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Luego de que le dieran el último adiós en la parroquia de Janamuato, las cenizas del sacerdote asesinado en Michoacán, fueron trasladadas a su pueblo natal, Panindícuaro, ubicado en el occidente de la entidad, donde fueron recibidas por familiares y amigos.
Desde la entrada de la tierra que lo vio nacer, José Alfredo López Guillén fue recibido con música sacra, entre aplausos, pero también incontenibles llantos de fieles, hermanos y personas con las que convivió en su carrera sacerdotal, así como en lo personal.
Las cenizas del religioso son veladas al interior del número Alfredo Elizondo #18-B, del centro de Panindícuaro, donde a las 13 horas de este martes se celebrará una misa en su memoria, a la que se espera nuevamente que acuda la congregación del arzobispado de Morelia, quienes oficiaron la celebración eucarística en Janamuato, municipio de Puruándiro, en la que el padre Alfredo ejerció el último año y medio.
El cura michoacano fue encontrado sin vida la madrugada del domingo sobre la carretera Puruándiro-Zináparo, atado de pues y manos y con cuatro disparos de arma de fuego, luego de cinco días de que desapareciera.
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