A finales del julio pasado, Sara Ramírez, de 22 años, originaria de Colombia y residente en Miami, Florida, viajó con su novio, un venezolano nacionalizado español, para disfrutar de unas vacaciones en el Caribe mexicano, de las cuales no volvió con vida.
La joven se hospedó junto con su novio en el hotel Villas del Palmar, en Punta Sam, un enorme y lujoso resort constituido por tres torres de nueve pisos, con 415 habitaciones, categoría cinco estrellas, localizado en la zona continental de Isla Mujeres, a 15 minutos de la ciudad de Cancún.
No hay mayores detalles del itinerario de la pareja. Lo que se conoce sobre su muerte es contradictorio y confuso.

El 29 de julio, Sara se encontraba con su acompañante en la zona de albercas del hotel. Eran las 19:00 horas cuando él subió a su habitación, mientras ella se quedó un rato más en esa área.
Al día siguiente, a las 7:00 horas, una llamada al número de emergencia 066, reportaba la presencia del cadáver de una joven, en el interior de un centro de hospedaje ubicado en la carretera a Punta Sam, a la altura del kilómetro 5.2, Lote 3, Mz. 9.
La versión oficial sostiene que un supervisor fue notificado por un par de meseros, casi a las 6:00 horas, que en la fase 1 del centro de hospedaje, en el área de albercas, se encontraba una mujer tirada y que dio aviso a la autoridad.
La policía ministerial se presentó en el lugar, que fue acordonado; el cuerpo, que presentaba golpes y fracturas, fue trasladado al Servicio Médico Forense, para practicarle la necropsia.
La Fiscalía abrió la carpeta de investigación 2800/2016 sobre lo ocurrido, sin determinar –todavía- si se trató de un accidente, un suicidio o de un homicidio; si la chica resbaló, si se arrojó intencionalmente o si fue empujada.
La necropsia arrojó que murió a causa de un trauma toracoabdominal, es decir una lesión del tórax y el abdomen con ruptura del diafragma, músculo que separa la cavidad torácica de la cavidad abdominal.
Oficialmente, la joven cayó del octavo piso del hotel, lo que equivale a una distancia de 33 metros. Antes de tocar el suelo, una palmera estaba en la trayectoria de caída, lo que explicaría las lesiones en los brazos, se indicó a EL UNIVERSAL.
Al rendir su declaración, el novio de Sara dijo que la joven había ingerido bebidas alcohólicas y que la perdió de vista desde que él subió a la habitación de ambos y ella permaneció en la zona de albercas; que se quedó dormido esperando que la chica subiera y que al despertar y no verla ahí, creyó que seguía molesta con él.
Los testimonios recabados por la Policía ministerial, señalan que, presuntamente, empleados del hotel vieron discutir a la pareja, antes de que el joven subiera a la habitación. Uno de los dos deseaba salir de fiesta y el otro no.
Al ver que no llegaba, el muchacho se comunicó a recepción y llamó a la policía. Después se enteraría de la muerte de Sara.
La Fiscalía aún no cuenta con los resultados del estudio de alcoholemia, para determinar si Sara realmente había ingerido bebidas alcohólicas como declaró su acompañante.
Se explicó a este diario que tampoco pudieron retener al joven extranjero, mientras culmina la investigación.
Los medios locales publicaron que la chica, bajo el influjo del alcohol, se arrojó desde el balcón de un sexto piso del hotel. Nadie escuchó ruidos, ni gritos, ni el golpe del cuerpo al caer.
No se pudo entrevistar a varios huéspedes que ocupaban habitaciones aledañas a la zona en que ocurrieron los hechos, porque abandonaron el hotel justo la mañana del sábado en que se encontró el cuerpo, se indicó.
El tema quedó ahí. Hasta ahora, se ha dado a conocer que ante las irregularidades del proceso y la opacidad en las investigaciones, la familia de Sara decidió recurrir al cuerpo diplomático de Colombia en México, para intervenir y ejercer presión, a fin de que se esclarezca lo que asumen como un crimen.
También intentan contactar con organizaciones que les apoyen para exigir que se haga justicia.
Sospechan de homicidio
La versión que circuló días después, fuera de México, a través de blogs y de periódicos internacionales, fue que la familia sospechaba –con base en la narración del novio de Sara- que la joven había sido asesinada; que en el presunto homicidio habrían participado policías locales dedicados a la extorsión y que la autoridad estaba entorpeciendo las investigaciones.
Se menciona que, en efecto, el 29 de julio, la pareja pensaba salir a una discoteca; que el joven subió a su habitación a cambiarse, mientras Sara le esperaba, fumando un cigarro.
Que por separado, fueron abordados por sujetos desconocidos que intentaron extorsionarlos.
El joven –según declaraciones de la familia de la víctima, a la prensa internacional- narró que fue incomunicado en una habitación; lo siguiente que supo, horas después, fue que Sara estaba muerta.
El muchacho asegura que fue amenazado si contaba lo ocurrido y que prácticamente lo llevaron al Aeropuerto Internacional de Cancún para que abordase un avión con destino a Miami, no sin antes entregar los cinco mil dólares que le fueron exigidos por agentes policiacos.
Los padres de Sara, quienes viajaron a Cancún para reconocer y recoger el cuerpo de su hija, han expresado que debían llevarse el cuerpo cremado, para poder sacarlo del país, lo que impedía practicarle una autopsia. No se ha logrado confirmar si la cremación se llevó a cabo.
pmba