ricos; para los latinos, para los negros, para los pobres. A Trump le toca a hablar de esos principios si quiere representar a este partido”.

La palabra final se dará en la Convención Republicana de Cleveland del 18 al 21 de julio. Ahí, organizaciones como la de Barreto sostendrán reuniones con los candidatos y otros líderes republicanos para exigirles claridad en su agenda, una que incluya las inquietudes de los latinos. El grupo que representa Vargas también estará ahí.

“Si no lo hacemos así, perdemos una oportunidad”, dice Vargas contundente. “Tenemos que tomar una decisión; yo en lo personal soy ciudadano antes que partidista; ir a las urnas es algo serio, nuestra decisión afecta no sólo al país, sino al mundo. ¿Queremos ganar la presidencia a como dé lugar, o permanecer, seguir siendo el partido que queremos, un partido con futuro?”.