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Democracia sí, hegemonía no

En los resortes políticos de Morena-AMLO abundan los indicios de una vocación hegemónica fundada en el rechazo a algunas instituciones. No a todas, es sobresaliente su predilección por la institución militar
23/06/2019
05:00
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La forma es fondo. El modo en que el gobierno de López Obrador toma decisiones se caracteriza por la imposición de decisiones al margen de la opinión de las comunidades implicadas bajo el pretexto de que así lo necesita el interés público. Nada más opuesto a la democracia política y, desde luego, al interés público. Hostigan a la prensa y a quienes opinan diferente, recortan presupuestos sin contemplación, cancelan obras en actos despóticos que llaman “democracia participativa”, pregonan su voluntad como “voluntad general” que, según el presidente y sus funcionarios es, a fuerzas, la de todos. Nadie más que él y los suyos tiene algo que decir. No hay necesidad de escuchar voces diferentes, basta con sus palabras y el eco que producen; la suya es la única voz. Si la forma es impositiva es porque el fondo es autoritario, antidemocrático y regresivo.

Recuerdo el momento de finales de octubre del año pasado en que el presidente electo difundió un video sentado al lado de un altero de libros en cuyo tope aparecía “¿Quién manda aquí?” de Felipe González y otros (https://bit.ly/2L8dOaQ).

Tiempo antes lo había leído y al repasarlo topé con este párrafo del expresidente español: “La democracia no garantiza el buen gobierno, lo único que garantiza es que podemos echar al gobierno que no nos gusta. Esa es la gran diferencia con la dictadura”.

En los resortes políticos de Morena-AMLO abundan los indicios de una vocación hegemónica fundada en el rechazo a algunas instituciones. No a todas, es sobresaliente su predilección por la institución militar (Ejército y Marina) que reciben el profundo respeto del presidente y la mayor consideración para encargarles delicadísimas tareas.

En cambio, las instituciones electorales no les merecen hoy el aprecio que tuvieron por ellas en sus encarnaciones anteriores, especialmente cuando fueron (algunos) PCM, PMT, PSUM y PRD. El diputado Pablo Gómez profirió la muy antidemocrática idea de que, por razones de costo, habría que reducir a la impotencia a los órganos electorales. Tal y como ha sido enunciada públicamente esta propuesta, se suma a la larga lista de hechos que muestran que Morena es un partido democrático de dientes para afuera para salvar la cara, pero que, en algunas de las facciones que lo componen existe un claro proyecto de convertirlo en un partido hegemónico que domine la vida nacional y suprima el pluralismo político, la competencia electoral equitativa y los derechos básicos de los ciudadanos para organizarse y hacer valer su opinión en los asuntos de gobierno.

Un proyecto hegemónico busca, en todos los casos, convertir la doctrina particular de un partido, en la única doctrina que infunda en el Estado los principios y valores de los que derivan sus reglas. Fue el célebre comunista italiano Antonio Gramsci quien acuñó la teoría de la acción política hegemónica para hacer posible el cambio revolucionario en sociedades como la italiana, en las que el leninismo era de difícil digestión y que padecían la amenaza totalitaria del nazismo y el fascismo (del que Gramsci fue víctima). El concepto de hegemonía corregía el supuesto leninista de que la burguesía domina sólo por la fuerza, añadiendo una dimensión cultural. La transformación revolucionaria debería, pues, corresponder a la hegemonía del proletariado, por la cual los intereses de éste se volviesen la “voluntad general” que abarcara toda la sociedad. Para la democracia, este concepto y sus reformulaciones actuales son inaceptables, pues no puede admitirse la prevalencia de un solo interés, venga de donde venga. La idea profunda de la democracia reconoce el derecho de combatir organizadamente toda forma de opresión y explotación sin requerir en ningún momento de una dictadura, como lo postula el ya intelectualmente superado marxismo-leninismo y sus versiones tropicales. El propósito hegemónico que permea esa idea de reformas electorales se funda en la falsa presunción de que “su” mayoría debe blindarse contra nuestro derecho fundamental e irrenunciable a las garantías institucionales para “echar al gobierno que no nos gusta”.

Académico de la UNAM.
@ pacovaldesu

Francisco Valdés Ugalde
Francisco Valdés Ugalde es Doctor en Ciencia Política, académico del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM y miembro del Consejo Superior de la Facultad Latinoamericana de Ciencias...