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México-EU, entre la cooperación o el conflicto

16/07/2019
03:06
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Con gratitud a mi Maestra
Sandra Maldonado, que sin
proponérselo me salvó la vida.

Conocí Estados Unidos de Norteamérica en diferentes momentos y circunstancias de mi vida, después de mi periplo fructífero recorriendo Europa durante 5 años, en los 70. Primero fue Francia, colaborando en tareas de educación para la paz en la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Esto me permitió conocer a una pléyade de hombres brillantes de la época, amigos inolvidables como: Edgar Morin, precursor para la educación; Françoise Mitterrand, el canciller Willy Brandt, líder de la socialdemocracia, defensor de los pueblos oprimidos; Julius Nyerere, Arturo Uslar Pietri, Amadou-Mahtar M'Bow Director General (UNESCO), Aurelio Peccei, fundador del Club de Roma.

Seguirían tres años intensos recorriendo Australia donde conocí al Dr. Carlos Jarque Uribe, Nueva Zelanda, las Islas Fidji y los Archipiélagos del Pacífico. En esta época viajé mucho a la India, donde conocí a la primera ministra Indira Gandhi, extraordinaria mujer de recuerdo imborrable. Japón sería otro capítulo donde consolidé programas de pesca artesanal (almadrabas) aplicados exitosamente en Bahía de Banderas, hoy pujante coloso turístico del Pacífico.

Mi experiencia en la Unión Americana tuvo lugar en distintos momentos, como Director General de este Instituto. Asistí a múltiples conferencias de la ONU, vinculándome a la agenda del Estado y el desarrollo preconizado en la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados. Fue enriquecedor entender la organización internacional, contemplar la arrogancia y egoísmo de las potencias frente a países atrasados de Asia, África y América Latina, quienes no querían ser súbditos, esclavos de un orden económico internacional injusto.

Aprendí a respetar y darme a respetar, observé su gente, costumbres, historia, tradiciones, específicamente en Nueva York. Centro financiero y cultural del mundo, comprendí que esa nación que nació pigmea se nutrió de corrientes migratorias de todo el mundo en busca de un nuevo futuro, agrupa enormes contradicciones. Convivencia entre débiles y poderosos, trabajadores migrantes, de México, América Latina y diversas partes del mundo.

Tras la amarga lección de la pérdida de soberanía por la guerra injusta México-EU, hace 171 años, la dos naciones pasaron del conflicto armado, a la alianza militar, política y la integración.

Me percaté de que esta “Gran Manzana” (Nueva York) es el símbolo del poderío de esa nación, pero que casi nada tiene que ver con el resto del país. Era la época de la Guerra Fría, el conflicto árabe-israelí, la crisis del petróleo, perfilándose EU como primera potencia mundial, la Unión Soviética se tambaleaba. Era el inicio de la globalización. Los sabios consejos de mi amiga Rosario Green, subsecretaria de la ONU, y de Porfirio Muñoz Ledo, embajador de México, fueron básicos para comprender el orden internacional.

Me preguntaba en aquel entonces: ¿Si EU negociaba con sus enemigos?, ¿Por qué no negociaba con sus amigos del sur?, basándose en la cooperación, respeto mutuo en temas de la nueva agenda como: comercio justo, migración, narcotráfico, medio ambiente, caravanas del hambre y la miseria.

El ataque terrorista a las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001, conmovió al mundo. Fue la gran experiencia de mi vida. Ese día asistía al inicio de la Conferencia General de la ONU, programé un desayuno en el restaurante “Windows on the World” en el piso 106. Lo cancelé para asistir mejor a un desayuno con mi maestra Sandra Maldonado, a unas cuantas cuadras. Fue la fuerza del destino; no me tocaba. Comenzaba el siglo XXI, aparecían nuevos retos, desafíos, miedos, peligros y un enemigo mortal: “el terrorismo”, que como Espada de Damocles pende sobre la humanidad.

 

Centro de Estudios Económicos y
Sociales del Tercer Mundo AC

Jorge Nuño Jiménez
Director general del Centro de Estudios Económicos y Sociales del Tercer Mundo