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Fidelfa, la última mujer mixe que platica con el maíz

Esta curandera realiza rituales basado en granos; según registros, esto data de la época prehispánica

Fidelfa es originaria de San Juan Guichicovi, importante comunidad mixe del Istmo de Tehuantepec y en donde sólo dos personas tienen saben leer el maíz en rituales de sanamiento o curaciones (ROSELIA CHACA. EL UNIVERSAL)
19/07/2016 |00:34Roselia Chaca / Corresponsal |
Redacción El Universal
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Juchitán.— Fidelfa esparce 102 granos de maíz sobre una pequeña mesa de madera colocada frente a su altar de santos y vírgenes. Los cubre con sus venosas manos y los acomoda con varios giros, mientras en su lengua madre, mixe, les pide permiso para platicar.

El maíz le concede la gracia y así comienza uno de los rituales que en la época prehispánica formaba parte del arte adivinatorio del mundo mesoamericano: la lectura del maíz.

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Frente a ella se encuentra José Luis, un joven de 25 años que recurrió a la sanación. Fidelfa extiende su dedo índice sobre los granos y apartó un pequeño grupo hacia la parte extrema de la mesa; el resto lo acomoda en grupos de cinco hasta dibujar con los granos dos círculos.

El primer círculo representa la casa del enfermo, son 10 grupos de cinco granos de maíz; el segundo circulo consta de siete grupos de cinco y representa al enfermo, mientras que el maíz sobrante (uno o dos granos que no logran formar un grupo) determina el mal que aqueja a la persona, lo que sólo Fidelfa sabe deducir.

Ella vive en San Juan Guichicovi, una de las importantes poblaciones de la etnia mixe del Istmo de Tehuantepec y en donde sólo dos personas tienen el don de leer el maíz en rituales de sanamiento o curaciones.

Fidelfa Francisco Santiago tiene 60 años y es conocida en el pueblo como una maiksh masoyey (curandera en mixe). Desde los nueve años unos niños vestidos de blanco se le aparecían en sus sueños de forma recurrente; nunca entendió el significado hasta que otro curandero le dijo que eran ángeles y que tenía un don.

Siempre supo que era especial, pero aceptó su destino hasta los 40 años, cuando los niños se volvieron a aparecer en sus sueños; a partir de entonces le avisan de los enfermos o las visitas que llegarán a su casa. Ella, preparada, siempre espera.

La presencia de José Luis le fue avisada previamente en un sueño; cuando él tocó su puerta, ella ya lo esperaba. Coloca al enfermo frente a la docena de santos y vírgenes y comienza con los rezos.

Después José Luis descubre su torso para recibir las “rameadas” de albahaca con un preparado especial de sustancias curativas. Para la lectura selecciona y desgrana frente a él una mazorca especial: la que tiene 12 surcos de granos regulares.

Fidelfa explica que las peticiones a los santos son para alejar todo mal aire que atormenta al cuerpo en sanación y el rociado del sahumerio, para después retirarle los malos espíritus. Este aroma invade todo el cuarto.

Durante el proceso Fidelfa no deja de platicar con el maíz en un lenguaje sagrado y de sabiduría que no traduce a nadie. Después del conteo y la forma en que quedaron esparcidos los granos, esta indígena mixe le explica al enfermo las razones de su mal y la forma en que se podrá curar.

Para finalizar el ritual vacía una botella de aguardiente en los cuatro puntos de la mesa donde colocó el maíz; el sobrante lo vierte en un agujero en medio del cuarto, “dándole de beber a la tierra”.

“Un lenguaje a punto de morir”. Para el historiador zapoteca Víctor Vásquez Castillejos, los 102 granos de maíz están relacionados con el tiempo, con los ciclos del calendario mixe, que puede ser de 51 años. Dice que en algunas culturas indígenas los ciclos son de 51 años, por lo que el conteo de 102 se refiere a dos ciclos.

“En cuanto a los grupos de cinco granos de maíz , tienen que ver con los cinco rumbos del universo. Además hace montones de 40 granos, lo que está relacionado con la cuenta vigesimal. Ella, sin saberlo, practica un lenguaje metafórico prehispánico, un lenguaje que está a punto de morir. Fidelfa es de las últimas voces que platica con el maíz”, explica.

De acuerdo con la Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana, la lectura del maíz es un “método diagnóstico utilizado por adivinos para conocer el origen de una enfermedad y el tratamiento para curarla. En algunos grupos indígenas del país se utiliza para conocer el estado del tiempo y averiguar el paradero de personas extraviadas”.

La lectura del maíz lo practican los nahuas, huastecos, mazatecos, tzotziles, tlapanecos y purépechas, zapotecos y mixes en Oaxaca.

“Suelen emplear diferente número de granos: por ejemplo, los mixes disponen de 18, los zapotecos de cuatro a 100 y los tlapanecos de 22 a 40 o 60 granos. Una vez seleccionados, adquieren una virtud especial y se guardan en bolsas para ser utilizados en rituales terapéuticos. Generalmente, el sortilegio se realiza frente a altares, los cuales son preparados por los adivinos al mismo tiempo que pronuncian plegarias y oraciones”, explica el documento de la Biblioteca Digital.

Este ritual data de la época prehispánica y forma parte del arte adivinatorio del mundo mesoamericano, pues, según las creencias, el maíz es el grano sagrado con el que se formó el primer hombre.