El Titanic fue un barco que se convirtió en leyenda debido a su trágico destino. Su construcción inició en los astilleros Harland & Wolf en 1907 y el 10 de abril de 1912 partió hacia su viaje inaugural. En aquella época era la embarcación más grande del mundo y supuestamente una de las más seguras. Su interior fue construido como un hotel de gran lujo.

Bajo el mando del capitán Edward Smith, el lujoso trasatlántico zarpó del puerto de Southampton en su primer viaje hacia América con destino a Nueva York. Cuatro días más tarde, alrededor de la media noche se produjo la colisión con un iceberg que en poco tiempo hundiría al supuestamente insumergible barco.

Este acontecimiento ha sido materia de varias películas, sobresaliendo la de 1997 dirigida y escrita por James Cameron y protagonizada por Leonardo DiCaprio.

Metafóricamente hablando y llevando al Titanic a la política mexicana, llegamos con el Partido Revolucionario Institucional “PRI”. En efecto, en aquel tiempo era la embarcación más grande que dominaba los océanos de la política. Durante decenas de años fue conducido por diversos capitanes, algunos de ellos llegando a la cima del poder político como Plutarco Elías Calles.

Pero al igual que el navío, el PRI se encontró con un iceberg llamado Andrés Manuel López Obrador, el choque con este líder político hizo que el partido se fragmentara como en su época el Titanic y no en horas, pero sí en pocos años ha procedido a su hundimiento en el océano político.

La tripulación del PRI trata de salvarse a toda costa, de alcanzar un salvavidas o una lancha que los pueda rescatar del ahogamiento; algunos botes del partido político Morena se han acercado y han ofrecido diversas barcas para poder arropar a la tripulación que se está ahogando.

Otros tripulantes, que fueron los menos, lograron ponerse a salvo ganando la elección de su capitanía como pasó en Coahuila.

Como el Titanic, el PRI se va hundiendo cada día, parte de la tripulación se pudo salvar gracias a la guardia costera, sin embargo, el diagnóstico nos indica que tocará fondo y que costará mucho trabajo sacarlo de las aguas profundas.

Una prueba de lo anterior es que en las próximas elecciones presidenciales no figura ningún capitán del tricolor y, recientemente, con la designación de Santiago Taboada a la Ciudad de México, no figura un candidato de las filas del PRI.

Así es que por doquier vemos chalecos salvavidas que les han aventado para que su tripulación y algunos ocupantes se puedan salvar y arribar a otros botes de distintas corrientes políticas.

Triste historia la del emblemático buque llamado PRI, nada más falta que llegue un remolino y hunda a su capitán con todo y barco. La romántica historia del Titanic ya no existirá en dicho partido, pues sus pasajeros y tripulación saltan por doquier olvidando al navío que los cobijó durante años.

Si en los próximos meses el oleaje es como está pronosticado debido a los fuertes vientos, encontraremos en las casas de subasta algunas reliquias del emblemático PRI.

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