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Están en el fondo del océano, a unos 2 mil 600 metros de profundidad, y son cerca de 3 mil. Los volcanes submarinos dan vida a cientos de especies y su actividad en las profundidades es igual a la que tiene en los altos picos montañosos.
Es difícil de imaginar, pero bajo el agua hacen que se deslicen torrentes de lava que esperan para salir a flote en una lucha constante con el mar. Nacen donde hay grietas, fracturas o fallas geológicas que separan las placas tectónicas.
Es decir, en zonas muy débiles de la corteza del planeta por donde fluye la roca fundida que trata de ascender para llegar a la superficie.
A medida que expulsan lava forman nuevas áreas de fondo marino, que comprenden alrededor del 80% de la corteza del planeta. Sin embargo, su actividad se divide constantemente entre la construcción y la destrucción.
Natalia Pardo, vulcanóloga del Servicio Geológico Colombiano y profesora de la Universidad Nacional, explica que “las erupciones de estos volcanes pueden ser tan catastróficas que destruyen toda la población marina que los rodea. Pero después de esto, la zona empieza a ser colonizada rápidamente por nuevas especies, y los gases volcánicos liberan nutrientes que favorecen el origen de bacterias y microorganismos que sobreviven en condiciones de temperatura extrema”.
Un grupo de investigadores financiados por National Geographic y Waitt Foundation, organización que trabaja para proteger la salud de los océanos, viajó a comienzos de julio a las Islas Salomón para estudiar el volcán submarino Kavachi, uno de los más activos en el suroeste del océano Pacífico. En este ecosistema, considerado inhóspito por la temperatura del agua y la acidez, encontraron enormes tiburones, rayas e incluso especies hasta ahora desconocidas.
Estos hallazgos muestran que los volcanes, además de aportar gases y metales que favorecen la composición química del agua, permiten la formación de grandes cadenas alimentarias y son el hábitat de nuevas especies.
Para sobrevivir, estos volcanes necesitan que la corteza de las placas tectónicas se desgarre para que siga naciendo nueva superficie marina. “Es como si la Tierra fuera un gran sistema de reciclaje –explica Pardo–. Por un lado sale material fundido que va formando nuevo fondo oceánico y por otro lado los volcanes tienen que destruirse y enterrarse de nuevo para que el planeta mantenga su forma y su volumen”.
Los volcanes submarinos existen de todas las formas y tamaños, y están por todo el mundo, desde Hawái a Islandia, Japón, Nueva Zelanda y la Antártida. Aunque muchos contienen un material basáltico que no tiende a ser explosivo, hay otros que cuentan con una actividad volcánica activa que permite la formación de montañas visibles sobre el agua.
kal
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