Desde hace tres años, Mérida es la sede de un encuentro literario singular, más allá de la Feria Internacional de la Lectura en Yucatán: el cuento es el pivote alrededor del que giran dos días de intensas lecturas donde se comparten además algunas reflexiones sobre el cuento, libros, estilos, miradas desde varias generaciones, localidades y experiencias distintas y la posibilidad de su lectura en las antologías virtuales. La propuesta del Encuentro Nacional de Cuento (ENAC-Mérida) es de Carlos Martín Briceño, escritor yucateco en cuya obra destacan cuentos premiados internacionalmente, volúmenes propios y antologías regionales. Con esta iniciativa que ha encontrado un eco en las instancias detrás del MeridaFest, que se realiza cada enero en la capital yucateca, ha declarado su devoción al género y la bondad del mismo para ser compartido de manera oral en un auditorio.

Si antes me daba envidia que los poetas pudieron leer sus versos en voz alta frente a un público capaz de absorberlos, el Encuentro de cuentistas nos permite a quienes amamos la narrativa breve compartir textos de viva voz ante un auditorio nutrido, como el que acude al Manuel Cepeda Peraza del Edificio Central de la Universidad de Yucatán, en el centro de Mérida, y sentir la compañía inmediata de los lectores escuchas. Pocas veces tenemos la oportunidad de que así sea y no sólo ponemos a prueba el propio en un escenario sino escuchamos los cuentos de los colegas que uno conoce y de los que uno descubre en esos privilegiados espacios.

Hay poca costumbre en nuestro país de que sea la lectura de obra propia la manera de divulgar el quehacer literario, se tiende al comentario, a la crítica o la conversación. Pero nada habla mejor de lo que hacemos los escritores, que nuestros textos. La propuesta de Carlos Martín Briceño, muy bien cobijada por el grupo Murmurante en la logística, me recuerda la experiencia del Word Fest en Calgary, donde la gente compra boletos para entrar a un teatro y escuchar a los autores leer, algunos compran libros y persiguen la firma del escritor. Carlos sabe que el cuento es una carta de presentación ideal para que los lectores descubran afinidades, provocación y deseo de leer a uno u otro autor según su temática o estilo. Conozco a otro Quijote del cuento en lengua inglesa que es confundador del London Short Story Festival: el escritor irlandés Paul McVeigh. Aplaudo este esfuerzo en el sureste de nuestro país y todo lo que por el cuento se haga como sucede en el marco de la FIL Guadalajara, bajo la curaduría de Alberto Chimal.

Con este Encuentro nacional de cuento y con sus propios libros (De la vasta piel, antología personal, Montezuma's Revenge y otros deleites, entre otros) Carlos Martín Briceño se suma a las voces de los autores yucatecos que han puesto en el mapa universal sus textos breves, ya clásicos, como Juan García Ponce, Agustín Monsreal, Beatriz Espejo, Hernán Lara Zavala, y trae a la memoria aquellos encuentros de Investigadores del Cuento Mexicano en Tlaxcala a cargo de Alfredo Pavón.

Compartir con los autores de la región (nacidos o avecinados) como Erika Millet, Verónica García, Verónica Rodríguez, Ileana Garma, Adrián Curiel Rivera, Manuel Calero, con su mirada y experiencia, como lo han hecho en otras ediciones Eduardo Antonio Parra, Ana García Bergua, Cecilia Eudave y en esta, Rosa Beltrán, Hiram Ruvalcaba, Marcial Fernández, Ana Clavel, Gabriel Rodríguez Liceaga, Laura Baeza y Ricardo Guerra produce un fértil intercambio que engorda una maleta llena de nuevos cuentos por leer y el deseo de seguir escribiendo cuento. Como pidió el público: la próxima vez, Carlos, te toca también leer. Muchos Encuentros más.

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