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El avión y la tortuga

02/08/2018
00:02
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El vuelo a Acandí desde Medellín es bastante corto. 45 minutos en el aire para llegar a esta cabecera municipal en el Departamento del Chocó en Colombia, casi en la frontera con Panamá. 

Aún desde el aire, casi por aterrizar se distingue una avioneta que alguna vez, hace más de doce años se utilizó para transportar droga de uno de los grupos de narcotráfico que operaron en esta zona. Lo que queda de la avioneta es más bien un cascarón, en su tiempo la incendiaron y hoy sus restos son un tétrico recordatorio de la violencia que los chocoanos (los oriundos de esta zona) tuvieron que vivir por muchos años. 

La guerrilla destruyó los sueños de los locales. Acandí fue por mucho tiempo una zona de paso rumbo a Panamá para transportar armas, droga y personas. Hoy sigue siendo paso de tráfico ilegal aunque las cosas han comenzado ha cambiar. 

Su bosque tropical es el lugar perfecto para pasar sin ser detectado, durante siete horas pude caminar, vivir y sufrir la odisea de quienes hace años fueron secuestrados por la guerrilla y obligados a transitar por aquí, sin apenas agua, con un calor húmedo que cierra las vías respiratorias y andando a veces casi a rastras, el encuentro con los bosques y selvas colombianos lo deja a uno marcado. Yo tuve ayuda cuando me cansé, ellos seguramente no en los a veces cientos de días que pasaron bajo estos inmensos árboles. 

Las comunidades del Chocó no sólo vivieron el paso de los grupos armados como meros espectadores, sus habitantes fueron víctimas de primera mano de los secuestros y del reclutamiento y desaparición de sus niños y jóvenes que fueron a parar a las filas de las FARC o del ELN o bien de su mutilación producto de un encuentro desafortunado con una mina antipersona. Niños incluso tan pequeños como tres años fueron mutilados por una mina. 

Hoy Acandí busca posicionarse hoy como un destino turístico para la observación de tortugas marinas. En este punto, el Consejo Comunitario de Comunidades Negras de la Cuenca del Río Tolo y Zona Costera Sur (COCOMASUR de quien les contaré en la siguiente entrega) es un gran ejemplo de lo que se puede lograr si una comunidad se propone un cambio de gran calado. 

Turistas de diversos orígenes llegan a esta cabecera municipal buscando poder observar a las pequeñas tortugas Caná o Carey abandonar el cascarón y el nido y llegar al mar. Una experiencia única en un lugar irrepetible. Hoy, los habitantes de esta zona están apostando por un cambio, porque hablar de Acandí, hablar de Colombia deje de ser sinónimo de conflicto, de violencia, de narco. Hoy muchos colombianos desean hablar de paz. 

El aeropuerto de Acandí es bastante pequeño, apenas lo suficiente para recibir a los pasajeros de un avión de unos 30 pasajeros, aunque la media son avionetas de 10 a 15 personas, sin embargo, aún con su siniestro pasado, al llegar muestra un lado alegre. 

Una enorme tortuga colocada justo a la entrada del aeropuerto recibe a los visitantes casi sonriente. Resulta incluso curioso bajar del avión y ver a la avioneta incendiada posicionada frente a la tortuga, los símbolos del pasado que los chocoanos buscan dejar atrás y el futuro que están tratando de construir. 

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