21 | JUL | 2019

Gonzalo Rojas, un poeta que era volcán y sosiego

20/12/2016
00:21
Yanet Aguilar Sosa
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Fabienne Bradu, investigadora de la UNAM, no quiso hacer una biografía intelectual, sino mostrar la simbiosis entre vida y obra

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Luego de publicar Íntegra, en 2013, el volumen que reúne la poesía completa de Gonzalo Rojas, y de haber editado con el mismo Fondo de Cultura Económica en 2015, Todavía, el libro que reúne la prosa de este célebre poeta chileno, Fabienne Bradu publica El volcán y el sosiego. Una biografía de Gonzalo Rojas, el primer trabajo biográfico del escritor chileno del que hoy se cumple el centenario de su nacimiento.

La escritora, investigadora y crítica literaria nacida en París en 1954, asegura que ella no tuvo la intención de hacer una biografía intelectual porque suelen ser trabajos que parcializan las cosas como si la vida fuera una vergüenza, como si nos diera miedo hablar de la vida privada; lo que ella quiso fue ver la obra de Gonzalo Rojas desde su vida y en eso jugó un papel central el álbum fotográfico del poeta nacido el 20 de diciembre de 1916 y fallecido el 25 de abril de 2011.

“Hay cosas que yo cuento en la biografía que pueden ser mal vistas, de hecho no hablan bien de mi personaje, pero yo repito siempre: no era un santo, era un poeta y, como todo hombre, habrá cometido errores. Eso no lo disminuye para nada, ni como persona y menos como poeta. Para mí no hay posibilidad de otro tipo de biografía, aunque se suelen publicar biografías intelectuales, pero en el caso de un poeta como Gonzalo Rojas cuya vida es indisociable de la obra no hubiera sido imposible escribir una biografía parcial, de esas llamadas biografías intelectuales”, señala Bradu.

La investigadora del Centro de Estudios Literarios del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, asegura que Gonzalo Rojas no escondía los trapos de la cocina por lo que ella se sintió con toda la autorización para hablar abiertamente de su vida y sus amores y amigos tal como él hablaba de esas personas.

“En cuanto a los puntos de vista políticos, cada quien tendrá su propio modo de pensar el mundo, buscará cuándo ha fallado o cuándo no ha fallado, yo estoy cierta y eso lo sostengo, que Gonzalo Rojas a quien nunca traicionó fue a la poesía; todas las demás discusiones y juicios pueden ser discutibles pero en la poesía nunca mentía. Eso sí lo tengo muy cierto”, señala la también autora de Otras sílabas sobre Gonzalo Rojas (2002).

Bradu dice que El volcán y el sosiego. Una biografía de Gonzalo Rojas, es su visión del personaje y para ella sí fue un volcán y un sosiego. “Otros le añadirán otros adjetivos, en una reseña que cito, José Emilio Pacheco desgrana un rosario de adjetivos muy encontrados y diversos, pero las dos mayores columnas vertebrales tanto de su vida como de él mismo creo que sí son un volcán y un sosiego. Es esa potencia del eros en el sentido más general y más amplio del término, hombre de pasiones en todo lo que hacía, y también el sosiego que para mí se acerca mucho a cierta sabiduría, a un aspecto de él que tenía que ver con su visión de las cosas, también fue un hombre que hasta el final de su vida siguió cultivando ese ocio sagrado de la primera infancia”.

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Fabienne Bradu dice que Gonzalo Rojas sabía que ella quería escribir su biografía porque además durante muchos años lo visitó y compartió con él muchas conversaciones, y episodios de su vida, incluso visitó con él varias veces Lebu, su pueblo natal, al que Gonzalo Rojas siempre estuvo unido como con un cordón umbilical.

Ese compartir su vida le permitió conocerlo muy bien, incluso la investigadora dice que si tuviera que mostrar su admiración con él pondría en un mismo plano de igualdad su admiración por su obra y su admiración por su vida. “Yo sentía en él, más allá de todas las contradicciones que señalo a lo largo de la biografía, una vida muy acorde a sus creencias poéticas. Cosa que no es muy frecuente. Tenemos poetas que viven como burócratas y escriben los fines de semana sin una entrega, sin un compromiso por la poesía, contrario a cómo lo asumió Gonzalo Rojas, porque coincidamos o no con sus decisiones y actuaciones debemos de admitir que su vida estuvo regida siempre por la poesía, y esto me parece a mí admirable en este siglo de muchos farsantes que están presentes en el ambiente de la República de las Letras”.

El poeta de las vanguardias. Desde esa certeza de la fusión entre vida y obra, Fabienne Bradu comenzó a contar esta biografía del poeta y profesor chileno perteneciente a la llamada Generación del 38. Que es considerado uno de los exponentes más destacados de la poesía hispanoamericana del siglo XX y cuya obra se enmarca en la tradición continuadora de las vanguardias literarias latinoamericanas.

Gonzalo Rojas, quien fue galardonado con los premios Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 1992, el Premio Nacional de Literatura de Chile, también en 1992, y el Premio Cervantes en 2003, es revisado y revisitado por Fabienne Bradu en este libro publicado por el Fondo de Cultura Económica.

“Yo pretendí hacer lo cual me parece más interesante que un simple cotejo entre experiencia y obra, es decir, no quería señalar ‘vivió esto y escribió tal poema a raíz de tal experiencia’, lo que a mí me interesaba mostrar es que toda su obra parte de su vida. Por supuesto se siente en su vida pero yo quisiera que el lector viera que hay un pasado que es propio, misterioso y pertenece a la alquimia entre la experiencia y la poesía, es decir, el lector sabe ahora —gracias a lo que quisiera que viera— que escribir poesía a partir de la vida no es nada más narrar la vida, sino que es casi destilar la experiencia para que desemboque en poesía”.

Bradu, dice que en ese sentido una biografía tiene relación con la obra si se hace una ecuación directa de traducción inmediata de un ámbito a otro.

Investigada durante varios años, documentada la vida de Gonzalo Rojas desde hace muchos años, y redactada durante dos años, a toda prisa para que la biografía pudiera salir en el marco del centenario, la investigadora hace el balance de lo hecho y lo escrito. Dice que lo más difícil fue contar las partes en que ella lo acompañó, es decir los momentos donde tenía que relatar algunas de las cosas o episodios que a ella le tocó atestiguar.

“Eso me resultó difícil, decir cómo me pongo yo allí, no me gustan a mí los biógrafos que intervienen a lo largo del libro. Lo que hice fue revisar el caso de Christopher Domínguez Michael en su biografía de Octavio Paz y miré cómo había resuelto el problema porque también estuvo muy cerca de Paz. Cuando él tuvo que intervenir en el texto porque fue testigo o protagonista de un episodio, lo que hizo fue contarlo de una manera bastante natural . Yo traté de hacer lo mismo con cierta discreción, cuando no venía al caso no precisé que allí yo estaba acompañándolo. Esa parte del lugar del biógrafo y de la cercanía que tiene con el personaje sí se me dificultó”, señala Bradu.

La autora que también ha escrito sobre Antonin Artaud, André Breton y Benjamin Péret, dice que Gonzálo Rojas decía esa famosa frase: “¿quién no cumple cien años?”. Pues él los ha cumplido y Bradu espera que por esa razón ahora sea más leído.

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