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La Ciudad, a través de EL UNIVERSAL

Cultura 30/05/2016 00:05 Gerardo Martínez Ciudad de México Actualizada 09:30

El historiador Arturo Albarrán Samaniego analiza en un libro el dibujo publicitario y las caricaturas de la década de los 20

El 2 de febrero de 1928, El Universal Ilustrado publicó esta caricatura de Andrés Audiffred titulada “La tragedia de los vendedores ambulantes”.

Durante la década de los 20, importantes agencias publicitarias ocuparon los espacios que desde entonces ofrecen las páginas de EL UNIVERSAL. En la imagen, un anuncio de la agencia Brown & Bigelow, publicado el 28 de septiembre de 1930.

Durante esa década los anuncios publicitarios proyectaron una ciudad estilizada y con una arquitectura que sólo era posible en el dibujo y en los sets cinematográficos. En la imagen, un anuncio de El Palacio de Hierro, publicada el 16 de septiembre de 1917. Ilustración de Francisco Gómez Linares.

Estas campañas también difundieron modelos de “civilidad” y estereotipos de género, modelos de familia y aspiraciones de las distintas clases sociales. En la imagen, un anuncio de la tienda El puerto de Veracruz, publicada el 9 de abril de 1920. Ilustración de Medina de la Vega.

Otra de las agencias más destacadas que usaron los espacios que ha ofrecido EL UNIVERSAL fue la agencia Maxim’s. En la imagen, un anuncio de la tienda de sombreros Tardán, publicado el 1 de enero de 1920.

El automóvil fue uno de los nuevos íconos de la representación del espacio urbano que apareció en los anuncios publicados en El Gran Diario de México. En la imagen, un anuncio de aspirinas, publicado el 26 de enero de 1920. Ilustración de Hubert Whatley.

Con la llegada del automóvil a la Ciudad de México surgió el problema de los accidentes de tránsito. La cobertura editorial que EL UNIVERSAL hizo de este nuevo fenómeno incluyó la educación vial y peatonal. Esta ilustración de los nuevos semáforos se publicó el 29 de septiembre de 1922.

El crecimiento de la Ciudad de México también se refleja en la publicidad de los años 20. Este anuncio de la Compañía de Terrenos, S.A, ilustrado por Clemente Islas Allende, ofrece la oportunidad de conseguir un lote en la colonia Portales. EL UNIVERSAL, 19 de enero de 1921.

Los modelos de civilidad también fueron difundidos en los contenidos editoriales de El Gran Diario de México. En su cartón “Educación Pública”, el caricaturista Andrés Audiffred hacía un llamado a mantener la limpieza de los espacios comunes. EL UNIVERSAL, 9 de febrero de 1930.

Entre la variedad de medios impresos que a finales de la Revolución Mexicana empezaron a circular en la Ciudad de México, EL UNIVERSAL representó el espacio de mayor difusión en el que ilustradores, caricaturistas, publicistas y diseñadores gráficos proyectaron las nuevas percepciones sobre la vida citadina. Como parte central de su libro Por donde todos transitan, la Ciudad de México en las páginas de El Universal, el historiador Arturo Albarrán Samaniego sostiene que las tendencias gráficas utilizadas en la década de los 20 del siglo pasado en las páginas de este periódico son un reflejo de las aspiraciones y los valores de las diferentes clases sociales capitalinas, así como de los problemas que enfrentaba la ciudad, entre ellos los accidentes de tránsito, la saturación en el transporte público y las nuevas modas.

A lo largo de cinco capítulos, la investigación de Albarrán hace un pormenorizado análisis de las tendencias de la ilustración y el dibujo publicitario de ese periodo que tuvieron eco en las páginas de EL UNIVERSAL. Este estudio, publicado este año por la Escuela de Diseño del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), toma nota también de las corrientes desarrolladas por los cartonistas, que en muchos casos tuvieron en este periódico el  impulso más importante de sus carreras. Nombres como el de Andrés Audiffred, Carlos Mérida, Clemente Islas Allende, Fernando Guillen y Rafael Vera Córdova, entre otros, junto con el sello de agencias de publicidad como Maxim's o Brown & Bigelow International, LBA Publicistas y Publicistas Tacuba son algunos de los que perfilaron la identidad citadina que se reflejaba en las páginas de este periódico.

“La década de los 20 fue también una época de consolidación de muchos negocios. Las tiendas departamentales tienen su origen en el siglo XIX, pero a principios del siglo XX la publicidad empezó a consolidar su imagen a través de sus anuncios. Muchas empresas se dieron cuenta que a través de su proyección en los medios masivos podían llegar a más personas. Durante la década de los 30 la crisis económica que se originó en Norteamérica hizo que muchas empresas mexicanas dejaran de invertir en publicidad. El número de anuncios  bajó significativamente”.

 Proyección gráfica de la Ciudad.  Historiador, con formación de diseñador, Albarrán Samaniego explica las diferentes propuestas gráficas que a lo largo de esa década encontraron espacio en este periódico y que son también una recopilación de propuestas visuales que contrastan con las vicisitudes cotidianas de los habitantes de la Ciudad de México y que están representadas en el seguimiento periodístico de los reporteros, colaboradores y editores de este diario.

“Los publicistas de este periodo tendieron a emplear representaciones de la capital y otras escenas urbanas muy estilizadas y con una arquitectura que sólo era posible en el dibujo y en todo caso en los sets cinematográficos. Hicieron uso de escenas de la ciudad como perspectiva de lo que se esperaba que fuera la realidad social de la capital”, expone Albarrán.

 Así, el primer capítulo está dedicado a la forma en que los editores de EL UNIVERSAL crearon su propio concepto del entorno urbano y cómo  en ocasiones se contradecía al discurso gráfico de las agencias de publicidad y de los propios cartonistas de este diario. Sobre este segundo aspecto, destaca la participación de cartonistas como Andrés Audiffred y Nagulás, quienes nutrieron las páginas editoriales con ilustraciones que más allá del carácter pintoresco retrataron con fidelidad y sentido del humor los entornos de los barrios bajos, en sus condiciones de miseria.

En el segundo y tercer capítulo se aborda la nueva dinámica que la tecnología impuso a la vida cotidiana  y la idealización de los espacios públicos, principalmente las áreas verdes como lugares rectores de la vida “civilizada” y de la modernidad. Sobre los fenómenos urbanos que enfrentaban los habitantes de la ciudad  destaca el seguimiento que en las páginas de este diario se hizo de la nueva educación vial, caracterizado por la presencia de un nuevo personaje: el semáforo. En esta órbita citadina también hay apertura para el análisis de las representaciones de los espacios interiores públicos en las propuestas gráficas de los espacios publicitarios y los editoriales.

Aquí descubrimos, dice el autor, “diseños asociados a espacios interiores públicos, privados y a su respectiva dinámica, instaurada generalmente en grupos pequeños, integrados al confort del transporte de primera clase, a las atenciones de los vendedores y a la armonización de los servicios básicos de la casa urbana”. Sostiene que estas representaciones gráficas facilitaron la asociación  del artículo con roles sociales, muebles y otros objetos que también  definían al individuo por su género,  estatus y manera de pensar y sufrir los espacios públicos y privados.

El automóvil, uno de los íconos más importantes de la construcción del espacio urbano es abordado también en el cuarto capítulo. La caracterización que se hizo en las páginas de EL UNIVERSAL fue a través de las dos utilidades que a partir de esa década ofreció el auto: el transporte público y privado. El despliegue gráfico y editorial que por su parte dio este periódico destacó en la lectura que los cartonistas hicieron de los nuevos fenómenos urbanos. Los atropellamientos dieron pie a que algunos de los cuadrantes de la ciudad comenzaran a ser rebautizados por la peligrosidad que representaba para los peatones. Este es el caso de la esquina de la calzada México-Tacuba y Avenida Hidalgo, que fue bautizada como la “esquina de la muerte”. Una lectura irónica de las eventualidades del tránsito  fue la de  Andrés Audiffred en las páginas de El Universal Ilustrado con un cartón que tituló  “Los babosos”. En él aparece una multitud de curiosos de distintos perfiles y clases sociales, congregada alrededor de un automóvil con una ponchadura de llanta.

 Otro rasgo de la ciudad postrevolucionaria presente en las páginas de este periódico y sus suplementos fue la cobertura y representación publicitaria de los carnavales, “fiestas de fantasía” y el Mardi Grass, fiesta de cuaresma retomada de la Comedia del Arte italiana. La aparición de nuevos personajes en la vida  capitalina, como Colombinas, Pierrots, Cyranos y damas versallescas también fue abordada en la gráfica. Mardi Grass, como se le conoció a un popular desfile que se hacía en la ciudad  con carros alegóricos,  ocasionaba el cierre de algunas de las avenidas más transitadas, así como la acumulación de espectadores sorprendidos por la parafernalia de los vestuarios y la suntuosidad de las escenografías.

“Aunque un poco contrastada por la precariedad que presentaban otros grupos sociales, se mostraba una sociedad revestida en detalles decorativos, máscaras estilizadas y actitudes festivas que enriquecieron esa vida de la visión de la Ciudad de México”, explica Albarrán Samaniego.

Las innovaciones editoriales.  Al enumerar algunas de las innovaciones que este periódico ofreció a sus lectores durante los años 20, Albarrán Samaniego destaca el uso de papel de la mejor calidad en aquellos años, la utilización de tipografías e interlineados que permitían una lectura más dinámica y la cantidad de páginas que permitían un mayor despliegue de elementos gráficos, una característica que resultó atractiva para los anunciantes y que fue aprovechado por  las agencias de publicidad para llevar a los lectores capitalinos las nuevas tendencias de la publicidad.

 Sobre las características que particularizaron a EL UNIVERSAL durante  esa década, Albarrán Samaniego resalta la variedad de suplementos, algunos de ellos con propuestas innovadoras como el uso de papel similar al couché y de tintas sepia, recurso que fue retomado de las  publicaciones  neoyorquinas, pioneras en el uso de estos elementos en la cobertura de notas de moda y sociedad. Otro de sus rasgos característicos fueron los suplementos dominicales dedicados a los cómics, impresos a color y que ofrecieron una mayor apertura a los lectores de otras edades, con  la introducción de rompecabezas, dibujos y cuentos para niños, una dinámica de la que eran ajenos el resto de periódicos y revistas de la época.

 “La característica que distingue a EL UNIVERSAL frente a otras publicaciones de esa época es que abordó temas de la vida cotidiana con mucho respeto. A través de sus colaboradores trata de explicar qué tipo de vida se tenía en la Ciudad de México. En cuanto a las variedad de personas, expuso la forma de pensar de una sociedad católica, privilegió temas relacionados con los derechos humanos y le destacó el tema de la infancia, tanto así que impulsó el Congreso Mexicano del Niño. Esa es la diferencia frente a otros periódicos, que no defendieron tanto esta idea de humanismo y de protección a la infancia que sí tuvo EL UNIVERSAL.”

El libro Por donde todos transitan. La Ciudad de México en las páginas de El Universal fue presentado en el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM con la participación de las investigadoras Julieta Ortiz y Rebeca Monroy.

 

 

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