El Banco de México o Banco Central tiene por objetivo: “preservar el valor de la moneda nacional a lo largo del tiempo y, de esta forma, contribuir a mejorar el bienestar económico de los mexicanos.” El Banco a través de la política monetaria establece la cantidad de billetes y monedas en circulación además de fijar la tasa de interés de referencia, opera de manera autónoma, lo que le impide prestarle dinero al gobierno y él mismo determina sus políticas e instrumentos para entre ellas mantener la estabilidad de precios. En abril de 1994 empezó a trabajar de manera autónoma.

La política monetaria del Banco Central es regida por principios neoliberales que suponen a la inflación como un fenómeno monetario que es posible controlar a través de regular la creación del dinero y la tasa de interés. En su enfoque, el dinero juega un papel neutral frente al aumento de la inversión y el empleo. Es decir, si el gobierno pretendiera hacer crecer la inversión aumentando la cantidad de dinero más allá de lo estrictamente necesario para realizar las operaciones corrientes de intercambio lo único que conseguiría es aumentar los precios, ello debido a que el país no dispone infinitamente de capital, mano de obra, tierra u otros factores de producción. Estos últimos no pueden aumentar a la misma velocidad con que aumenta la emisión de dinero. Entonces, si el gobierno intentara forzar el crecimiento inyectando más dinero del necesario en la economía, chocaría con la relativa escasez de alguno de los factores de producción como pudiera ser el ahorro como es el caso mexicano; provocando que la inversión no suba por más que aumente el dinero. La inversión externa se supone necesaria para completar la falta de ahorro interno. En suma, aumentar la cantidad de dinero no puede elevar el ahorro o la disposición de capital u otro factor de producción, pero en cambio, el público tendría más dinero en sus manos lo que provocaría automáticamente mayores precios.

Esta interpretación no es la única y mucho menos la más aceptada como la mejor para combatir la inflación. Un camino alternativo sería aumentar la producción. En los últimos años, el menor aumento de precios ocurrió cuando el país tuvo mayores aumentos de la producción y de salarios, en cambio cuando hubo mayor estancamiento, los precios subieron mucho más.

Por otro lado, el Banco de México no dice nada o no reconoce los efectos negativos que su política monetaria arroja sobre el crecimiento y las finanzas públicas. No reconoce que debido a su autonomía el gasto estatal que no es cubierto con ingresos fiscales es pagado con deuda privada. La autonomía del Banco Central obliga al gobierno a contratar deuda provocando con ello efectos perversos no sólo sobre las finanzas públicas sino sobre el crecimiento y la inflación. Por ejemplo, si el gobierno construye una carretera con emisión monetaria, entonces el Banco de México dice que ello causa inflación, pero en cambio aplaude si el gobierno acude a un crédito privado para financiar la carretera, aportando al mercado exactamente la misma cantidad de dinero que haría con la emisión monetaria. En el primer caso, el del financiamiento con emisión monetaria, el gobierno no está obligado a reembolsar el financiamiento y mucho menos a pagar intereses por ello; en el segundo caso, el Estado se obliga a pagar el crédito otorgado más los respectivos intereses. El dinero es exactamente el mismo, nada más que en el primer caso se considera un pecado capital que provoca inflación, en cambio sí exactamente el mismo dinero proviene del crédito privado, entonces no pasa nada. Si el déficit público se paga con créditos privados desaparece el discurso negativo del efecto nocivo de aumentar la cantidad de dinero, aunque ello compromete los ingresos fiscales del gobierno para pagar los intereses y la deuda contratada. Los bancos al otorgar crédito elevan el poder de compra de la sociedad lo que es equivalente a emitir dinero, pero esto no es mal visto. En suma, el objetivo de combatir la inflación y por ello la autonomía del Banco de México es una justificación para convertir en negocio privado los servicios públicos que no se pueden pagar con los ingresos fiscales. De manera adicional, el gobierno queda impedido para elevar su gasto a pesar del aumento de los impuestos porque cada vez mayor parte de los ingresos fiscales deben ser destinados al pago de la deuda pública.

Recuperar el Banco de México como fuente de financiamiento le permitiría al gobierno no solo dejar de contratar deuda para pagar su déficit fiscal, sino a su vez tendría mayor margen de maniobra para impulsar el crecimiento y atender las necesidades sociales tal y como ocurrió antes de 1982. No es verdad que la inversión no puede aumentar al incrementarse la cantidad de dinero. La inversión aumenta al haber perspectivas favorables de ganancias y para ello es fundamental aumentar el poder de compra del mercado. Gracias al financiamiento del Banco de México el país pudo crear una base muy amplia de servicios de educación, salud, una enorme infraestructura productiva, en comunicaciones y transporte, gracias a ello el país se industrializó y se desarrolló en términos sociales. En el momento actual estos servicios e instituciones son obsoletos en su mayor parte y están completamente rebasados por las necesidades del país. El neoliberalismo no es capaz siquiera de mantener a las instituciones públicas en su más incipiente y mínimo funcionamiento. Empresas como PEMEX, la CFE o el congestionamiento del Metro de la Ciudad de México son claros ejemplos de la necesidad urgente de elevar la inversión pública en obras como éstas sin elevar por ello la deuda del Estado.

La política neoliberal contra la inflación ha fracasado, no la ha logrado eliminar y más bien la ha convertido en un fenómeno crónico al igual que las devaluaciones. Es irónico que hoy en día el país además de tener elevada inflación y devaluaciones frecuentes, tiene la deuda más alta de su historia.

Tanto el gasto público como el cobro de impuestos en relación al ingreso son más altos que en los años setenta de mayor inversión directa del gobierno, el monto de las reservas es el más elevado jamás acumulado, la inversión extranjera es igualmente la más alta en la historia del país, pero la economía se encuentra en sus niveles más bajos de crecimiento con una extendida informalidad como única forma de vida de más de la mitad de la población. Y todo ello como resultado de los 37 años de aplicar las políticas neoliberales.

El neoliberalismo continuará rigiendo mientras no se elimine la autonomía del Banco de México y hasta que no se aplique una política monetaria que no busque el equilibrio o la supuesta estabilidad de precios que hasta el momento sólo ha provocado mayores precios y beneficiado al sector financiero dejando al país en un agudo estancamiento económico.

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